El consenso es absoluto: la leche materna es el mejor alimento posible para el recién nacido. Y, además, es irreproducible. En un mundo en el que todo se copia, se clona o se duplica, nos encontramos con que no hay posibilidad de ‘piratear’ la leche materna; su diseño, exclusivo para irse adaptando a los requerimientos del bebé, continúa encerrando un sinfín de secretos en su interior. Y a medida que se suceden las investigaciones, más asombrados nos quedamos ante su complejidad.

Los fabricantes de leche artificial -hace ya más de una década que en España no se puede hablar de ‘leche maternizada’- siguen bien atentos a cada uno de los descubrimientos; su idea es ir introduciendo en su fórmula cuantos compuestos se vayan descubriendo para intentar que cada vez se asemejen más al original, pero la tarea se antoja imposible. Entre otras cosas, porque la leche materna es un fluido vivo, que “proporciona componentes bioactivos que mejoran directa e indirectamente la función de barrera de la mucosa y dan forma al desarrollo inmune”.

"Tiene una proporción de nutrientes y defensas que es óptima en cada momento del desarrollo del bebé"

Este entrecomillado lo hemos entresacado de un artículo que en su día causó sensación. Se trata de un trabajo elaborado por un grupo de investigadores españoles en el que se trazó el mapa de la microbiota bacteriana en la leche materna y se identificaron más de 700 especies. “Es un fluido biológico asombroso que contiene una proporción de nutrientes y defensas que es óptima en cada momento del desarrollo del bebé -dice Alex Mira, director del laboratorio de Microbioma Humano en el Área Genómica y Salud de la Fundación FISABIO y uno de los autores del estudio-. Lo que era menos conocido es que también contenía bacterias”. Su función no termina de ser conocida. "Inicialmente pensábamos que eran una ayuda para hacer la digestión, pero cada vez estamos más convencidos de que ayudan al sistema inmune del bebé a desarrollarse, a distinguir lo que es propio de lo que es ajeno".

En su trabajo, los investigadores estudiaron el ADN en calostro, leche de transición y leche madura, y se vio cómo, igual que iba variando la proporción de proteínas y grasas, también la microbiota se iba modificando a medida que el bebé iba desarrollándose y teniendo otras necesidades. Así, por ejemplo, se vio que en las muestras de calostro predominaban las Weisella, Leuconostoc, Staphylococcus, Streptococcus y Loctococcus, mientras que más adelante cobraban protagonismo otras especies más propias de la cavidad oral: Veillonella, Leptotrichia, Prevotella.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los trabajos sobre la microbiota de la leche materna se fueron sucediendo y, lógicamente, las leches de fórmula se apresuraron a incorporar en su composición bacterias, probióticos. Pero un reciente estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis (EEUU) pone nuevos interrogantes sobre la mesa. Según Gautam Dantas, coautor del estudio, “los fabricantes han tenido mucho éxito en la obtención de la mezcla correcta de bacterias, pero el problema es que casi todos los estudios hasta la fecha han analizado la identidad de las bacterias, no su función. Y en nuestro trabajo hemos visto que, a pesar de que las bacterias de la leche materna y las de la leche de fórmula puedan tener el mismo aspecto, no están haciendo lo mismo”.

Así, por ejemplo, han visto que, en los primeros días tras el nacimiento, la leche materna es rica en proteínas y más adelante los niveles van disminuyendo; este descenso en aminoácidos se compensa con una curiosa estrategia: aumentan los niveles de bacterias equipadas con un software genético para sintetizar los aminoácidos precisos. Pero los bebés alimentados con leche de fórmula tienen bacterias capaces de sintetizar otro tipo diferente de aminoácidos.

"Las bacterias de la leche artificial se parecen a las de la materna, pero no tienen su mismo potencial genético"

“Su objetivo es equipararse a la leche materna, pero no lo están logrando -continúa Dantas-. Las bacterias de la leche artificial son similares, pero no tienen el potencial genético para hacer lo mismo que hacen las de la leche materna. Diferente no significa que sea malo, pero es diferente, y se trata de entender qué consecuencias podría tener para la salud”.

Por si no tuviéramos bastante con el hallazgo de más de 700 tipos de bacterias, también se han encontrado hongos en la leche materna. La investigación, publicada en 'Applied and Environmental Microbiology', también ha sido realizada por el equipo de Maria del Carmen Collado, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos del Consejo Nacional de Investigación en Valencia. “Nuestra investigación demuestra la presencia de levaduras y otros hongos en la leche materna en madres sanas, apoyando la hipótesis de que la leche materna es una fuente importante de microorganismos para el bebé en crecimiento”.

Probióticos más prebióticos

Otro de los aspectos más fascinantes de la leche materna es que no solo proporciona probióticos al recién nacido, sino también los alimentos que necesitan estas bacterias. “La leche materna contiene unos azúcares, llamados Human Milk Oligosaccharides (HMO), que son el alimento para las bacterias, su fibra fermentable -explica Xavi Cañellas, psiconeuroinmunólogo cofundador de Regenera y coautor del libro 'Niños sanos, adultos sanos' (Ed.Plataforma Actual). Y se han descrito más de un centenar de HMO diferentes que las leches de fórmula no pueden imitar”.

Por tanto, la leche materna nos da un simbiótico: un probiótico juntamente con un prebiótico. “Y este prebiótico tiene efectos antimicrobianos, de modulación de células epiteliales, inmunitarias, de desarrollo del neonato… Es lo que, hace años, se conocía como factor bífidus de la leche materna”.

Pero hay una cuestión de la que todavía no hemos hablado y que es realmente importante: ¿de dónde proceden las bacterias presentes en la leche materna? Si hasta no hace mucho tiempo se tenía asumido que su origen se debía a una contaminación entre la boca del bebé y la piel de la madre, las investigaciones de los últimos años nos han dejado la evidencia de que no se trata de una contaminación del exterior, ya que estas mismas bacterias las encontramos en la placenta, el líquido amniótico y la sangre del cordón umbilical; también vemos que están presentes en el meconio, la primera caca del recién nacido, así como en el calostro, la primera leche que sale de la glándula mamaria.

Sí, lo que come la madre repercute en la microbiota. (iStock)
Sí, lo que come la madre repercute en la microbiota. (iStock)

¿Y de dónde proceden? Pues sí, de la microbiota de la madre. El cómo son capaces de realizar ese viaje desde el intestino hasta la glándula mamaria -la translocación bacteriana- da para otro artículo, pero ahora solo mencionaremos las posibilidades que nos ofrece saber que mamá y bebé comparten la microbiota. “Sabemos que los alimentos y otros factores, como el estrés, alteran la microbiota. En consecuencia, lo que coma la madre, el estrés que sufra, los fármacos que tome… afectarán a la composición de la leche materna. Y no es un suponible: un estudio en el que se analizaron 20 muestras de leche materna halló en el 65% edulcorantes artificiales como sacarina o sucralosa”.

Y otro estudio del grupo de Collado, en la Universidad de Valencia, acerca de los factores que influyen en la composición y actividad del microbioma de la leche materna, revela que no solo influye la edad gestacional, el tipo de parto o el estado de salud: también la dieta y su estilo de vida juegan un papel. Con esto se rompe otro mito, expone Cañellas: "Todavía hoy hay expertos que defienden a capa y espada que lo que come mamá no afecta en nada a la composición de la leche materna. Hoy sabemos que lo que come la madre modula su microbiota, esta pasa a la leche y le llega al bebé