Desengañémonos: por muchas promesas y cantos de sirena que lleguen hasta nosotros, no existe una dieta mágica que pueda asegurarnos que vamos a conservar de por vida un pelo lustroso, brillante y lleno de vitalidad. Pero eso no quiere decir que la alimentación sea irrelevante, ya que lo que comemos, o más exactamente lo que no comemos, puede también influir en nuestra salud capilar. No solo eso: también nuestra dieta repercutirá en el estado de nuestra microbiota, y los últimos estudios sugieren que, en determinadas alopecias, las bacterias intestinales tienen mucho que decir.

Pero empecemos por la dieta, que es lo que, de momento, tenemos más a mano y podemos manejar con mayor facilidad. ¿Cómo debemos comer? ¿Son necesarios esos suplementos llenos de vitaminas y minerales que, nos aseguran, mantendrán nuestro pelo fuerte? “En nuestro medio, en el mundo occidental, es muy raro encontrar alteraciones nutricionales que tengan una repercusión en el cabello -explica el doctor Óscar Muñoz-Arrones, especialista de la Unidad de Tricología del Grupo de Dermatología Pedro Jaén-. Solo las vemos en pacientes con determinados trastornos, como la anorexia nerviosa o la bulimia, o en personas -habitualmente mujeres- que hacen dietas excesivamente hipocalóricas. Estas situaciones pueden alterar las características del pelo, dejándolo más ralo y quebradizo”.

Las dietas drásticas o trastornos como la anorexia pueden provocar que el pelo esté más ralo y quebradizo

Son los menos casos, asegura el experto, y por ello la utilidad de los suplementos “es más bien secundaria. No tienen tanto interés porque, habitualmente, consumimos las vitaminas necesarias mediante la alimentación: basta con seguir la dieta mediterránea”. Así pues, salvo que sea por una decisión propia -es decir, por una dieta muy restrictiva- o por un trastorno de la conducta alimentaria, “es muy difícil que tengamos carencias”.

No obstante, los especialistas en tricología sí tienen en cuenta el estado nutricional de quienes acuden a su consulta preocupados porque sienten que están perdiendo pelo. Pero, antes de seguir, aclaremos una cosa: por paradójico que nos parezca, la mayor parte de las alopecias no tienen caída de cabello. “Es un tema muy complejo que cuesta muchísimo hacer comprender a los pacientes -explica el doctor Muñoz-Arrones-. En la calvicie típica masculina no se cae el pelo, lo que ocurre es que se hace muy pequeño, muy finito, pero sigue ahí. No es un tema de caída, sino de miniaturización”.

Foto: iStock.
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Otra cuestión es cuando encontramos pelos en la almohada, el cepillo, la ducha… A esto se le llama ‘efluvio’ y es la causa más frecuente de consulta de la mujer. En esos casos sí puede haber algún tipo de problema nutricional, explica el experto, pero “antes de prescribir suplementos se trata de hacer una analítica para tratar de detectar realmente lo que está pasando. Nos interesa mirar el hierro, ya que su déficit es muy típico en mujeres en la menstruación; también nos importa ver el estado del tiroides: alteraciones como el hipo o el hipertiroidismo alteran el metabolismo e inducen caída del pelo. Y, en ocasiones, en pacientes con dietas muy estrictas, pido también algunos marcadores de proteínas para ver si están consumiendo poca carne, por ejemplo”.

A partir de los resultados de esos análisis es cuando se ve si tiene o no sentido hacer indicaciones nutricionales específicas. Pero, en líneas generales, debemos saber que, con una dieta normal, es muy raro que haya alteraciones que merezcan ser tratadas. En cuanto a la moda ‘veggie’, el experto señala que, habitualmente, las personas veganas son muy conscientes de las posibles carencias en nutrientes de ese tipo de alimentación: “Normalmente se suplementan con vitamina B12. Hay casos extremos en los que el paciente jura y perjura que se está suplementando, pero, aún así, se le sigue cayendo el pelo. Si pasa esto, miramos en los análisis cómo están las vitaminas; solo en caso de que haya un déficit real tiene sentido mandar un suplemento”.

