Hay veces en las que lo mejor es enemigo de lo bueno. Y un ejemplo de ello puede ser esa mitificación de la higiene que, en su empeño por erradicar microbios, podría estar también actuando indiscriminadamente contra todo tipo de bacterias. También contra las buenas. Es una de las hipótesis que se están estudiando en torno al triclosán (TCS), el desinfectante más famoso… y más ubicuo: se estima que más de dos mil productos de consumo -entre los que podríamos citar jabones, pastas de dientes o colutorios- lo contienen. Lo contienen… o lo contenían, porque en los últimos años las marcas han ido progresivamente librándose de él.

¿Las razones? La avalancha de estudios científicos que cuestionan su seguridad y que asocian su uso a disfunciones tiroideas, resistencias bacterianas, alteraciones en la microbiota… Da igual que la gran mayoría de las investigaciones se hayan hecho en ratones y que se dude de si sus resultados podrían extrapolarse a humanos: la presión ha sido tal que pocas son las marcas a las que no les preocupa que su imagen pueda vincularse con este compuesto. Justamente lo contrario de lo que ocurría hace décadas, cuando la mención de 'Incluye triclosán' en el prospecto era una declaración de intenciones, una demostración de calidad.

Hace años se publicitaba que un producto tenía triclosán, hoy se oculta o directamente se suprime

El asunto, efectivamente, viene de muy antiguo. Allá por 1972, en las salas quirúrgicas de los hospitales comenzó a utilizarse un jabón especial sumamente eficaz para desinfectar las manos de los cirujanos y del resto de personal sanitario que entraban al quirófano. Su potencia como antibacteriano traspasó los límites del uso médico y se extendió a todo tipo de productos de consumo: dos décadas después, los hogares estadounidenses -y poco después los europeos- ya estaban llenos de triclosán. Llegó entonces la voz de alarma y “los científicos empezamos a intensificar nuestras investigaciones sobre sus riesgos potenciales para la salud”, explica la bioquímica Julie Gosse, de la Universidad de Maine.

Doctora Julie Gosse. (Universidad de Maine)
Doctora Julie Gosse. (Universidad de Maine)

Gosse lleva años estudiando los efectos del TCS en las mitocondrias, un componente celular, y explica sus hallazgos con este silogismo: “Sabemos que el triclosán daña a las mitocondrias, sabemos que la función de las mitocondrias es esencial para la reproducción, sabemos que el triclosán afecta a la reproducción”. Otros investigadores han estudiado el papel del compuesto como disruptor endocrino que afecta a las funciones tiroideas y también se ha valorado su papel en el desarrollo de resistencias bacterianas.

La mayoría de las investigaciones se han centrado en el uso tópico, pero recientemente se ha publicado un trabajo que ha puesto el foco en ver de qué manera la ingestión de TCS puede afectar a nuestra salud. ¿Ingestión? Sí: la derivada de utilizar pastas de dientes, sedas dentales y enjuagues bucales con esta sustancia. Un asunto que no es baladí, pues está fuera de toda duda la eficacia de triclosán para combatir la gingivitis.

El triclosán es muy efectivo contra la gingivitis, pero se ha cuestionado su uso en dentífricos y colutorios

En ese estudio, publicado en 'Science Translational Medicine', Guodong Zhang, profesor de Ciencias de la Alimentación en la Universidad de Massachusetts, ha relacionado “la exposición dietética a corto plazo al triclosán con la microbiota intestinal alterada, la inflamación del colon, el empeoramiento de la colitis y el cáncer de colon asociado a la colitis”. En concreto, se vio que reducía la diversidad y composición de las bacterias intestinales, algo que, como hemos visto numerosas veces, puede afectar negativamente a nuestra salud. [En realidad, todo tiene sentido. Hablamos de un antibacteriano, por lo tanto no puede extrañarnos que afecte también a la microbiota intestinal]

No obstante, hay que recordar que este estudio está realizado en ratones. Pese a que los investigadores aseguran que se les administró una solución que contenía triclosán en cantidades comparables a las que se absorberían cuando nos cepillamos los dientes, el estudio fue ampliamente contestado por el doctor Brian Slezak, experto en Toxicología de la empresa Colgate-Palmolive, cuya pasta dental Colgate Total lleva años en el punto de mira por contener triclosán. Slezak alega un “defecto clave” en la investigación, dado que “los ratones metabolizan el triclosán de manera muy diferente a los humanos”.

Una prohibición tras otra

La batalla de Colgate por demostrar la seguridad de su pasta de dientes -que ha sido 'absuelta' por una revisión Cochrane- es consecuencia de las sucesivas prohibiciones que han ido acompañando al triclosán. Veamos: en el año 2013, las autoridades sanitarias estadounidenses decidieron exigir a las empresas que demostraran que el triclosán era más efectivo que el jabón común. La idea era que, puesto que no se habían resuelto las dudas de su seguridad con respecto al uso diario a largo plazo, los fabricantes deberían proporcionar pruebas sobre sus ventajas de salud. Y las marcas, en general, empezaron a retirarlo de todos sus productos.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Así las cosas, en 2016 la FDA decidió prohibir el uso de triclosán en jabones antibacterianos, alegando que los fabricantes no habían demostrado ni su seguridad ni que ofrecieran una mejor protección que el jabón y el agua. Un año después lo prohibió también en antisépticos de venta libre. En 2017, más de 200 científicos y médicos firmaron la Declaración de Florencia sobre Triclosán, mostrando su preocupación por el impacto que puede tener en reproducción y desarrollo humano, alergias y asma, resistencias bacterianas y alteración de la microbiota.

Ese mismo año, la Unión Europea prohibió su uso en todos los biocidas de higiene humana, si bien continúa permitiéndose su empleo en pasta de dientes y enjuagues bucales. No obstante, y pese a que Colgate demostró en un sinfín de estudios que su pasta de dientes era segura, la presión de los consumidores ha podido más y, recientemente, la marca ha anunciado que, en su nueva formulación, excluiría el triclosán. Así, su nuevo ingrediente activo es la arginina y el zinc.

Pero las dudas sobre los efectos continúan: dado lo masivo de su uso, es inevitable que termine llegando a las alcantarillas. Así, ya se ha detectado en ríos. Se ha encontrado en el pescado, en las verduras. Sin pasta de dientes ni jabones antisépticos... pero seguimos tomando triclosán.