Se trata de una enfermedad muy frecuente que afecta a más hombres que mujeres. Es más común, además, en los países desarrollados. En España, un 15% de la población la padece.

¿Qué es el reflujo gástrico?

El término reflujo gastroesofágico (RGE) hace referencia al paso del contenido del estómago hacia el esófago. En condiciones normales, el contenido gástrico o intestinal no pasa al esófago, ya que existe un esfínter que actúa como una válvula impidiendo el paso del alimento. Cuando esta barrera ‘falla’, el contenido gástrico pasa, irritando la mucosa y produciendo diferentes síntomas o complicaciones. Existen varias formas de RGE: como la enfermedad por reflujo erosivo (cuando se presenta con esofagitis), la enfermedad por reflujo no erosiva (no hay esofagitis y es la forma más frecuente de reflujo), el síndrome de Mallory-Weiss (la mucosa del esófago ha cambiado a causa de una esofagitis crónica) y otras manifestaciones extraesofágicas, que es cuando el RGE se produce fuera del esófago y puede afectar a las vías respiratorias causando tos crónica, laringitis o asma.

¿Cuáles son sus causas?

Entre las causas más comunes de la patología están el tabaquismo, el consumo frecuente de alcohol, de comidas picantes o con exceso en grasas, de café o chocolate. Padecer obesidad, sobrepreso, hacer comidas copiosas antes de acostarse y consumir fármacos como ibuprofeno, ciertos relajantes musculares, medicamentos para la presión arterial o el mareo, broncodilatadores para el asma, dopaminérgicos para el párkinson. Antidepresivos y sedantes también son motivo frecuente de reflujo, así como el embarazo.

¿Cuáles son los principales síntomas?

La acidez o la regurgitación, dolor de pecho o garganta, afonía, carraspera y dificultad respiratoria.

¿Cómo se diagnostica?

El médico basará su dictamen en la descripción de los síntomas por parte del paciente y su historia clínica. Además, podrá indicar otras pruebas clínicas ante la sospecha probable de su existencia, como la endoscopia o la medición de pH en el esófago (pHmetría), un test aceptado como el mejor método de detección. Asimismo, se puede recurrir a radiografías con la administración de bario opaco, pero solo una de cada tres personas con la patología tiene cambios que son visibles en la placa.

¿Cuál es el tratamiento?

Una de las primeras indicaciones para combatir el reflujo es la modificación del estilo de vida. Se recomienda bajar de peso y seguir una dieta sana y equilibrada libre de alcohol, tabaco, comidas especiadas y picantes. Además, realizar entre cuatro y cinco comidas de menor cantidad y no acostarse tras la ingesta de alimentos. El tratamiento farmacológico dirigido a inhibir la secreción ácida del estómago puede basarse en antagonistas de los receptores H2 (cimetidina, ranitidina, famotidina), y cuando los síntomas son más intensos o se acompañan de esofagitis se puede recomendar el uso de inhibidores de la bomba de protones, como omeprazol, pantoprazol, lansoprazol y rabeprazol. En los casos que no respondan a las terapias conservadoras se optará por la cirugía.

Pautas dietéticas

La dieta debe ser libre de alcohol, tabaco, café, picantes y grasas. Los cítricos tampoco son recomendables y se aconseja reducir el uso de ajo, cebolla, chocolate, bebidas con gas, alimentos ricos en almidón, azúcares, fritos, féculas, legumbres cuando se elaboran con embutidos, exceso de grasas y el vinagre. Son, en cambio, aconsejables todos los vegetales excepto el pimiento y el tomate, las grasas insaturadas, los lácteos bajos de grasa, los pescados blancos y, sobre todo, utilizar la plancha, el vapor o el horno como métodos culinarios para la preparación de los alimentos.