Dime dónde acumulas la grasa y te diré si es mejor o peor para tu salud. Algo así ha hecho el equipo de científicos de diversas universidades estadounidenses que, dirigidos por el doctor Qibin Qi, profesor del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, han realizado un estudio, el primero, sobre cómo la grasa que almacenamos en el cuerpo incide en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en las mujeres posmenopáusicas con un índice de masa corporal normal.

Mucho se ha hablado sobre las mujeres con cuerpo en forma de pera y en forma de manzana y la balanza de los beneficios parece siempre inclinarse sobre las primeras. ¿Será así también en este caso? Sí. Como indica el profesor Qi, "nuestros hallazgos sugieren que las mujeres que ya han pasado la menopausia, a pesar de tener un peso normal, podrían tener un riesgo variable de enfermedad cardiovascular debido a diferentes distribuciones de grasa corporal (alrededor de su parte media, o bien de sus piernas). Además del control general del peso, las personas también deberían empezar a prestar atención a las zonas donde se acumula esa grasa, incluso teniendo un peso y un índice de masa corporal adecuados".

Acumular la grasa en las piernas más que en la cintura puede reducir el riesgo hasta un 40%

El trabajo, publicado en 'European Heart Journal', se ha llevado a cabo del siguiente modo: los investigadores han contado con 2.683 mujeres, que formaron parte de Women´s Health Initiative (WHI), un ambicioso programa realizado entre 1993 y 1998 (que ha seguido teniendo un seguimiento hasta 2017) en el que participaron más de 160.000 mujeres en edad posmenopáusica a lo largo y ancho de Estados Unidos, para buscar justamente estrategias encaminadas a prevenir problemas cardiovasculares, cáncer colorrectal y de mama y fracturas óseas.

Foto: iStock.
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Junto a otros marcadores se tomaron las medidas de grasa corporal absoluta (en kilogramos) y relativa de las participantes. En 1998 ninguna de ellas había sufrido un episodio de enfermedad coronaria. Dieciocho años después, a principios de 2017, sí se hallaron 291 incidencias cardiovasculares. Tras tener encuenta factores de antecedentes, genéticos, de estilo de vida, llegaron a la siguiente conclusión: las mujeres que se encontraban entre el 25% superior de las que acumularon más grasa alrededor de la cintura (forma de manzana) tenían casi el doble de riesgo de sufrir problemas del corazón comparadas con el 25% de las mujeres que menos grasa ganaron en esa zona. Del mismo modo, el 25% de las mujeres que mayor porcentaje de grasa almacenaron en sus muslos tenían un 40% menos de riesgo de paceder enfermedades cardiovasculares en comparación con aquellas que acumularon menos grasa en dicha parte del cuerpo.

El mayor riesgo lo tienen las mujeres con el mayor porcentaje de grasa alrededor del abdomen y el menor en las piernas. Según los científicos, estas pacientes tenían más del triple de riesgo en comparación con las mujeres en la condición opuesta (con menor grasa alrededor de la cintura y la mayor cantidad acumulada en las piernas).

Afinando el riesgo se mejora la prevención

Aquí viene una buena noticia y es que podemos hacer algo para minimizar el riesgo: según los investigadores, reducir la proporción de grasa del tronco de más del 37% a menos del 27%, manteniendo la grasa acumulada en las piernas, se evitarían aproximadamente 6 casos de enfermedad cardiovascular al año por cada mil mujeres, lo que corresponde a más de 110 casos durante los 18 años del estudio.

Como señala el doctor Qi, "en la práctica clínica habitual, el índice de masa corporal es un marcador común para conocer el riesgo de este tipo de enfermedades. La medida de la circunferencia de la cintura también se recomienda para ofrecer información adicional; pero normalmente solo tiene en cuenta entre personas con sobrepeso u obesidad. Así, entre las que están categorizadas como de peso normal no se reconoce ese mayor riesgo debido a la distribución de la grasa y no se aplica en ella medidas preventivas".

Foto: iStock.
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Y continúa: "Nuestros hallazgos resaltan la necesidad de usar medidas antropométricas que reflejen mejor la distribución regional de la grasa para identificar este riesgo. Son líneas de investigación relevantes para futuros estudios".

Tal como indica la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEMM), esta etapa de la vida de la mujer se relaciona con cambios metabólicos que suelen producir un incremento de la grasa corporal. De hecho, señalan, si esta es del 26% a los 20 años, a los 50 alcanza el 42%. En algunas mujeres esto supone un aumento de peso, mientras que en otras lo que sucede es una redistribución de la grasa que no implica cambios en el peso, como se señalaba en el estudio. Y aquí llega el riesgo cardiovascular, por lo que no se trata únicamente de una cuestión estética, sino de salud.

A esto hay que unir que en la menopausia la carga de estrógenos se pierde considerablemente y estas hormonas tienen un efecto protector sobre el flujo vascular, por lo que hablamos de una fase, unos años, especialmente sensibles para la mujer, que requerirán revisiones médicas algo más frecuentes de lo habitual y quizá algunas modificaciones en la dieta, que el especialista prescribirá si lo cree necesario y siempre de forma individualizada.