Pancreatitis: cuando el órgano se hace caníbal y se digiere a sí mismo
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Pancreatitis: cuando el órgano se hace caníbal y se digiere a sí mismo

Tras los esperanzadores avances de Mariano Barbacid contra el cáncer de páncreas, abordamos hoy la otra gran enfermedad de una glándula esencial para la digestión y el control del azúcar

placeholder Foto: La pancreatitis y el cáncer, sus dos grandes amenazas. (iStock)
La pancreatitis y el cáncer, sus dos grandes amenazas. (iStock)

Del páncreas se habla poco. En nuestra vida cotidiana solemos referirnos al hígado, a la vesícula y, por supuesto, a todos los órganos del aparato digestivo, pero rara vez al páncreas. Y, cuando lo hacemos, suele ser en un contexto de fatalidad, el del cáncer, que arroja cifras y pronósticos muy oscuros: tan solo el 5% de los enfermos de cáncer de páncreas sobreviven cinco años después del diagnóstico. Por eso, el anuncio de Mariano Barbacid -uno de los grandes en investigación oncológica- confirmando que había logrado eliminar este tumor en ratones, ha despertado una oleada de esperanza… eso sí, cautelosa.

“Me preocupa mucho dar falsas esperanzas -insiste una y otra vez Barbacid-. Tiene que quedar muy claro que no va a servir para las personas que en estos momentos tienen cáncer de páncreas”. Es lógico: su investigación, desarrollada en el seno del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y publicada en la revista Cancer Cell, se ha llevado a cabo en ratones, a los que mediante una complejísima modificación genética se les ha inducido el cáncer para, posteriormente, eliminarlo.

Barbacid ha eliminado el cáncer de páncreas en ratones; ahora falta ver si se puede hacer en humanos

Hecho lo difícil, queda el más difícil todavía, el doble salto mortal: “Conseguir reproducir en los pacientes los mismos resultados que Mariano Barbacid obtiene en sus ratones”, explica Alfredo Carrato, jefe del Servicio de Oncología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Si todo saliera bien, si los sucesivos pasos que se darán en adelante van demostrando la posible utilidad de esta estrategia en humanos, tal vez “en cinco o diez años”, aseguran los investigadores, podríamos empezar a ver resultados en personas enfermas de cáncer.

“Hay que ser muy cautos”, corrobora el doctor José Carlos Subtil Iñigo, especialista en Digestivo y Endoscopia Digestiva de la Clínica Universidad de Navarra. “Por desgracia, a menudo vemos trabajos que funcionan en ratones, pero que después, por muchísimos factores involucrados, no se pueden extrapolar a humanos”. El doctor Subtil es especialista en páncreas, y aprovechamos la percha que nos tiende el descubrimiento de Barbacid para pedirle que nos ayude a comprender la otra gran enfermedad que afecta a este órgano: la pancreatitis.

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Foto: iStock.

Para entender esta enfermedad, lo primero que necesitamos es entender para qué sirve el páncreas. Es fácil que sepamos que es la fábrica de la insulina y el glucagón (y que, por tanto, juega un papel esencial en el desarrollo de la diabetes). Pero el páncreas tiene otra función importantísima: produce enzimas digestivas -tripsina, amilasa, lipasa…-, que nos sirven para hacer la digestión de azúcares, grasas y proteínas.

Su misión es digerir, y lo hacen tan bien que el páncreas las fabrica y las vierte en el duodeno, pero inactivadas; de no ser así, si estuvieran activas en su interior, el páncreas se digeriría a sí mismo. El doctor Subtil asemeja estas enzimas a “pequeñas granadas con la espoleta puesta. Cuando llegan al duodeno, se encuentran con otras enzimas que les quitan la espoleta para que estallen y digieran los alimentos”.

El páncreas produce enzimas que deben activarse en el intestino; de lo contrario, se digiere a sí mismo

El problema surge cuando, por razones que aún no se conocen con claridad, ese sistema de seguridad falla y las enzimas se activan dentro del páncreas. “No conocemos los mecanismos intracelulares por los que sucede esto. Vemos que, en idénticas circunstancias, hay personas en las que se produce esta activación y otras en las que no. Puede haber predisposición genética, anatómica, incluso bioquímica…”

Es posible que hayas oído casos de pancreatitis muy leves, que no dejaron secuela alguna, pero también de otras con consecuencias sumamente graves; también de pancreatitis que se resolvieron en pocos días y de otras que acompañan al paciente durante años. “La primera clasificación que tenemos que hacer es para distinguir entre la enfermedad aguda y la crítica. Son dos entidades que pueden tener un origen común y debutar de forma similar, pero que, como su propio nombre indica, evolucionan de forma diferente”. En líneas generales, mientras en la aguda lo habitual es que el páncreas se recupere y solo hay que ayudar a evitar posibles complicaciones, en la pancreatitis crónica la enfermedad evoluciona hacia la destrucción progresiva de la glándula.

