La gastroenteritis es una enfermedad infecciosa del tracto gastrointestinal que se caracteriza por la inflamación del aparato digestivo, especialmente la zona del estómago y el intestino delgado. “En los países desarrollados, la mayoría de casos están producidos por virus que infectan las células que recubren el intestino delgado, donde se multiplican”, añaden desde el Institut Catalá de Salut. Los norovirus, los rotavirus y los astrovirus suelen ser los más frecuentes, aunque debe ser un profesional de la salud quien determine el auténtico origen de la gastroenteritis.

Este problema tan común suele aumentar el número de deposiciones diarias, las cuales lucen un aspecto más blando del habitual y pueden durar alrededor de 15 días, como máximo. Además, suele ir acompañado de otros síntomas que resultan muy incómodos y molestos para quienes los padecen como, por ejemplo, vómitos, náuseas, diarrea, fiebre, dolor de cabeza, pérdida de apetito o escalofríos, entre otros.

Por otro lado, todas estas características dependen exclusivamente del tipo de gastroenteritis al que nos enfrentemos y cuya tipología depende de su origen: virus, bacterias o parásitos. No obstante, la intoxicación alimentaria suele estar detrás de la mayoría de los casos: huevos poco hechos, carne cruda, frutas y verduras mal lavadas, marisco en mal estado… Bajo esta premisa, ¿cómo podemos hacer frente a la gastroenteritis?

Prevención ante todo

Foto: iStock.
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Una evaluación médica, el historial de contacto con alimentos del paciente o un análisis de las heces son algunos de los recursos a los que puede recurrir el médico para diagnosticar una gastroenteritis, cuya prevención suele ser el arma más eficaz. Además de las vacunas contra los virus que causan la enfermedad, que forman parte del plan de vacunación infantil recomendado por las autoridades sanitarias, la higiene es fundamental para mantenerlos a raya.

“Dado que la mayoría de las infecciones que causan gastroenteritis se transmiten por el contacto entre personas, especialmente por el contacto directo o indirecto con heces infectadas, un buen lavado de manos con agua y jabón después de cada deposición es el medio más efectivo de prevención”, explican en el Manual MSD de información médica. Una limpieza que también debe aplicarse a los alimentos, sobre todo antes de su consumo, así como a los complementos que forman parte de cualquier cocina, como los cubiertos, la vajilla o la tabla de cortar. Eso sí, si ya se ha contraído la enfermedad, son otras pautas las que debemos seguir a rajatabla.

Reposo alimenticio para tratar la gastroenteritis

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El objetivo del tratamiento es evitar la deshidratación, una de las principales complicaciones de la enfermedad. ¿Cómo? Reponiendo continuamente los líquidos perdidos a través de la diarrea y los vómitos. Lo normal es que la gastroenteritis desaparezca por completo y por sí sola en unos días, pero mientras tanto debemos seguir una dieta muy estricta, basada en los siguientes puntos:

  • Lo normal es incluir en la dieta líquidos ricos en sales y azúcar, como las bebidas isotónicas o los remedios caseros hechos a base de agua con limón o zumos de fruta con pulpa, por ejemplo. Estos deben ingerirse en pequeñas cantidades cada media hora, pues un abuso puede provocar los síntomas que queremos erradicar.

  • Además, no suele ser necesario ningún tipo de medicamento. Como mucho, analgésicos y antieméticos para aliviar el dolor, la fiebre o las náuseas. Aunque debe ser un médico quien los recete tras conocer nuestro cuadro clínico.

  • Los líquidos se pueden combinar con una dieta blanda una vez que los síntomas hayan remitido o, al menos, mejorado. El arroz blanco, la patata cocida, el pescado blanco hervido, la tortilla francesa o los plátanos maduros son algunos de los alimentos que están permitidos, es decir, aquellos que sean astringentes y no tengan fibra.

Para evitar la deshidratación, lo mejor es reponer los líquidos perdidos a través de la diarrea y los vómitos

  • Por el contrario, hay que evitar hasta nuevo aviso el chocolate, los productos de repostería, la fruta con piel, los cereales integrales o las verduras de hoja verde. Al igual que las bebidas carbonatadas, el té, la cafeína y los zumos de frutas envasados.

  • “De forma natural, en el cuerpo humano existen determinadas bacterias que estimulan el crecimiento de las llamadas bacterias buenas (probióticos). El uso de probióticos, como el Lactobacillus (típicamente presente en el yogur) puede acortar ligeramente la duración de la diarrea (tal vez por menos de 1 día)”, añaden en el Manual MSD.

  • Otro nutriente que puede ser de gran ayuda es la pectina, una fibra soluble con efecto astringente. Esta está presente en el membrillo, en las zanahorias, las uvas, el pepino, el salvado de avena y, en mayor medida, en las manzanas. Eso sí, no se suele recomendar más de 5 gramos diarios de pectina, pues a veces puede resultar muy complicado absorberla.

  • Los taninos tienen la capacidad de desinflamar la mucosa intestinal, una de las principales afectadas por la gastroenteritis, por lo que su consumo puede aliviar la diarrea. Podemos encontrarlos también en las manzanas, la granada, el membrillo, los arándanos, las nueces, el aceite de oliva y algunas hierbas o especias como el tomillo, la melisa, la canela o el eucalipto, entre otros.