Desde hace unos años se ha popularizado desde Estados Unidos la crítica a la práctica del 'fat shaming'. Algo así como la lucha que llevan a cabo diversos colectivos, como el LGTBI u otras minorías, pero por las personas con sobrepeso. Mantienen la idea de que no debería haber ningún tipo de prejuicio o discriminación por el simple hecho de que sean 'gordos', lo que, en principio, tiene todo el sentido del mundo. La otra cara de la moneda es que, al contrario que las enfermedades degenerativas, por ejemplo, técnicamente sí existe una cura para la obesidad. Unas personas lo tienen más fácil y otras muchísimo más difícil, pero está en nuestra mano ser delgados. ¿Y si esto no fuera así?

Eso mismo se ha planteado un grupo de científicos de The Endocrine Society, una organización médica estadounidense dedicada al estudio de esta rama de la medicina. Una de las autoras principales del estudio, la doctora Melania Jacobson, de la New York University School of Medicine, explica que "hemos realizado una investigación que ha descubierto que la exposición a bisfenol S (BPS) y bisfenol F (BPF) es muy común". Estos compuestos químicos son comunes en los plásticos que usamos en nuestro día a día y podrían tener un gran peso, valga la redundancia, en nuestro peso.

"Al igual que el BPA, el BPS y el BPF se han asociado a una mayor prevalencia de la obesidad"

La doctora Melania Jacobson lo explica de maravilla: "Aunque la dieta y el ejercicio son considerados todavía los principales responsables de la obesidad, esta investigación sugiere que la exposición a agentes químicos comunes pueden jugar también un papel importante. Especialmente en los niños", sentencia.

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores utilizaron la Encuesta Nacional de Exámenes sobre Salud y Nutrición de Estados Unidos. Esta inmensa base de datos fue definitiva para evaluar si existían asociaciones entre el bisfenol A (BPA), el bisfenol S (BPS) y el bisfenol F (BPF) y los índices de masa corporal en niños y adolescentes entre los 6 y los 19 años de edad. Aquellos que tenían mayores niveles de BPS y BPF en su orina eran más propensos a ser obesos en comparación con los que tenían menores niveles de estas moléculas.

Tanto la EFSA como la ECHA están de acuerdo en que hay evidencias de que el BPA es un disruptor endocrino

"En un estudio previo demostramos que el precursor de estos químicos, el bisfenol A, estaba asociado a una mayor prevalencia de la obesidad en los niños estadounidenses. Este estudio ha encontrado la misma tendencia con estos nuevos compuestos. Reemplazar el BPA con compuestos químicos similares no mitiga los perjuicios para nuestra salud de la exposición a este agente químico", explica la doctora Melanie Jacobson.

Pero en Europa estaremos a salvo, ¿no?

Si por algo se caracteriza la Unión Europea es por ser más que cuidadosa con lo que acepta dentro de sus fronteras y con lo que no, basándose en cómo de perjudicial para nuestra salud sea. La legislación estadounidense es algo más laxa en este aspecto. A grandes rasgos, en Estados Unidos un alimento (o producto utilizado en la industria, como el bisfenol) está permitido hasta que se demuestre que es perjudicial, y aquí, en Europa, para ser comercializados debe demostrarse que no son perjudiciales. Esto, aunque parezca muy similar, hace que exista una mayor seguridad alimentaria que al otro lado del charco. Es de esperar, por tanto, que la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés) hubiese recomendado a la Comisión Europea la prohibición del uso de estos plásticos en nuestro día a día, pero no es así. El órgano ejecutivo comunitario impuso límites a la cantidad permitida, pero no su prohibición, a pesar de que, como ellos mismos explican en el informe acerca de este compuesto, "tanto la Agencia Química Europea (ECHA) como la EFSA están de acuerdo con que hay evidencias de que el BPA es un disruptor endocrino".

Todo se debe a que, como la Unión Europea es la unión de 28 estados (pronto 27), por diferencias entre los Estados miembro, no se aprobó la prohibición, sino solo la reducción de las cantidades. De todos modos, la EFSA creó en el año 2018 dos grupos de investigación con el objetivo de reevaluar la seguridad del BPA y del BPS. Todavía no se han publicado los resultados, pero cuando lo hagan es posible que muchas cosas cambien en nuestros paquetes de comida.

Dónde se encuentran el BPA y sus derivados

Como explican desde la EFSA, el bisfenol A (y sus derivados) es un químico que se utiliza para manufacturar plásticos y resinas. Se utiliza en el policarbonato, un plástico transparente y rígido, usado principalmente en los envases de comida, al igual que en botellas de plástico, biberones, tazas, táperes... Además, también se utiliza en el recubrimiento interno de las latas de refresco de aluminio, donde el líquido, aunque no lo parezca, nunca entra en contacto directo con el metal, sino que hay una pequeña capa de plástico que los separa.