¿Me gustas? Desplazo el dedo a la derecha. ¿No me gustas? Lo desplazo a la izquierda. Cada minuto se producen en el mundo 1,4 millones de ‘swipes’, 1,4 millones de decisiones instantáneas tomadas a partir de una fotografía y un brevísimo perfil. Es el mundo de Tinder, un fenómeno que ha revolucionado el modo en el que se busca pareja, ligue o amante ocasional.

En las apps de citas -y más específicamente en Tinder, donde prima la urgencia, la inmediatez-, gustar o no gustar depende de un juicio fugaz basado en la imagen. No nos sorprendería, entonces, descubrir que entre los usuarios de estas aplicaciones se puede llegar a vivir con agobio y frustración no estar a la altura de lo que el mercado demanda. Esa fue la hipótesis de un equipo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard, liderados por Alvin Tran, que decidieron hacer un estudio para comprobar hasta qué punto los usuarios eran proclives a poner en riesgo su salud con tal de adelgazar y encajar en el prototipo de belleza imperante.

En el estudio, la mitad de los usuarios reconoció haber ayunado y un tercio haberse provocado el vómito

Y el resultado fue el esperado: quienes utilizan aplicaciones de citas tienen de 2.7 a 16.2 veces más probabilidades de tener un trastorno de alimentación. “Tiene todo el sentido -señala la doctora Marina Díaz Marsa, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y jefa de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínico Universitario San Carlos-. Pensemos que, en estas redes, lo que prima es una relación íntima, sexual, en función de la imagen. Es un momento visual, inmediato. Con lo cual, se supone que, para lograr el éxito, para tener citas, tu forma corporal debe acercarse lo máximo posible al ideal, porque es lo que el otro va a valorar de ti”.

En el estudio de Harvard -realizado entre más de 1.700 personas- se evalúa la asociación transversal entre el uso de ‘dating apps’ y seis conductas de control de peso poco saludables: ayuno, uso de pastillas para adelgazar, uso de laxantes, vómitos autoinducidos, uso de suplementos para el desarrollo muscular y uso de esteroides anabólicos. Los resultados muestran que, de los participantes que utilizaban apps de citas, el 44,8% de la mujeres y el 54,1% reconocieron haber ayunado para adelgazar; el 22,4% de las mujeres y el 36,4% de los hombres afirmaron haberse provocado el vómito, y el 24% de las mujeres y el 41,1% de los hombres reconocieron usar laxantes para controlar el peso. También hubo quiere confesó utilizar pastillas para adelgazar y anabolizantes para adquirir volumen.

Foto: iStock
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“Para los hombres, el ideal de belleza dominante -construido culturalmente- es el de un cuerpo musculado y con poca grasa -explica Alvin Tran, autor del estudio-. Para las mujeres, la norma social idealizada es la de un cuerpo delgado. Estas imágenes, en su mayoría inalcanzables y poco realistas, pueden terminar generando insatisfacción corporal y conducir a conductas de control de peso poco saludables”.

Con él coincide Itziar Digón, psicóloga y coach nutricional, quien señala que “si solo voy a ser valiosa cuando tenga una cierta imagen, estoy generando unas expectativas no reales y en ellas deposito toda la ilusión, creyendo que cuando las alcance llegaré a la felicidad: cuando sea delgada seré feliz. Esto puede generar pensamientos obsesivos y comportamientos tanto compulsivos como restrictivos: personas con alto grado de ansiedad o que viven en una restricción dietética continua”.

Vergüenza y baja autoestima

Antes que el trabajo de Harvard, en otro estudio, publicado en 2017 en la revista Body Image y realizado entre casi un millar de participantes, Jessica Strubel y Trent Petrie compararon los problemas de imagen corporal entre usuarios y no usuarios de Tinder. Entre sus hallazgos, vieron que, con independencia del género, los usuarios de Tinder reportaron niveles significativamente más bajos de satisfacción con sus rostros y sus cuerpos, así como niveles más altos de vergüenza corporal y mayor tendencia a compararse con otros y a mostrarse vigilantes con su aspecto.

La clave, exponen los autores, está en ese ‘swipe’, en esa elección que se hace a partir de una imagen. “Los usuarios están constantemente evaluando perfiles, pero también están sujetos a un escrutinio -explica Strubel-. Debido a esto, después de un tiempo de uso los usuarios pueden comenzar a sentirse despersonalizados, desarrollar mayor conciencia (y crítica) de su apariencia y cuestionarse su propio valor, mientras que al mismo tiempo tienden a pensar que siempre puede haber algo mejor a la vuelta de la esquina. O, más bien, con el siguiente ‘swipe’ de su pantalla”.

Los usuarios tienen niveles más altos de vergüenza corporal y mayor tendencia a compararse con otros

Todo esto puede generar un dolor real, no solo metafórico. Según un estudio de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, “el rechazo social y el dolor físico son similares, no solo porque ambos nos provocan angustia, sino porque también comparten una representación común en el sistema somatosensorial del cerebro”. El rechazo nos rompe el corazón, y nuestro cerebro lo sufre de manera parecida a cuando nos hacemos daño en otra parte del cuerpo.

En muchos usuarios de aplicaciones de citas, confirma la doctora Díaz Marsa, la autoestima está por los suelos. “Si tu tarjeta de presentación es tu cuerpo y no te dan un like, si no te sale la cita, si no te llaman, lo interpretas como un ‘no valgo’. Se hace esa asimilación entre el cuerpo, la apariencia, y lo que uno es. Hay que sacar de ahí a los pacientes, trabajar esos conceptos, pero la sociedad no ayuda”.

Foto: iStock
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Hablamos de la sociedad. Durante décadas dirigimos nuestra mirada a la publicidad, los medios de comunicación, el mundo de la moda o los concursos de belleza censurando esa idealización de los cuerpos que podía llevar, especialmente entre los más jóvenes, a trastornos de la conducta alimentaria. Pero, ahora, parece haberse sumado un enemigo más que también perpetúa esos ideales de belleza, talla y delgadez

Pero no son solo las apps de citas, exponen los expertos. “Los jóvenes se relacionan a través de Instagram y no solo suben imágenes de felicidad y de que todo lo que hacen es estupendo: también son fotos con un alto contenido sexual y corporal -expone la doctora Díaz Marsa-. Si esa es su forma de relacionarse, se ven obligados a presentarse con un cuerpo lo más perfecto posible, con lo cual es muy fácil que tengan conductas alimentarias irregulares para intentar alcanzar ese ideal”. Como estrategia de prevención, la doctora apunta que es necesario explicar "que una relación no es un encuentro, porque luego se decepcionan cuando no consiguen lo que buscan. El encuentro es instantáneo, una relación es irse descubriendo, conociendo, más allá de las apariencias".