El año pasado se diagnosticaron en el mundo más de 18 millones de nuevos casos de cáncer, siendo el más extendido el de pulmón, seguido del de mama, el colorrectal y el de próstata, según datos de la American Cancer Society. En nuestro país la situación es parecida, pero no exacta. La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que este año los cánceres más frecuentes diagnosticados en nuestra población serán, por orden de prevalencia, el colorrectal, el de próstata, el de mama, de pulmón y de vejiga.

Así las cosas, se hace preciso centrar el foco en el cáncer de colon y recto, y si bien tiene factores de riesgo sobre los que poco o nada se puede hacer (edad, antecedentes, predisposición genética...), sobre otros sí se puede actuar, como se ha comprobado que es el caso de la dieta (también por ejemplo evitando el tabaco y practicando una actividad física regular); y esto es una buena noticia.

"Seguir una dieta más inflamatoria supone casi el doble de riesgo de sufrir cáncer colorrectal", Dra. Mireia Obón

Acaba de publicarse en 'Nutrients' un trabajo realizado por científicos españoles y financiado por la Asociación Española contra el Cáncer, que pone la mirada sobre la influencia de la dieta en dicha enfermedad, especialmente en los tumores colorrectales y de mama. Hemos hablado con la doctora Mireia Obón, epidemióloga nutricional, y explica la relevancia de este trabajo que lidera: "Otros estudios habían visto el patrón inflamatorio de la dieta relacionado con el cáncer colorrectal, pero aún no se había realizado un estudio específico en población española. Esto corrobora el hecho de que también aquí tenemos un incremento del riesgo bastante elevado de desarrollar dicha enfermedad para aquellas personas que siguen una dieta inflamatoria alta". Un riesgo que, según indica la doctora, es "casi el doble"

Afirma también que "en un estudio previo vimos que seguir una dieta antioxidante causaba un efecto protector sobre este tipo de tumores. También hemos evaluado estos dos patrones dietéticos en combinación, es decir, tener una dieta proinflamatoria y una dieta prooxidante; y hemos visto que los pacientes que seguían estas dietas tenían igualmente un aumento del riesgo".

Foto: iStock.
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¿Qué sucede con el cáncer de mama? Según la especialista, "si bien en el cáncer de colon vemos clarísimo que las personas con una alimentación más inflamatoria, comparado con las que siguen una mucho menos inflamatoria, tienen casi el doble de riesgo y además la tendencia se incrementa (es decir, a más inflamación, mucho más riesgo), en el cáncer de mama este patrón sí lo estamos viendo, pero no nos parece significativo. Por eso, somos más cautos en mama. Vemos el patrón de que puede elevar el riesgo, pero no lo podemos afirmar como en el caso del cáncer de colon".

La dieta a evitar y la que debemos seguir

Para llevar a cabo este trabajo se ha contado con el estudio MCC-Spain (multicaso control de base poblacional), que se realizó entre 2008 y 2013 en 12 provincias sobre los tumores con mayor incidencia en España. Se han incluido 1.852 casos de cáncer colorrectal y 1.567 de cáncer de mama, junto con 3.447 y 1.489 casos control, respectivamente. Los científicos han evaluado (esto es novedoso) dos herramientas que indican el potencial inflamatorio y antioxidante de la dieta, como son el Índice Inflamatorio Dietético y la Capacidad Antioxidante No-Enzimática, y así se ha comprobado esta relación causa-efecto entre ambos tipos de dieta y el mayor riesgo de padecer este tipo de tumor.

"Hay que modificar los hábitos alimentarios hacia una dieta mediterránea, con grasas saludables"

La doctora nos explica que estos marcadores "son dos técnicas que están ampliamente validadas. El índice inflamatorio de la dieta lo que hace es calcular o tener en cuenta todos los nutrientes de la dieta que los participantes consumían. Esto nos daba una visión global de su alimentación. El segundo parámetro lo que hace es lo contrario: lo utilizamos para calcular la capacidad antioxidante de la dieta y tenemos asi una visión global de dos maneras: la parte inflamatoria, que es la 'mala', y la antioxidante, que es la 'buena'.

Como indica la doctora Obón, "seguir una dieta proinflamatoria y prooxidante supone un riesgo muy importante de cáncer de colon. La parte positiva es que es un factor modificable, por lo que podemos cambiarlo". ¿Qué es, entonces, una dieta proinflamatoria, la que debemos evitar? Según indica la experta, "nos referimos a una alimentación con alto contenido en carbohidratos refinados y también en carne roja y procesada, así como en grasas no saludables, como por ejemplo las saturadas, las trans y el colesterol".

Foto: iStock.
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En cuanto a la dieta antioxidante, la que sí debemos seguir, es, en palabras de Mireia Obón, "aquella alimentación rica en frutas, verduras, legumbres y frutos secos". Las pautas están claras, según la experta: "Para hacer frente a estos dos tipos de cáncer es importante seguir las recomendaciones de los organismos oficiales y de las agencias internacionales. Debemos modificar nuestros hábitos alimentarios hacia una dieta mediterránea, con grasas más saludables, como el aceite de oliva".

La doctora señala que "nuestro artículo lo hemos hecho tanto de forma específica para hombres y para mujeres, como de forma conjunta y el riesgo lo vemos en ambos sexos. Además, si dividimos el cáncer colorrectal en el de colon y en el de recto también vemos este efecto en los dos. Está claro que tenemos que cambiar los hábitos. El riesgo cero no existe, pero sí lo podemos disminuir haciendo las cosas bien. Y modificar nuestros hábitos alimentarios podría ayudar".

Recientemente el World Cancer Research Fund analizó la relación entre la nutrición y la actividad física con el cáncer colorrectal y apuntó que existe fuerte evidencia científica de que los siguientes hábitos disminuyen el riesgo de padecerlo:

  • Realizar ejercicio de forma regular
  • Consumir alimentos ricos en fibra y cereales de grano entero (integrales)
  • Tomar productos lácteos y alimentos ricos en calcio

Y, al contrario, los siguientes lo incrementan:

  • Consumir dos o más bebidas alcohólicas al día
  • Tener obesidad
  • Consumir carnes rojas y procesadas