Todo sobre el retorno de la lombriz solitaria a España
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Cisticercosis

Todo sobre el retorno de la lombriz solitaria a España

Tanto en Europa como en nuestro país los casos han aumentado por los viajes y la inmigración desde países donde es endémica. Los casos más graves se producen cuando afecta al cerebro

Foto: Foto: iStock.
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Se la creía desterrada de nuestra geografía y poco se hablaba de ella, hasta ahora. Pero existe y es capaz de subsistir en el cuerpo humano hasta más de 15 años sin que sospechemos su presencia. Hablamos de la tenia solium, también conocida como lombriz solitaria. Un parásito incapaz de vivir fuera del aparato digestivo de otro animal o del ser humano.

La inmigración y los viajes trasnacionales la han traído de vuelta a Europa y a España y a la llamada cisticercosis, el nombre que cobra la infección que origina el gusano.

Como aclara a Alimente José Antonio Pérez Molina, CSUR en Medicina Tropical del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, "esta enfermedad consiste en un una infección de los tejidos causada por los quistes larvales de la tenia del cerdo (T.solium). Pero los seres humanos también pueden actuar como huéspedes si ingieren huevos del parásito, conocidos como proglótidos”.

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Es un círculo vicioso. El hombre ingiere carne de cerdo cruda o poco cocinada que contiene cisticercos (larvas). Después de la ingestión, los quistes se adhieren al intestino delgado por sus escólices y maduran para convertirse en tenias adultas en unos 2 meses. Estas producen los proglótides, que se desprenden de la tenia y migran hacia el ano. Tras ello, los huevos salen del huésped definitivo (humano) a través de las heces.

Como aclara el doctor Pérez Molina, “los factores de riesgo, por tanto, para contraer la infección son la falta de higiene o las aguas residuales que luego se usan en el riesgo y que pueden contaminar los alimentos. Lo son también la ingesta de carne cruda o poco cocinada de cerdo”.

Los datos en España

Un estudio publicado el año pasado por científicos españoles en el 'PLOS Neglected Tropical Disease' ha evaluado por primera vez el impacto de las hospitalizaciones por la infección en nuestro país. La doctora Zaida Herrador, del Instituto de Salud Carlos III, y su equipo analizaron retrospectivamente los casos codificados como cisticercosis de 1997 a 2014 en el Conjunto Mínimo Básico de Datos de las Altas Hospitalarias. Calcularon las tasas de hospitalización, determinaron características clínicas comunes y estudiaron las tendencias a lo largo del tiempo en las 1.912 ingresos por cisticercosis. Matiza el doctor del Hospital Ramón y Cajal que es importante valorar que estas cifras son "mayores que la prevalencia real de la patología porque engloban casos antiguos, nuevos y rehospitalizaciones".

Entre 1998 y 2008, hubo un número creciente de ingresos por cisticercosis, con un pico en 2008 y luego disminuyendo las tasas hasta 2014. Esta información fue paralela a los cambios en la tasa de migración externa a España. El 7,6% ciento de todos los casos clínicos de la infección fueron en niños menores de 15 años.

En general, el grupo de edad de 16 a 44 años fue el más representado y los diagnósticos asociados más frecuentes fueron epilepsia y convulsiones, hidrocefalia y encefalitis. La región de Murcia tuvo la tasa de hospitalización más alta, 13,37 hospitalizaciones por cada 100.000 habitantes, seguida de Navarra y Madrid.

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El doctor Pérez Molina recuerda que los casos han aumentado “en personas que viajan sobre todo a Latinoamérica (en especial, Perú, Bolivia y Ecuador) y África subsahariana y que se exponen a las huevas y retornan a nuestro país con ellas”. Asimismo, también se ha producido un incremento “debido a un mayor diagnóstico. Hay que tener en cuenta que ya hay más información y la población sospecha más fácilmente de su existencia”.

Pero también se detecta en ocasiones de forma casual. “La infección puede permanecer años sin dar síntomas, sin delatarse. En ocasiones, la larva de la tenia se desplaza fuera de los intestinos y llega hasta el cerebro. Hay pacientes que sufren un accidente de tráfico o que se les pide un escáner cerebral por tener síntomas como epilepsia o dolores de cabeza y, posteriormente, en la imagen descubrimos al parásito”, insiste el experto.

Son estos últimos los casos más graves que ocasiona la enfermedad, ya que puede provocar “convulsiones, alteraciones en la visión, hidrocefalia y epilepsia". Y se tratan con cirugía aunque también con medicamentos antiparasitarios”, apostilla.

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