En los últimos años, pocas áreas de la investigación científica han dado tantos resultados como la microbiota. Este conjunto de bacterias mantiene una relación de simbiosis con nuestro organismo. Se dedica a realizar procesos metabólicos que nuestro cuerpo no puede llevar a cabo por sí mismo. Ejemplo de esto es la bilirrubina, producto de la destrucción celular de los glóbulos rojos viejos, que acaba en nuestro intestino para ser escretado, pero este órgano la reconoce como 'alimento' y la vuelve a absorber. Es necesaria la acción de determinadas bacterias para romperla en moléculas que no son reabsorbidas. Una microbiota sana la componen 39 billones de bacterias (de media). Según Javier Cuervo, director general del Instituto Español de Nutrición Especializada, "representa nada más y nada menos que dos kilos de nuestro peso total". Por lo general, quien tiene una flora bacteriana sana es una persona sana (al menos en los sentidos en los que este 'órgano' tiene influencia).

Ahora, un grupo de investigadores de la McGill University en Canadá, liderados por Amir Minerbi y Emmanuel Gonzalez, han descubierto una correlación de ciertos tipos de microbiota con una enfermedad de lo más incómoda: la fibromialgia.

"La fibromialgia y sus síntomas es lo que más contribuye a las variaciones detectables del microbioma"

Esta condición médica crónica se caracteriza por provocar un dolor musculoesquelético generalizado, padecer hipersensibilidad y no presentar ningún tipo de variaciones orgánicas. Dicho de otro modo: no se sabe qué la produce, es una enfermedad idiopática.

En la actualidad, los datos de la prevalencia varían sustancialmente. Se calcula que, a nivel global, la padecen entre un 2 y un 5% de la población. En nuestro país, en cambio, diferentes estudios proporcionan datos muy diferentes que varían entre el 0,7 y el 20% de la ciudadanía, pero el dato que ofrece la Sociedad Española de Reumatología (disciplina encargada de esta afección) es el 2,4%.

Lo peor es que, al ser de causa desconocida, no existe una cura, sino que se tratan los síntomas de forma individual. Pero los descubrimientos de los investigadores de la Universidad McGill pueden haber arrojado algo de luz sobre esta cuestión: una diferencia en la microbiota.

Para comprobar que existía una correlación justificada, el estudio disponía de un grupo de control de pacientes completamente sanos. Los científicos descubrieron que, en las personas que sufren fibromialgia, 20 especies diferentes de bacterias intestinales se encontraban en mayor o en menor cantidad que en las personas del grupo de control.

Foto: iStock.
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"Usamos multitud de técnicas, incluida la inteligencia artificial, para confirmar que los cambios que vimos en los microbiomas de los pacientes con fibromialgia no estaban causados por otros factores como la dieta, medicación, actividad física, edad...", explica el doctor Amir Minerbi, el autor principal del estudio. Y continúa: "Descubrimos que la fibromialgia y sus síntomas es lo que más contribuye a las variaciones detectables del microbioma de quien padece la enfermedad. Además, descubrimos que cómo de severos son los síntomas estaba directamente correlacionado con una presencia incrementada (o disminuida) de determinadas bacterias, algo que nunca se había descrito con anterioridad".

Y aquí entramos en terrenos pantanosos. Una de las principales claves para evaluar la veracidad de un hallazgo es comprender que 'la correlación no implica causalidad'. Que dos cosas estén relacionadas de alguna manera no significa que una provoque la otra. Es esto lo que se intenta evitar a toda costa con el método científico, en el que se propone una explicación a un fenómeno, se comprueba que se cumple incluso cambiando las variables y si no se mantiene, se reformula la teoría.

Algo así ocurre con este descubrimiento, ambos factores están relacionados de algún modo, pero hasta donde sabemos, cualquiera de estas explicaciones podría ser correcta: una microbiota determinada causa la fibromialgia; la fibromialgia nos hace comer de forma diferente y hace que se altere nuestra microbiota o, directamente, que un tercer factor (como una proteína determinada en sangre) afecta tanto a la fibromialgia como a nuestra microbiota. Sea como sea, este descubrimiento lo 'único' que hace es acercar un poquito más la cura de esta terrible y dolorosa enfermedad.