En términos generales, la rinitis es un trastorno que provoca la inflamación de la mucosa nasal y que se manifiesta, sobre todo, a través de síntomas tan comunes como los estornudos, la congestión nasal, el picor en los ojos, la mucosidad o la falta de olfato, entre otros.

Como habréis podido intuir, en la mayoría de ocasiones resulta muy complicado diferenciar una rinitis de un resfriado común, por ejemplo, pues su sintomatología es muy parecida. Por ello, el médico encargado suele fijarse en otros aspectos como, por ejemplo, la fiebre, la duración de dichas molestias y la estacionalidad, pues en este caso el riesgo aumenta considerablemente en primavera y otoño.

Por otro lado, la rinitis puede ser alérgica y no alérgica. La primera, que suele ser pasajera, es una reacción inmunológica del organismo a la presencia de alérgenos, como el polen de las flores. En cuanto a la rinitis no alérgica, destacan a su vez tres tipos diferentes:

  • Rinitis atrófica. De origen desconocido, se produce por una atrofia de la mucosa nasal, que puede sufrir alteraciones en la permeabilidad o lucir más delgada y endurecida. Suelen aparecer costras en el interior de la nariz y desprende mal olor.
  • Rinitis hormonal. En este caso, la causa principal es una variación de los niveles plasmáticos de algunas hormonas, motivo por el que suele aparecer durante el embarazo al producirse un incremento de los niveles de estrógenos.
  • Rinitis vasomotora. La dilatación de los vasos sanguíneos de la membrana mucosa se encuentra detrás de dicha afección, que suele ir acompañada de un goteo nasal constante y estornudos. Son muchos los factores que puede provocar su aparición como, por ejemplo, el humo del tabaco, la humedad o los cambios de temperatura.

Diagnóstico y tratamiento de la rinitis

Debido a la gran variedad de síntomas que presenta este trastorno, lo normal es que el diagnóstico se base en las molestias que sufre el paciente. Aunque si estas alcanzan un grado de intensidad superior, sí puede ser necesario el cultivo de las secreciones nasales. En cambio, si se trata de rinitis alérgica, el médico responsable puede solicitar un análisis de sangre para medir los niveles de inmunoglobulina total y específica de determinados alérgenos.

Foto: iStock.
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“El diagnóstico de la rinitis alérgica se realiza mediante un test cutáneo muy sencillo: se aplican sobre la piel del brazo gotas que contienen una cantidad conocida del alérgeno al que podemos ser sensibles, esas gotas se atraviesan con una mínima lanceta hasta perforar la piel y se observa la reacción a los 15-20 minutos. El fundamento de esta técnica es reproducir en la piel la reacción que presentamos en otras partes del organismo”, explican más detalladamente desde la Clínica Universidad de Navarra.

La vitamina C, el zinc o la quercetina son algunos de los nutrientes que podemos incluir en la dieta

En cuanto al tratamiento, este pasa por evitar en la medida de lo posible los alérgenos que provocan la rinitis, siempre y cuando hayan sido identificados. Si esto no es viable, un profesional de la salud puede recomendar el consumo de corticoides y antihistamínicos para aliviar los síntomas. Con este mismo propósito, el paciente puede recurrir a otros métodos como lavar las fosas nasales con una solución salina o aumentar la humedad ambiental con un humidificador.

Como ocurre con otras afecciones similares, la prevención también suele ser una herramienta muy poderosa. Si hablamos de la rinitis alérgica, podemos mantener las puertas y las ventanas de casa cerradas en las horas de máxima polinización, utilizar gafas de sol, no secar la ropa al aire libre, evitar el uso de ventiladores u objetos que puedan almacenar polvo o aspirar la casa con frecuencia si tenemos mascotas, entre otras, según exponen organismos especializados como la Organización de Consumidores y Usuarios o el Servicio Madrileño de Salud. Pero ¿qué papel juega la alimentación en todo este asunto?

La rinitis y la alimentación

Además de las pautas expuestas anteriormente, la dieta puede ser de gran ayuda para aliviar la rinitis, sobre todo si es de carácter alérgico. Por ejemplo, la vitamina C siempre es una buena aliada en estos casos. Se trata de un antioxidante que disfruta también de propiedades antihistamínicas y fortalece la mucosa. El kiwi, el pimiento rojo, la guayaba, las fresas, el aguacate o las grosellas son algunos de los alimentos que pueden aportarnos dicho nutriente.

Foto: iStock.
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Asimismo, la vitamina B5 también puede compartir con nuestro organismo sus cualidades antiinflamatorias y antihistamínicas, presentes en ingredientes de consumo diario como las legumbres, las setas, el arroz integral o el huevo. En cuanto a los minerales más recomendados, destacan el magnesio y el azufre. Las algas, las pipas de calabaza, el salvado de trigo, el ajo y la cebolla son algunos de los productos que los incluyen en su composición.

Sin embargo, si hay dos compuestos que pueden mejorar la enfermedad son el zinc, que estimula la producción de defensas y fortalece el sistema inmunitario, y la quercetina, un flavonoide que puede proteger dicho sistema de reacciones alérgicas como las que suceden con la rinitis. La manzana, la pera, la calabaza, el apio, el té verde, las espinacas, la avena o el chocolate negro son algunos de los ingredientes que podemos incluir en la dieta con dicho propósito.