Si no estamos asustados, deberíamos. La resistencia bacteriana a los antibióticos es cada día mayor y los científicos tienen cada vez menos margen de maniobra para luchar contra estas enfermedades que pueden llegar a ser mortales. Se nos ha culpado mucho a los consumidores de ser los responsables de que las bacterias desarrollen estas capacidades de supervivencia, pero no le falta responsabilidad a la industria veterinaria que en el pasado ha llevado a cabo prácticas como mínimo peligrosas. Ahora, la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) han puesto el grito en cielo una vez más para hacer un llamamiento y evitar que multitud de enfermedades curables se conviertan en potencialmente mortales en los próximos años.

Pero vamos por partes. ¿Cómo es capaz un microorganismo unicelular de ser tan inteligente como para ganarle la partida a algunas de las mentes más brillantes de la comunidad científica? Todo es culpa de lo que Charles Darwin expuso en 'El origen de las especies', la selección natural. Tenemos que tener en cuenta que en cada infección que se produce en el mundo en un animal, incluido el ser humano, no son un par de bacterias las responsables, sino millones de ellas. Cada una tiene un código genético ligeramente diferente de la anterior. En ocasiones, esas variaciones aleatorias en el ADN contienen la información necesaria como para generar determinadas proteínas que actúan como un escudo impenetrable frente a los mortales antibióticos. Las bacterias que contienen esa información concreta sobreviven, las que no mueren. Así de simple. Por supuesto, las resistentes siguen infectando y reproduciéndose, y toda su prole, millones y millones de descendientes, adquieren esa capacidad resistente. Y si eso no fuera suficiente, las bacterias de la misma especie tienen la capacidad de compartir información genética las unas con las otras a través del intercambio de plásmidos (cadenas de ADN que no forman parte de un cromosoma), un proceso llamado 'transferencia horizontal'. Esto provoca que una bacteria adulta pueda compartir sus mutaciones protectoras con otras que no las tengan.

"Tasas bajas de resistencia significan miles de pacientes que no pueden defenderse de las infecciones"

Este efecto es directamente responsable de la resistencia antibiótica y es tremendamente rápido. Por poner un par de ejemplos proporcionados por los profesores de Química Biológica, Farmacología Molecular y Ciencias Biomédicas, Christopher T. Walch y Gerry Wright, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y de la McMaster University en Canadá: en 1953 se descubrió una serie de antibióticos llamados glucopéptidos (el más famoso es la vancomicina), se introdujeron en el mercado en 1958 y ya en 1960 había bacterias capaces de sobrevivir a sus efectos. El problema es que este es uno de los que más duraron siendo efectivos. Las tetraciclinas (como la doxiciclina) fueron descubiertas en el año 1944. Se introdujeron en el mercado en 1952, cuando ya existían cepas resistentes a ellas dos años atrás.

Foto: iStock.
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Ahora, en un informe conjunto de la EFSA y de el ECDC, las dos autoridades europeas más importantes en lo que a salud se refiere, se expresa una gran preocupación por dos infecciones específicas: la campilobacteriosis, producida por la bacteria Campylobacter y transmitida por las aves (o por su carne cruda), y la salmonelosis, producida por bacterias del género Salmonella. Esta última bacteria es principalmente transmitida por mamíferos de granja a través de su carne. Para tratar estas enfermedades se usa un tipo de antibióticos llamados fluoroquinolonas. Los más famosos son el ciprofloxacino y el levofloxacino. Los investigadores de las agencias comunitarias han descubierto que, en el caso de la Salmonella, el 28% de las infecciones tanto en humanos como en animales son resistentes a este antibiótico (y a muchos otros).

Lo que deberíamos hacer

Varios científicos de alto rango en las ya mencionadas organizaciones europeas han dado la vez de alarma. Según Mike Catchpole, jefe científico del ECDC: "Si queremos que los antibióticos funcionen en el futuro, ahora es el momento de que le demos la vuelta a la batalla contra la resistencia microbiana. Es especialmente preocupante que incluso pequeñas tasas de bacterias resistentes a múltiples antibióticos signifique que miles de pacientes a lo largo y ancho de la Unión Europea tengan opciones de tratamiento limitadas o nulas para enfermedades potencialmente mortales".

A su vez, la jefa científica de la EFSA, Marta Hugas, explica que "hemos visto que cuando los Estados miembro han implementado políticas en contra del uso irresponsable de antibióticos, las resistencias microbianas han disminuido. Múltiples informes de agencias tanto europeas como nacionales lo atestiguan. Esto debería servir como inspiración para otros países".