Cualquier persona con exceso de peso que haya pasado por varios tratamientos conoce perfectamente qué necesita para llegar a tener éxito en su objetivo. Es más, seguro que conoce a la perfección qué debería dejar de comer, qué debería incluir en su dieta, cuánto ejercicio físico debería introducir en su rutina diaria y cómo debería cambiar sus hábitos de vida para tener éxito en el intento.

Conocemos la teoría, sabemos qué nos conviene y qué debemos desterrar en nuestra vida para conseguir estar en un peso saludable e ideal. Entonces, ¿qué nos frena para conseguir esos objetivos? En casi todos los centros médicos especializados en ayudar a la gente con sobrepeso u obesidad se está empezando a contar con la ayuda de un profesional que no sabe de calorías como un nutricionista, ni de ejercicio físico como un entrenador personal, ni de metabolismo como un médico, pero que es un experto en conseguir cambios personales a largo plazo. Se trata del psicólogo.

La figura del psicólogo puede ayudarnos a cambiar hábitos no saludables de forma permanente

Lo que falla con más frecuencia en la lucha contra los kilos y su consecuencia en nuestra salud y nuestro aspecto es precisamente nuestra dificultad para cambiar hábitos de forma permanente. Es ahí donde la figura de un psicólogo puede ayudarnos a identificar tendencias internas de comportamiento. La preparación y el refuerzo que nos puede aportar un profesional de psicología a la hora de perder peso y eliminar este tipo de hábitos no saludables es fundamental.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

En los últimos años se están dedicando muchos recursos a estudiar nuestra relación emocional con la comida. Los avances en este campo de estudio están poniendo de relieve que muchos de nuestros hábitos poco saludables en la forma en que nos alimentamos están relacionados con que utilizamos la comida como un regulador emocional. Cuando enseñamos en consulta los beneficios de invertir esa forma de comer tan arraigada en nuestra sociedad conseguimos grandes cambios en nuestros pacientes. Ese trabajo es fundamental en la consecución de cambios de conducta que junto al de especialistas en alimentación y actividad física conforman el grupo de apoyo imprescindible en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad.

Nuevas formas de abordar la obesidad

El problema es serio y todos los esfuerzos son pocos. Para la Organización Mundial de la Salud estamos ante uno de los problemas de salud pública más preocupantes del siglo XXI, dada la mortalidad y las consecuencias médicas de la obesidad en términos de atención sanitaria. No es extraño que en este contexto de preocupación se busquen constantemente nuevas formas de abordar el problema de la obesidad desde ángulos que aporten luz en un horizonte cercano. El punto de vista psicológico en la lucha contra la obesidad es ya imparable a la hora de establecer rutinas saludables en cada individuo. Y uno de los puntos fuertes de la terapia es la capacidad para abordar el problema de forma global.

En las consultas de los psicólogos enseñamos a nuestro pacientes a identificar todos los factores que determinan su forma de relacionarse con la comida. Es muy importante analizar las vivencias familiares, donde se asientan muchas más rutinas de las que creemos para el resto de nuestras vidas. El entorno social e incluso laboral también nos aportan mucha y muy buena información a la hora de descubrir de dónde salen muchos comportamientos relacionados con la alimentación que son poco saludables.

El éxito es posible, el paciente es capaz y es quien tiene el control. Hay que establecer objetivos asequibles

Cuando conseguimos desactivar esas pequeñas trampas inconscientes que nos rodean habremos conseguido ganar una gran batalla. La terapia nos va a ayudar a manejar todos estos factores externos.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

La otra parte, incluso más importante, tiene que ver con los factores propios de cada persona, la relación personal de cada uno de nosotros con la comida. En este terreno los psicólogos establecemos con nuestros pacientes una hoja de ruta terapéutica personalizada. Identificar las fortalezas, las características de personalidad de cada individuo y sus necesidades hará que la propuesta esté ajustada a las capacidades de cada persona. Una de las primeras ideas que intento siempre trasladar a mis pacientes en esta fase de inicio del trabajo personal es restablecer su confianza. Siempre me tomo el tiempo necesario para que el paciente entienda que el éxito es posible, que él es capaz y que tiene el control. En esa fase es muy importante establecer objetivos a corto plazo asequibles que vayan generando seguridades donde antes solo había incertidumbres. Y también es muy importante acompañar al paciente en ese proceso de descubrimiento y cambio personal.

Cuando todo este trabajo desde la perspectiva psicológica se haga en paralelo con la aportación de los profesionales de la nutrición y de la actividad física, estaremos multiplicando las posibilidades de éxito.