La mononucleosis, conocida también como la enfermedad del beso al propagarse a través de la saliva, es una infección vírica provocada por la presencia del virus de Epstein-Barr en el organismo. Aunque este no es el único microorganismo que puede estar detrás de dicha afección, algunos expertos señalan también al citomegalovirus, pero en menor medida. En términos generales, los adolescentes entre 15 y 17 años, así como los adultos jóvenes, son los grupos más sensibles a contraer mononucleosis.

Como acabamos de ver, lo normal es que se transmita por la saliva, un dato que abarca gestos tan cotidianos como un beso, compartir vasos o cubiertos, hablar muy cerca del rostro de otra persona o incluso estornudar. Afortunadamente, la mononucleosis no es tan contagiosa como otras dolencias de carácter infeccioso como, por ejemplo, el resfriado común. Bajo esta premisa, ¿qué sintomas acompañan a la enfermedad?

Signos propios de la mononucleosis

Esta afección tiene un periodo de incubación aproximado de 15 días, durante los cuales los síntomas permanecen en reposo. En cambio, cuando la mononucleosis hace por fin acto de presencia, el paciente suele experimentar molestias tan variadas como fiebre elevada, dolor en el abdomen, cefaleas, erupciones cutáneas, debilidad muscular o fatiga.

Foto: iStock.
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En el peor de los casos, también puede provocar un aumento del tamaño de los ganglios y de la frecuencia cardiaca, dificultad para respirar, hipersensibilidad a la luz, la inflamación del revestimiento interno de las amígdalas y la faringe, conocida como faringoamigdalitis; o incluso hepatitis, eso sí, totalmente benigna. “La fiebre normalmente empieza a ceder a los días de iniciarse la enfermedad, mientras que la inflamación de los ganglios linfáticos y el bazo remiten después de cuatro semanas. Sin embargo, la sensación de fatiga puede prolongarse hasta tres meses”, explican desde Sanitas.

Dicha sintomatología es precisamente la mejor herramienta para diagnosticar la mononucleosis infecciosa, además de las alteraciones que puede sufrir la sangre, como un incremento de los leucocitos o las transaminasas. No obstante, también se puede recurrir a estudios serológicos que demuestran la presencia de anticuerpos en el organismo y que ayudan a diferenciar esta afección de otras muy similares.

Métodos de prevención y tratamiento adecuados

En primer lugar, al tratarse de una enfermedad que se transmite por la saliva, si ya estáis infectados, lo mejor es que evitéis todos aquellos gestos expuestos anteriormente durante varios días o, al menos, hasta que los síntomas más complicados hayan desaparecido. Y es que el virus de Epstein-Barr puede permanecer en la saliva durante varios meses después de la infección, de ahí la importancia de ser precavidos.

La mononucleosis puede transmitirse por gestos tan cotidianos como un beso o un estornudo

Por otro lado, si estáis sanos y salvos y queréis evitar el contagio, debéis prestar especial atención a la higiene, sobre todo en lo que a las manos se refiere. Intentad lavarlas con agua y jabón con relativa frecuencia.

En cuanto al tratamiento para aliviar los síntomas y acelerar la recuperación, “los antivirales no suelen ser efectivos [...] Debe ingerirse mucho líquido para mantener la hidratación del organismo y guardar reposo, especialmente cuando el bazo está inflamado (para evitar su rotura). El paracetamol y los analgésicos permitirán combatir la fiebre y el dolor, respectivamente”, añade Sanitas. Eso sí, el consumo de dichos fármacos debe ser recetado por un médico que conozca a la perfección vuestro cuadro clínico y el estado de la enfermedad.

Alimentos para combatir los virus

Foto: iStock.
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Aunque, como acabamos de ver, debe ser un profesional de la salud quien nos aconseje los mejores métodos para paliar la enfermedad, la alimentación a veces puede actuar como un complemento del tratamiento principal. En este caso, es posible que en nuestra despensa tengamos algunos ingredientes capaces de hacernos 'inmunes' a los virus y las bacterias. ¿Cuáles pueden ser los más efectivos?

  • Jengibre. Esta raíz es el aliado perfecto de nuestras defensas y, por consiguiente, del sistema inmunitario que puede mantener a raya las infecciones. De hecho, sus infusiones suelen formar parte de la dieta recomendada cuando se padece un resfriado o faringitis, debido también a su efecto antibiótico y antibacteriano.
  • Kéfir. Los alimentos fermentados, entre los que destaca el kéfir, crean vitaminas y enzimas digestivas que al ingresar en nuestro organismo luchan contra la inflamación y facilitan la desintoxicación del mismo. Otros miembros de esta familia son el chucrut, el miso o el kombucha.
  • Canela. Además de ser rica en antioxidantes, la canela ayuda al sistema inmunológico a través de sus propiedades antifúngicas, antivirales y antibacteriales.
  • Ajo. Como ya hemos visto en más de una ocasión, el ajo es el antibiótico natural por excelencia, motivo de peso para incluirlo en nuestra dieta y así combatir las infecciones. Algunos expertos recomiendan incluso consumirlo crudo por las mañanas para asegurar sus efectos. Eso sí, con precaución.
  • Toronja. Al ser una fuente considerable de vitamina C, esta fruta cítrica sirve para hacer frente a las enfermedades virales y bacterianas. Sobre todo, aquellas provocadas por levaduras. Además, para multiplicar su eficacia, podemos combinarla con algunos de sus parientes como la naranja, el limón, el kiwi o la fresa.