Todos, en mayor o menor medida, le tenemos miedo al cáncer. No es de extrañar, dado que la inmensa mayoría de los españoles conoce (o por desgracia, ha conocido) a alguien que lo haya padecido. Según un informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en España hubo 228.482 nuevos casos de cáncer en 2017. Por ponerlo en perspectiva, cada año, por cada 1.000 personas, 4,9 de ellas desarrollarán la enfermedad. Y no solo eso, según la SEOM, esta cifra no parará de aumentar y en el año 2035 estiman que habrá 315.413 nuevos casos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los más comunes en el año 2017 fueron, en primer lugar, el de mama; en segundo, el de próstata, y en tercero, el colorrectal. Este último es el que nos ocupa hoy. El principal problema de los tumores malignos en la parte final de nuestro tracto digestivo es que tienen la característica de ser difíciles de identificar hasta que ya es demasiado tarde, dado que sus síntomas son muy sutiles. Es por esto que, según las recomendaciones de la American Cancer Society (ACS) -una de las instituciones más importantes del mundo en lo que a tumores malignos respecta-, "aquellas personas que tienen un riesgo promedio de padecer cáncer colorrectal deberán comenzar las pruebas de detección periódicas a la edad de 45 años". Pero ¿qué es el riesgo promedio? Según la ACS, aquellas personas que no cumplen alguno de los siguientes requisitos:

  • Antecedentes personales de cáncer colorrectal o de pólipos.
  • Antecedentes familiares de cáncer colorrectal.
  • Antecedentes personales de enfermedad inflamatoria intestinal (como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa).
  • Síndrome de cáncer colorrectal hereditario.
  • Haber estado sometido a radiación abdominal.

"Esta reducción del número de células cancerosas de colon en sangre volvía a la normalidad a los 120 minutos "

Aquellas personas que sí cumpliesen alguna de estas características deberían ir al médico para programar sus revisiones con más cautela de lo habitual.

El estudio

Pero aquellos que, por desgracia, ya lo padezcan, pueden sentirse moderadamente motivados gracias a los nuevos descubrimientos que han llevado a cabo investigadores de la Universidad de Queensland en colaboración con la Universidad de Waterloo, en Ontario, Canadá. Los científicos James L. Devin, Michelle M. Hill, Marina Mourtzakis, Joe Quadrilatero, David G. Jenkins y Tina L. Skinner han relacionado la actividad física intermitente, en concreto los entrenamientos denominados High Intensity Interval Training (HIIT), con una reducción de la velocidad a la que se reproducen los cánceres colorrectales. Como los propios investigadores afirman en su estudio, "los efectos agudos del ejercicio pueden constituir un importante mecanismo por el cual el esfuerzo físico influencie la evolución de los cánceres colorrectales".

Pero no nos adelantemos. Lo primero es saber qué hicieron los investigadores. Reunieron un grupo de estudio de pacientes de cáncer de colon y les hicieron seguir un estricto plan de entrenamiento HIIT. En concreto, 12 sesiones durante un periodo de 4 semanas. Justo después de cada una de las sesiones de entrenamiento y también durante los periodos de descanso, se les sacó sangre para ser analizada con el objetivo de ver el crecimiento de las células cancerosas. Para su sorpresa, el ejercicio desencadenaba un proceso inflamatorio que (y no está nada claro por qué) luchaba contra el desarrollo del cáncer de colon. Eso sí, como se encargan de analizar en el propio trabajo científico: "Esta reducción del número de células cancerosas de colon en sangre era transitoria y volvía a la normalidad 120 minutos después de las sesiones de ejercicio HIIT".

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los resultados los puede explicar a la perfección el autor principal del estudio, James Devin, que lo publicó en 'The Journal of Physiology': "Hemos mostrado que el ejercicio juega un papel fundamental en inhibir el crecimiento de las células cancerosas del colon. Justo después de las sesiones de entrenamiento había incrementos de la inflamación, que se cree que tienen algo que ver con la reducción del número de dichas células 'malas".

¿Y cuáles son las consecuencias para nosotros? Aunque los propios investigadores reiteran que son solo resultados preliminares de un estudio piloto, también aseguran que "este estudio sugiere que un estilo de vida físicamente activo puede ser de gran relevancia en la lucha contra los cánceres colorrectales".

Aunque no está aquí todavía, el futuro del tratamiento de estos tumores ya se empieza a vislumbrar entre las probetas de los científicos más dedicados.