En pleno verano, levantar la vista hacia el cielo y pensar en el daño que una exposición prolongada y sin protección al sol puede causar a nuestra piel es todo uno. Según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), cada año más de 74.000 personas tienen un cáncer cutáneo no melanoma y la Sociedad Española de Oncología Médica estima que este año se diagnosticarán en nuestro país más de 6.000 nuevos casos de melanoma de piel, el tipo de tumor cutáneo más peligroso y mortal, ya que si bien representa solo el 4% de los tumores malignos de la piel, es el causante del 80% de las muertes por esta clase de cánceres.

En cuanto a los tumores cutáneos no melanomas, el primero más habitual es el carcinoma basocelular, y el segundo el carcinoma espinocelular, también llamado epidermoide o de células escamosas. Y hay buenas noticias respecto a este último, que supone entre el 20 y el 25% de todos los cánceres de piel.

Una alimentación rica en vitamina A tiene un efecto protector frente al desarrollo del carcinoma espinocelular

Un nuevo estudio, realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Brown especializados en dermatología, junto a expertos de la misma rama del Brigham and Women´s Hospital de Boston y la Universidad Inje de Seúl, confirma que la vitamina A protege frente al desarrollo del carcinoma espinocelular. De hecho, los investigadores afirman que las personas cuyas dietas incluyen dosis altas de esta vitamina tienen un riesgo un 17% menor de sufrirlo, comprado con aquellas que ingieren cantidades bajas de alimentos ricos en dicha sustancia.

(iStock)
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Según indica Eunyoung Cho, profesor de Dermatología y Epidemiología de Brown y uno de los autores del trabajo, "el cáncer de piel, incluido el carcinoma de células escamosas, es difícil de prevenir, pero este estudio sugiere que comer una dieta saludable, rica en vitamina A, puede ser una buena forma de reducir el riesgo, además de utilizar crema de protección solar y de limitar nuestro tiempo de exposición al sol".

Un trabajo con datos de más de 20 años

La revista de la Sociedad Médica Americana de Dermatología acaba de publicar los detalles de esta investigación. Para llevarla a cabo, los científicos contaron con datos de dos estudios observacionales de gran población y a lo largo varias décadas: el Nurses´ Health Study (con 121.700 participantes y que es uno de los mayores trabajos existentes para analizar el riesgo de las mujeres de padecer las enfermedades más relevantes) y el Health Professionals Follow-Up Study (con más de 51.000 participantes y que evalúa la relación entre la alimentación y los trastornos más comunes para dar una visión de la salud global masculina).

La gran mayoría de las personas analizadas eran de piel blanca, no tenían antecedentes de cáncer y proporcionaban una completa y detallada información de su dieta a lo largo del tiempo. Durante los años en los que se desarrollaron los dos grandes estudios (26 en el caso de las mujeres y 24 en el de los hombres) se reportaron 3.978 casos de carcinoma espinocelular.

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Los científicos dividieron a los participantes en cinco grupos, según la cantidad de vitamina A que incluían en su alimentación habitual. La cantidad de los que la tomaban en mayor medida era equivalente a dos zanahorias grandes al día; y la de los que menos equivalía a una zanahoria pequeña. Y comprobaron que la mayor parte de esta vitamina que consumían los participantes provenía principalmente de frutas y verduras, en mucha mayor medida que de fuentes animales o de suplementos vitamínicos. Los alimentos más ricos en esta sustancia son las verduras de hoja verde y las frutas y hortalizas de colores naranja, amarillo y rojo; además de en el hígado de ternera, pescados como la anguila o el congrio, los huevos y los lácteos grasos.

"Supone una razón de peso más para incluir una buena cantidad de frutas y verduras en la dieta", Dr. Cho

Un dato más de este estudio: también comprobó que ingerir niveles elevados de alimentos de origen vegetal con pigmentos similares a la vitamina A, como el licopeno (la sandía y los tomates son ricos en este antioxidante) también tienen un efecto protector frente al riesgo de este cáncer de piel. Se precisan más trabajos para analizar con mayor profundidad los hallazgos encontrados en este trabajo y sacar conclusiones más detalladas, como por ejemplo poder ofrecer a la población una cantidad diaria recomendada de esta vitamina, ya que tomada en exceso puede ser perjudicial; o ver el efecto concreto de los suplementos de la misma sobre el cáncer de piel. Pero según indica el doctor Cho, "nuestro trabajo sin duda ofrece una razón más de peso para comer una buena cantidad de frutas y de verduras como parte esencial de una dieta saludable".

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En Australia los tumores cutáneos son un problema de salud público de primer orden, ya que los cánceres de piel no melanoma afectan a más de la mitad de su población y suponen un coste sanitario de más de 500 millones de dólares al año, por lo que las investigaciones sobre este tema son abundantes. Así, hace unos años, en 2015, ya hallaron en la Universidad de Sydney que otra vitamina que resultaba beneficiosa frente a los carcinomas basocelular y espinocelular: la nicotinamida, una forma de la vitamina B3. Como dijo entonces la autora principal del estudio, la doctora Diona Damian, "es la primera evidencia clara de que podemos reducir la incidencia de los cánceres de piel usando una simple vitamina, junto con la protección solar, que siempre hay que seguir manteniendo, así como practicar los chequeos regulares con el especialista".

Más medidas preventivas frente al cáncer de piel

El carcinoma espinocelular aparece fundamentalmente en personas de piel clara con exposición solar crónica, es más común entre los hombres que entre las mujeres, así como en mayores de 50 años y, si bien suele ser benigno, hay que estar alerta (su tasa de mortalidad es del 1%).

La Academia Española de Dermatología y Venereología indica las medidas preventivas a tomar: evitar exponernos a la luz solar, especialmente en las horas centrales del día, así como a las cámaras de bronceado artificial; usar protectores solares que bloqueen tanto los rayos UVA como los UVB, con factor 30 como mínimo y repetir su aplicación cada dos horas; y llevar sombreros de ala ancha y ropa con manga larga.