De un tiempo a esta parte, casi todos parecemos enterados de que emplear fiambreras de plástico puede no ser lo más adecuado para nuestra salud, pues con el tiempo, especialmente al calentarlos en un microondas o con la simple introducción en el lavavajillas, estos recipientes podrían desprender tóxicos.

Sin embargo, el fabricante Tupperware, aunque es obvio que figura como parte interesada en esta cuestión, afirma respecto al bisfenol A que no es cierto todo lo que se dice de él: “Hoy en día, las informaciones difundidas sobre los materiales plásticos son a menudo contradictorias, incorrectas y mal entendidas, particularmente en lo concerniente a su seguridad. Algunos componentes son controvertidos como el bisfenol A (BPA), a menudo sin pruebas científicas tangibles de que pueda ser perjudicial para la salud”.

¿Cómo calentamos los alimentos en el trabajo?

También, en opinión de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), según expone en un artículo, estamos ante un bulo: “Aunque las sustancias liberadas son potencialmente cancerígenas, la transferencia a los alimentos debida a calentar productos en material plástico es ínfima respecto a otras fuentes de exposición. Además, la utilización de los derivados más tóxicos se ha ido restringiendo progresivamente”.

No obstante, Breastcancer.org, una organización de apoyo a las personas afectadas por el cáncer de mama, sí que alberga razones para cierta alarma, donde nos aseguran que el BPA es un estrógeno sintético débil que se encuentra en muchos productos de plástico rígido. “Su actividad similar a la del estrógeno lo convierte en un disruptor hormonal, como muchos otros químicos del plástico. Los disruptores hormonales pueden afectar al modo en que el estrógeno y otras hormonas actúan en el cuerpo ya que las bloquean o las imitan, y así rompen el equilibrio normal del cuerpo. El estrógeno puede hacer que el cáncer de mama se desarrolle y crezca; por ello, muchas mujeres eligen limitar su exposición a estos químicos que actúan como el estrógeno”, afirman en la web.

Por ello, nos animan a no cocinar con objetos fabricados con plástico e incluso a descartar las botellas de plástico y llevar nuestra propia agua en un contenedor de vidrio, acero o cerámica con agua de grifo filtrada.

Hemos caído rendidos al bambú

Es evidente que todas estas polémicas cuestiones que ponen en tela de juicio la inocuidad del plástico de estos recipientes ha favorecido que empiecen a aflorar otras alternativas como las fiambreras de bambú o de bioplástico con caña de azúcar u otros materiales. La ligereza de estos materiales los están convirtiendo en la apuesta mayoritaria de muchos consumidores que los consideran perfectos para el táper del trabajo o para guardar el almuerzo de los niños. Es indiscutible que ambas opciones son medioambientalmente más sostenibles que el plástico, ya que son 100% biodegradables y provienen de fuentes renovables como el bambú que, además, es una planta de crecimiento rápido.

Foto: iStock.
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Sin embargo, podría ser peor el remedio que la enfermedad, pues estos utensilios suelen elaborarse con otros ingredientes más controvertidos como los formaldehídos y la melamina. Por lo tanto, según un estudio realizado por la oficina de investigación para el control de comida y salud animal del estado alemán de Baden-Wurttemberg, quizás el sustituto no sea tan inocuo como nos creíamos.

"En 2014, los utensilios de cocina y la vajilla aparentemente hechos de bambú y almidón de maíz atrajeron la atención por sus afirmaciones de ser especialmente ecológicos y respetuosos con el medio ambiente", exponen en esta investigación. Sin embargo, durante su fabricación se suelen emplear materiales sintéticos como la melamina y el ácido poliláctico. "El límite de migración específico para la melamina se excedió en tres de las cuatro muestras analizadas. Todos los productos fueron juzgados como no comercializables debido, entre otras razones, a unas etiquetas engañosas", sostienen.

"Los anuncios de una amplia variedad de productos de bambú de varios proveedores acentúan que son, por ejemplo, una alternativa a la melamina y hasta un 100% natural. Nuestros resultados presentan una imagen diferente. Las muestras individuales solo contenían 20% o 37% de bambú, mientras que estos productos contenían un alto porcentaje de plástico. Cuatro de las seis muestras analizadas actualmente contenían melamina", destacan los autores en el artículo.

Pero ¿en qué consiste la melamina?

En concreto, esta resina es una combinación química de melamina (un sólido cristalino derivado de la urea) y formaldehído (un gas altamente reactivo obtenido del metano). Las resinas de melamina son muy duras, por lo que a menudo se utilizan en la fabricación de utensilios de cocina como platos, cuencos, vasos, cubiertos e incluso muebles.

Foto: iStock.
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Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), la respuesta a la pregunta acerca de si son seguros los platos de melamina debe ser afirmativa. Sin embargo, hay matices y no podemos usarlos a lo loco. Al respecto, aclaran que los químicos empleados para su elaboración pueden expulsarse muy lentamente con el tiempo en alimentos y bebidas que entran en contacto con los platos. Algo muy común en el caso de comidas calientes o ácidas. En definitiva, el calor aumenta el riesgo existente de que la melamina migre a los alimentos a un nivel desaconsejable. En este sentido, no podemos pasar por alto el hecho de que el mercado se está plagando de tazas de café reutilizables elaboradas con bambú destinadas, por lo tanto, a albergar un líquido caliente que propicia esta migración de químicos.

La melamina ya causó graves problemas de salud en 2007 a numerosas mascotas que comieron pienso adulterado con esta sustancia que había sido fabricado en China. El incidente se saldó con la muerte de varios ejemplares. También se han registrado casos de leche para niños que contenía melamina y con la que se han llegado a intoxicar millares de pequeños. Esta polémica sustancia se acumula en el riñón ocasionando graves problemas de salud. No en vano, los niños de corta edad son incapaces de filtrar la melamina y acaba formando cálculos renales.

En los vasos y fiambreras de bambú encontramos también un porcentaje de melamina

A la luz de estos datos, parece claro que el bambú puede no ser el superhéroe que esperamos que nos libre del imperio del plástico. En cambio, fórmulas tradicionales como el vidrio o el acero, que son materiales inertes, pueden cobrar importancia, ya que la comida no se ve afectada por posibles migraciones de sustancias.

“El vidrio no altera en nada el sabor de tu comida. El vidrio no afecta en nada tu salud. Y el vidrio no hace nada peligroso en el medio ambiente tras su uso”, explican en Friends of Glass, donde parecen tener muy claro que este material puede encarnar la respuesta a nuestras plegarias.