¿Cuánto cuesta una cama de hospital? La respuesta puede sorprender a más de uno: una auténtica barbaridad. De media, en Europa, un día en un hospital (sin sufrir una dolencia peligrosa o que comprometa nuestra vida y requiera tratamientos especiales) tiene un coste de 1.100€ al día. Que la gente esté mala es caro para la cartera del Estado, o lo que es lo mismo, para la nuestra. Ahora, un nuevo tratamiento de una enfermedad potencialmente mortal, la infección por la bacteria Clostridium difficile, podría ahorrarnos millones de euros. Eso sí, se trata de heces humanas.

Pero vamos por partes. Existe un gran dilema respecto al uso de recursos por parte de la sanidad pública. ¿Es más importante asegurar el máximo posible de posibilidades de supervivencia de un paciente o mantener la viabilidad económica? Para conseguir estos dos objetivos, la única opción posible es aumentar considerablemente los impuestos a la población, lo que lo convierte en un objetivo inviable (a no ser que quien gobierne desee su suicidio político con ansia). Por tanto, las instituciones médicas intentan mantener un equilibrio entre una atención adecuada y que esta no sea excesiva en ningún sentido. Es por esto que si nos torcemos un tobillo, no acabamos en la UCI.

Tratar a un paciente de C. difficile con antibióticos cuesta 56.400€ al año

Ahora bien, existe otro método que sí podría lograr todos los objetivos: implementar terapias científicas y probadas que resulten más efectivas que las que tenemos hoy en día y también más baratas. Puede parecer que tal cosa es prácticamente imposible de alcanzar, pero no es así. Ejemplo de esto son los trasplantes de materia fecal utilizados para tratar la infección por la bacteria C. difficile. Esta es una bacteria que se caracteriza por infectar nuestro tracto intestinal, provocando intensos dolores y diarrea. Según datos de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria, de cada 10.000 personas, la padecen cada año 12,2. Su mortandad, aunque es baja, sigue siendo más que relevante: 0,69 personas por cada millón de habitantes al año (y no ha parado de subir desde 1999), como apuntan los investigadores Francisco Nogareda, Pilar Soler y Alicia Llácer, del Centro Nacional de Epidemiología.

En Alimente ya explicamos los beneficios de este tratamiento para luchar contra la C. difficile, pero jamás mencionamos lo que supondría para las arcas públicas. No lo hicimos porque no existían estudios al respecto, hasta ahora. Los investigadores Emilie Dehlhom-Lambertsen, Bianca K. Hall y Simon Jørgensen, de la Universidad de Aalborg y del Hospital Universitario de Aarhus en Dinamarca, han llevado a cabo un trabajo científico observacional con los datos de los pacientes sometidos al tratamiento del trasplante fecal para luchar contra sus infecciones por C. difficile. A continuación, compararon estos datos con los pacientes de esta misma dolencia tratados única y exclusivamente con los antibióticos fidaxomicina y vancomicina.

Foto: iStock.
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Los investigadores sitúan el gasto que supone para la seguridad social de un paciente de C. difficile tratado con antibióticos en 56.400€ anuales, mientras que tratar a otro paciente con la misma enfermedad con un trasplante fecal supondría un gasto de 32.800€. Esto se debe a múltiples factores. El primero (y más importante) es que, de media, un paciente tratado con el trasplante fecal pasa en el hospital 20 días al año, mientras que otro con antibióticos pasa 37. Del mismo modo, aquellos que han desarrollado una infección resistente a los antibióticos pueden acabar en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde el coste medio, por día, de una cama se sitúa en los 4.700€. Esto supondría, por cada 50 pacientes de esta enfermedad, un ahorro de 1,1 millones de euros para las arcas públicas. Como explica Christian Lodbeg Hvas, consultor del Departamento de Hepatología y Gastroenterología del Hospital Universitario de Aarhus: "Los 23.600€ que ahorraríamos con cada paciente (al año) son calculados en base a los costes de hospitalización, antibióticos y trasplantes fecales. Aunque se trata de un valor muy elevado, sigue siendo un cálculo muy conservador dado que no se tienen en cuenta las bajas por enfermedad de aquellos pacientes con trabajo".

El avance científico en general y el médico en particular puede ahorrarnos una gran cantidad de dinero, incluso aunque no estemos enfermos.