No es ciencia ficción y aunque puede poner los pelos de punta, lo cierto es que es real y cada vez hay más pruebas de ello. La microbiota, la legión de microorganismos que habita nuestro intestino desde que llegamos al mundo hasta que lo abandonamos, también marca nuestro carácter y nuestro temperamento.

Durante la última década, las aberraciones en la composición de la flora intestinal y su diversidad disminuida han sido vinculadas a una amplia gama de patologías físicas, así como a enfermedades relacionadas con el cerebro. De hecho, un estudio publicado en 'Plos One' revela su influencia en enfermedades como el párkinson, el autismo o el síndrome de déficit de atención e hiperactividad.

"Aumentan las evidencias sobre cómo las bacterias del intestino se comunican con el cerebro"

De hecho, tal y como publica SINC, los millones de bacterias que están en el intestino son capaces de comunicarse con el cerebro. Influyen sobre el comportamiento social del individuo y sobre la elección de pareja. Pueden, además, modificar la memoria, el aprendizaje, el estado de ansiedad y el depresivo. También pueden determinar el reconocimiento del parentesco y el comportamiento reproductivo.

Ahora científicos del proyecto de investigación FinnBrain de la Universidad de Turku, Finlandia, han descubierto que los microbios intestinales de un bebé de dos meses y medio están asociados con los rasgos de temperamento manifestados posteriormente, cuando cumplen el medio año. El artículo ha sido publicado en la revista 'Brain, Behavior and Immunity'.

Los investigadores, liderados por Anna Aatsinki, recuerdan que el temperamento describe las diferencias individuales en la expresión y regulación de las emociones en los bebés, y el estudio proporciona nueva información sobre la asociación entre el comportamiento y los microbios.

Foto: iStock.
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Por primera vez

Estudios previos han revelado ya que la composición de la microbiota intestinal y su remodelación tienen que ver con el comportamiento. El nuevo estudio se llevó a cabo con 300 bebés con diferentes rasgos de temperamento. Los autores encontraron que este aspecto está relacionado con géneros de microbios individuales, diversidad microbiana y diferentes grupos de microorganismos.

"Fue interesante que, por ejemplo, el género Bifidobacterium, que incluye varias bacterias del ácido láctico, se asociara con emociones positivas más elevadas en los bebés. La emocionalidad positiva es la tendencia a experimentar y expresar felicidad y placer, y también puede ser un signo de una personalidad extrovertida más tarde en la vida ", ha declarado la autora.

Además, los científicos encontraron que una mayor diversidad en las bacterias intestinales está relacionada con una menor emocionalidad negativa y una reactividad de miedo. El estudio también consideró otros factores que afectan significativamente a la diversidad de la microbiota, como la vía de alumbramiento del bebé (vaginal o cesárea) y la lactancia materna.

Los hallazgos son interesantes, ya que una fuerte reacción de miedo y una emocionalidad negativa pueden relacionarse con el riesgo de depresión en el futuro. Sin embargo, la asociación del microbioma con la posibilidad de desarrollar enfermedades posteriores no es directa, porque en ello también influyen los factores ambientales.

Foto: iStock.
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"Aunque descubrimos conexiones entre la diversidad y los rasgos de temperamento, no es seguro si la pluralidad microbiana temprana afecta el riesgo de enfermedad más adelante en la vida. Tampoco está claro cuáles son los mecanismos exactos detrás de la asociación", agrega Aatsinki.

"Es por eso que necesitamos estudios de seguimiento, así como un examen más detallado de los metabolitos producidos por los microbios", añade.

Este ensayo confirma una asociación entre la variación normal en el comportamiento y la microbiota intestinal. Esto podría indicar que hay actividad en el eje intestinal-cerebral ya en la infancia, la relación funcional entre la flora intestinal y el sistema nervioso central a través de los sistemas nervioso, inmunológico y endocrino.