Los suplementos solo son precisos cuando se confirma un déficit en vitaminas u otro nutriente

Esto sucede también en el caso de las uñas. Está claro que, dado que su composición es la queratina, todo aquello que beneficie al cabello será también bueno para las uñas, y viceversa. La cuestión es, nos dice el doctor, “que la evidencia científica que justifique una suplementación para hacer las uñas más fuertes o un pelo más vigoroso es todavía pequeña. Los resultados son contradictorios, por lo que uno no sabe muy bien si realmente tiene o no sentido prescribirla. El abordaje idóneo es detectar si hay una carencia y solo en ese caso suplementar. Si no la hay, mi recomendación es seguir una dieta mediterránea y comer de todo”. ¿Y hay algún alimento que pueda ser nocivo? “Yo solo me mojaría en el caso de alquien que tomara muchísima cantidad de alimentos que tuvieran metales pesados. Pero tiene que ser un paciente que haga una dieta extrema”.

El papel de la microbiota

Pero, como decíamos, también nuestra microbiota puede tener algo que decir en el caso de algunas alopecias. Son investigaciones que todavía están dando los primeros pasos, pero los estudios realizados hasta la fecha muestran que hay un vínculo entre la alopecia areata y determinados trastornos intestinales.

Una de las líneas de investigación se centra en la deficiencia de biotina, una vitamina (B7) que podemos encontrar en alimentos como los champiñones o la soja. Según un estudio, realizado en ratones y publicado en 'Cell Reports', una disbiosis intestinal provocada por antibióticos, sumada a la privación de biotina, induce alopecia. En este sentido, el doctor Kenneth Klingenberg Barford, de la Universidad de Oxford, explica que "la demostración de que las bacterias intestinales, junto con la dieta, influyen en la pérdida del cabello abre nuevas oportunidades para tratar la calvicie mediante la manipulación de la composición de nuestra microbiota”. Una opción puede ser, por ejemplo, diseñar un probiótico con el fin de alterar la composición de las bacterias intestinales e inhibir aquellas que consumen biotina e inducen la pérdida del cabello.

Los estudios muestran que hay un vínculo entre la alopecia areata y determinados trastornos intestinales

Otra línea de investigación aborda las posibilidades del trasplante de microbiota fecal en pacientes con alopecia. En un estudio, realizado en colaboración por universidades de Rhode Island y Chicago, se ha presentado el caso de dos pacientes con alopecia universal que mostraron una mejoría notable después de que se les hiciera un trasplante para tratar la bacteria Clostridium difficile. En otra reciente revisión, se ha evaluado el impacto de la permeabilidad intestinal como causa de la alopecia areata en personas genéticamente susceptibles. Su autora, Annika Borde, señala haber visto “un vínculo entre la alopecia areata y un sistema gastrointestinal disfuncional, que plantea la hipótesis de que una inflamación intestinal impulsa la desregulación de las células inmunitarias que conducen a la destrucción del folículo piloso”.

Foto: iStock
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En este sentido, el doctor Muñoz-Arrones explica que “en los últimos años estamos viendo cómo la microbiota parece estar influenciando muchas patologías que son inflamatorias o autoinmunes”. En el caso de la alopecia areata, muy frecuente, el pelo se cae por un ataque autoinmune: nuestro cuerpo se equivoca y ataca a los folículos, destruyéndolos. El doctor ha llevado a cabo un estudio en pacientes, que se publicará próximamente, y ha observado que, al parecer, “estas personas pueden tener en su intestino unas bacterias proinflamatorias. No es tanto que falten bacterias como que hay más cantidad de otras que favorecen la inflamación; no es una cuestión de cantidad, sino de calidad.

Claro, la pregunta surge de inmediato: ¿qué ha llevado a esta disbiosis? ¿Qué ha provocado la proliferación de este tipo de bacterias? “Eso es algo que aún tenemos que averiguar. Además, también sabemos que el estrés está relacionado con los brotes de este tipo de areata en personas predispuestas… Habrá que valorar también si este estrés es capaz de modular una respuesta inflamatoria”.