Pancreatitis aguda

Comienza con un dolor súbito, una puñalada del esternón a la espalda que, a veces, se generaliza en todo el abdomen. Un dolor que se acentúa con el movimiento -por eso quien lo sufre tiende a acurrucarse- y que no suele prolongarse en el tiempo: 24-48 horas… en ocasiones hasta una semana. Dos son sus causas más frecuentes: piedras en la vesícula biliar, allí donde desemboca el páncreas, y excesivo consumo de alcohol. Pero también las hay de congénitas y de causa desconocida.

Al diagnóstico se llega por tres elementos, explica el doctor Subtil: “Los síntomas que el paciente refiere, en primer lugar; después, una elevación en sangre de enzimas pancreáticos (la lipasa y la amilasa deben tener doblados o triplicados sus valores, como mínimo), y cambios morfológicos en la glándula, que no siempre se ven”.

Estos cambios son muy importantes. Veamos: hay un tipo de pancreatitis aguda que no deja lesión visible en el órgano; en ella encontramos dolor y elevación de enzimas, pero la glándula está normal. Y hay otro tipo, necrotizante, “en la que hay estallido completo del páncreas, que puede digerir también órganos vecinos y producir insuficiencias respiratorias, cardiacas… “Entre un 10 y un 20% de estos pacientes pueden fallecer”.

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Por eso, ante una pancreatitis, resulta fundamental un seguimiento muy estrecho del paciente para ver cómo evoluciona: “A las 24-48 horas se les hace un escáner para poder ver el grado de destrucción del páncreas y predecir cuál va a ser el recorrido”.

En cuanto al tratamiento, se comienza con una analgesia para aliviar el dolor, y se hace una evaluación completa para decidir si el paciente pasa a UCI, a planta o, en el caso de pancreatitis muy leve, se le puede enviar a casa con estrecho seguimiento domiciliario. “Se suele colocar sonda nasogástrica para aspirar los posibles restos alimentarios, y a veces se les alimenta por una sonda situada más allá del duodeno. También es importante poner una vía endovenosa para facilitar una muy buena hidratación, con gran cantidad de sueros que lleven lactato”.

En general, lo esencial ante una pancreatitis aguda es controlar que no aparezcan complicaciones -y tratarlas en el caso de que surjan- y procurar evitar las causas: puede ser recomendable extirpar la vesícula biliar, por ejemplo, así como evitar el alcohol. “Y será necesario hacer controles periódicos, mediante ecoendoscopias, para ver cómo ha quedado el páncreas.

Pancreatitis crónica

En esta clase de pancreatitis, la enfermedad va evolucionando hasta llegar a destruir la glándula, que deja de funcionar. En los estadios iniciales suele “producir un dolor difícil de tratar, que requiere potentes analgésicos, incluso derivados de la morfina. También se puede hacer un bloqueo de los nervios del plexo celiaco, que recogen la sensibilidad del páncreas, para evitar que llegue la señal del dolor al cerebro”.

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Con el paso de los años, se llega a un páncreas ‘quemado’, que ya no duele, y surge una insuficiencia pancreática que provoca distintos síntomas. “Se va produciendo un deterioro progresivo del paciente, que no muere por la pancreatitis, sino por las complicaciones que provocan: por un lado, la diabetes; por otro, las malas digestiones debidas a la falta de enzimas digestivos que provocan una mala absorción de nutrientes”.

Desgraciadamente, poco puede hacerse para frenar la evolución. Se suelen dar enzimas digestivas por vía oral para evitar añadir trabajo al páncreas, así como fármacos antidiabéticos o insulinas para compensar la insuficiencia. “El trasplante es una posibilidad, pero su evolución no es tan buena como querríamos, no mejora tanto el pronóstico vital”.

Puesto que muchas de las complicaciones se deben a problemas en la absorción de nutrientes, es importante cuidar la alimentación: “Se recomienda una dieta baja en grasas y azúcares, y rica en proteínas y suplementos vitamínicos. Nos interesa enlentecer el tránsito para permitir que haya absorción de nutrientes no solo en cantidad, sino también en calidad: que no se absorban sustancias lesivas o que produzcan metabolitos tóxicos”.

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