Es fácil, no cansa, no cuesta dinero y a cambio te lo da todo. Caminar entre 30 a 45 minutos todos los días solo aporta ventajas. La más conocida: la pérdida de peso. Se sabe que al andar a paso moderado entre 40 y 45 minutos, empezamos a quemar grasa a partir de los primeros 20 minutos de iniciar la caminata. Y no solo, realizar este ejercicio contribuye a la formación de la musculatura y al aumento del metabolismo.

Pero también es bueno para el corazón, para el estado de ánimo, para los huesos, para aumentar la potencia muscular y para luchar contra la diabetes tipo 2. Ahora investigadores de la Universidad de Harvard apuntan cinco beneficios más.

Foto: iStock.
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1. Contrarresta los efectos de los genes promotores de peso. Hasta la fecha, más de 400 genes diferentes han sido implicados en las causas del sobrepeso o la obesidad, aunque solo unos pocos parecen ser actores importantes. Los genes contribuyen a las causas de la obesidad de muchas maneras, al afectar el apetito, la saciedad, el metabolismo, los antojos de alimentos, la distribución de la grasa corporal y la tendencia a usar la alimentación como una forma de lidiar con el estrés. Investigadores de Harvard analizaron 32 genes que promueven la enfermedad en más de 12.000 personas para determinar cuánto contribuyen al peso corporal. Luego descubrieron que, entre los participantes del estudio que caminaban enérgicamente durante aproximadamente una hora al día, los efectos de esos genes se redujeron a la mitad.

2. Ayuda a frenar los antojos 'comestibles'. Un par de trabajos de la Universidad de Exeter descubrieron que una caminata de 15 minutos puede reducir los antojos de chocolate e incluso reducir la cantidad que se ingiere del mismo en situaciones de estrés. Y las últimas investigaciones confirman que caminar puede reducir los picoteos de bollería. Publicada en la revista 'Appetite', la investigación sugiere que los trabajadores que hacen descansos cortos para andar mantienen su mente alejada del picoteo. En el estudio, se invitó a 78 comedores regulares de chocolate a ingresar a un entorno de trabajo simulado, tras dos días de abstinencia de los refrigerios del mencionado dulce.

Se pidió a dos grupos que realizaran una caminata enérgica de 15 minutos en una caminadora y luego se les dio trabajo para completar en un escritorio. A un grupo se le asignó una tarea fácil y de bajo estrés, mientras que al otro se le pidió que completara un trabajo más exigente. Se pidió a otros dos grupos que descansaran antes de completar las mismas tareas que los dos primeros. Nuevamente, a la mitad se le asignó una tarea más fácil y al resto una más desafiante. El chocolate estaba disponible sobre la mesa para todos ellos mientras realizaban su trabajo.

"Sabemos que comer bocadillos o chocolate en el trabajo puede convertirse en un hábito sin sentido y puede llevar a un aumento de peso con el tiempo. A menudo sentimos que estos tentempiés nos dan un impulso de energía o nos ayudan a lidiar con el estrés de nuestros trabajos, incluido el aburrimiento. A las personas a menudo les resulta difícil reducir sus ‘antojos’, pero este estudio muestra que al caminar un poco pueden regular su consumo a la mitad”, ha declarado el investigador principal, el profesor Adrian Taylor, de Ciencias del Deporte y la Salud en la Universidad de Exeter.

“Se sabe que el ejercicio tiene beneficios significativos para el estado de ánimo y los niveles de energía y tiene potencial para manejar las adicciones", recalca. El profesor Taylor y su equipo ya habían demostrado previamente que el ejercicio puede reducir los antojos de chocolate, pero este es el primer estudio que muestra una reducción en su consumo.

3. Reduce el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Los investigadores ya saben que cualquier tipo de actividad física reduce el riesgo de cáncer de mama. Pero un estudio de la Sociedad Americana del Cáncer que se centró en los beneficios de caminar ha descubierto que las mujeres que caminaban siete o más horas a la semana tenían un riesgo 14% menor de sufrir cáncer de mama que las que caminaban tres horas o menos por semana. Y caminar proporcionó esta protección incluso para las mujeres con factores de riesgo de cáncer de mama, como tener sobrepeso o usar hormonas suplementarias.

4. Alivia el dolor articular. Varios estudios han encontrado que caminar reduce el dolor relacionado con la artritis y que caminar entre ocho y nueve kilómetros por semana puede incluso prevenir la enfermedad. Caminar protege las articulaciones, especialmente las rodillas y las caderas, que son más susceptibles a la osteoartritis, al lubricarlas y fortalecer los músculos que las sostienen. De hecho, como aclara la Clínica Mayo, “hacer ejercicio en forma regular puede mejorar la fuerza y flexibilidad de aquellos que sufren artritis reumatoide. Si los músculos están más fuertes, pueden brindar mayor apoyo a las articulaciones, mientras que la mejora en la flexibilidad puede ayudar al funcionamiento de las articulaciones".

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5. Aumenta la función inmune. Caminar puede ayudar a protegerlo durante la temporada de resfriados y gripe. Un estudio de más de 1.000 hombres y mujeres encontró que aquellos que caminaban al menos 20 minutos al día, durante 5 días a la semana, tenían 43% menos días de enfermedad que aquellos que hacían ejercicio una vez a la semana o menos. Y en el caso de contraer la enfermedad, fue por una duración más corta y sus síntomas fueron más leves.

De hecho, tal y como documenta David Nieman, de la Appalachian State University y pionero en estudios de ejercicio e inmunidad, en su artículo 'Ejercicio, infección e inmunidad: aplicaciones prácticas', “aunque las publicaciones sobre el tema de la inmunología del ejercicio datan de principios del siglo XX, no fue hasta la década de 1980 cuando un gran número de investigadores en todo el mundo comenzaron a dedicar sus esfuerzos a esta área de estudio.

El interés actual en la inmunología del ejercicio coincidió "con un breve artículo de revisión publicado en el 'Journal of American Medical Association' en 1984. En este informe, se instó a que "no había pruebas clínicas o experimentales claras de que el ejercicio altere la frecuencia o la gravedad de las infecciones". Sin embargo, insiste, en la última década, “una gran cantidad de investigaciones en todo el mundo ha aumentado considerablemente la comprensión de la relación entre el ejercicio, el sistema inmunológico y la protección del huésped”. Aunque se necesita mucha más investigación, existen suficientes datos de inmunología del ejercicio de alta calidad para brindarles a los atletas, reclutas militares y a la población en general pautas prácticas preliminares en las áreas de prescripción de ejercicio, infección respiratoria, envejecimiento y entrenamiento atlético.