La fibromialgia es un trastorno caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado acompañado por fatiga y problemas de sueño, memoria y estado de ánimo. Muchas personas también sufren dolores de cabeza tensionales, trastornos de la articulación temporomandibular, síndrome de intestino irritable, ansiedad y depresión. Los investigadores creen que amplifica las sensaciones de dolor, al interferir en el modo en que el cerebro las procesa.

No existe una cura para la fibromialgia, pero varios medicamentos pueden ayudar a controlar los síntomas. El ejercicio, la relajación, una dieta adecuada y las medidas para reducir el estrés también pueden ayudar. En ocasiones, los síntomas comienzan después de traumatismos físicos, cirugías, infecciones o estrés psicológico significativo. En otros casos, los síntomas se acumulan gradualmente con el tiempo, sin que exista un suceso desencadenante.

Un grupo de expertos de la Universidad de Oviedo, en colaboración con otros expertos de la Universidad John Hopkins de Baltimore y del National Institute of Heath de Washington, han descrito las principales vías genéticas alteradas en pacientes que sufren fibromialgia. A falta de una confirmación clínica, estos resultados las conectan con el síndrome de la fatiga crónica.

"En enfermos con fibromialgia todos los genes están deprimidos, no funcionan", Dr. Fernández-Martínez

Juan Luis Fernández-Martínez, catedrático de la Universidad de Oviedo, explica las conclusiones que han alcanzado: “Lo que queríamos era buscar un método de diagnosis que fuese óptimo y generalizado de la fibromialgia porque el diagnóstico no es nada claro. A veces se confunde con otras enfermedades. De hecho, se le suele llamar ‘dolor invisible’ porque los pacientes de fibromialgia, cuando van al médico, suelen creer que tienen un síndrome imaginario. Y lejos de ahí, tienen una serie de vías genéticas alteradas que sirven para su diagnóstico y saber cuáles son las posibles causas”, comenta.

Foto: iStock.
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“Con los datos escasos que hay, la diferenciación entre mujeres que estaban diagnosticadas con el síndrome de fibromialgia y algunas mujeres sanas que no lo desarrollaron [el síndrome afecta más a las mujeres que a los hombres, según la estadística] está en una serie de genes. Lo que se llama la firma genética a pequeña escala son 57 genes, pero si miramos en una firma más amplia, que describiría las causas de la enfermedad, lo más llamativo es que en enfermos con fibromialgia todos los genes, y puedo hablar de 2.000 genes, están deprimidos. Es decir, no funcionan y tienen un nivel de expresión más bajo o más alto del que deberían”, explica Fernández-Martínez.

El catedrático asegura que estos genes sistemáticamente deprimidos se asocian a varias vías importantes. “Una es la del glutamato, que ya se había visto en estudios de fatiga crónica en enfermos tratados con radioterapia. De hecho, la fibromialgia se confunde a menudo con la fatiga crónica y también con la esclerosis múltiple”. Otras vías, según explica, podrían sugerir un origen vírico de la enfermedad: “Con lo cual, si sabemos aquellos genes y qué vías están afectadas, es posible diseñar medicamentos que restablecen la meostasis, el equilibrio. No es curar la causa -que, si se pudiese, también-, sino restablecer el funcionamiento adecuado del organismo. Si somos capaces de hacer eso, entonces podríamos paliar los síndromes y las dolencias de la fibromialgia”.

Dieta para cuidar el intestino

A la espera de que la medicina avance y logre una fórmula capaz de erradicar la enfermedad, hay que combatirla con las herramientas actuales. Una de ellas, muy importante, es la dieta para cuidar el intestino, como recalca la doctora María Victoria Martín, nutricionista de la Clínica Menorca: “El dolor tiene su origen en la hipermeabilidad del intestino, que se inflama porque deja pasar todo tipo de elementos. Por ello hay que mantener una dieta estricta y equilibrada. Lo normal es hacer cinco comidas al día: las tres clásicas más un refuerzo a media mañana y otro a media tarde. Lo primero es descartar aquellos alimentos perjudiciales, como son los cereales refinados, azúcares, bollería y, por supuesto, el alcohol. También hay que prescindir de los productos con gluten, por las harinas. Esto debe desembocar en una mejora del intestino y de los dolores estomacales, y por tanto en la disminución del cansancio”.

Foto: iStock.
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La doctora Martín recomienda introducir en la dieta alimentos que aporten triptófano, como nueces, dátiles, plátanos y calabaza. “Estos también frenan el dolor -comenta-. Las frutas frescas, como la manzana y la fresa, y la verdura fresca, brócoli, rúcula, espinaca y aguacate, siempre tienen que estar en la dieta elegida. No podemos olvidar los alimentos probióticos como el yogur, queso crudo y el kéfir, ni las legumbres frescas, que dan su aporte en fibra”, añade.

"Es preciso evitar la carne roja, los embutidos y el aceite vegetal", doctora Mª Victoria Martín


Las vitaminas son necesarias para aumentar los niveles de inmunidad y disminuir la inflamación: “Con los frutos secos y avellanas tomamos la vitamina E; con kiwis, arándanos, fresas, sandía y grosellas, la C; con zanahoria, tomate y todo lo que lleve concha como almejas, berberechos y chirlas, la A. También es importante tomar el sol y, de paso, vitamina D”, asevera. “También hay que tener cuidado con otro tipo de alimentos. Hay que evitar la carne roja, de cerdo, los embutidos y el aceite vegetal. Se pueden suplir con carne de pollo o pavo. Si hablamos de pescado, mejor el blanco que el azul. Y no hay que abusar de la ingesta de huevos. No podemos olvidar los suplementos omega 3, el ajo y la fibra”.

Esta completísima dieta tiene que ser combinada con una medicación específica, a base de antioxidantes, así como ciertos hábitos de vida: huir del estrés, control del sueño, establecer unos periodos de descanso…