El destino no está en los genes. A pesar de que en enfermedades como la obesidad, la carga genética juega en contra de cada individuo, la ciencia ha demostrado que se trata de una patología complicada que conjuga muchos factores. El principal: los estilos de vida.

Sabemos que la obesidad es sinónimo ya de epidemia en el mundo desarrollado, y también en España. De hecho, según estimaciones de un estudio llevado a cabo por investigadores del Institut Hospital del Mar d'Investigacions Mèdiques (IMIM) y médicos del Hospital del Mar, en poco más de una década, para 2030, se prevé que 27 millones de adultos españoles, el 80% de los hombres y el 55% de las mujeres, tendrá problemas de obesidad o sobrepeso.

Parte de la culpa de esta realidad, pero solo una parte, reside en la herencia de los genes de la obesidad. Sin embargo, llegan resultados esperanzadores de una nueva investigación que constata que el yoga es una de las actividades que puede ayudar a los ‘predestinados’ a pesar de más a equilibrar la ‘maldita’ balanza. Es importante recordar que hay más de 200 genes involucrados en la patología.

"Para 2030, se prevé que 27 millones de españoles tendrá problemas de obesidad o sobrepeso"

No es la primera vez que este tipo de actividad física se posiciona como un verdadera herramienta para poner freno ‘al destino’. Así hace tres años, la revista Journal of Clinical Diagnostic Research’ se hacía eco de una investigación que constaba que tres meses después de la práctica de yoga a lo largo de 14 semanas mejora en varones obesos los valores antropométricos y psicológicos.

Las nuevas evidencias

Ahora, un estudio realizado por Wan-Yu Lin de la Universidad Nacional de Taiwán y su equipo, publicado en PLOS Genetics, ha identificado los tipos de ejercicio que son especialmente efectivos para combatir los efectos genéticos que contribuyen a la obesidad. Y entre ellos está el yoga.

Esta actividad, según el Global Yoga Congress, surge en un momento histórico difícil de precisar, como sucede con la ciencia y la filosofía. Las primeras pruebas arqueológicas de su existencia datan aproximadamente del año 3.000 a.C. Sellos de piedra que muestran figuras en posturas yóguicas y de meditación, que serían obra de la civilización que floreció en el Valle del Indo hace más de 5.000 años. Hoy lo practican millones de personas en todo el mundo.

Foto: iStock
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Ahora, los científicos han examinado sus efectos en 18. 424 adultos de 30 a 70 años, en un ensayo que examinó las interacciones entre la genética y sus rutinas de ejercicio. Descubrieron que correr de forma regular es la mejor práctica para controlar la obesidad.

Los investigadores observaron específicamente cinco medidas de obesidad, como el índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa corporal, circunferencia de la cintura, de la cadera y la relación cintura-cadera.

Correr, la gran herramienta

Descubrieron que correr regularmente era el más efectivo según las cinco medidas, pero hay que reconocer que también es más costoso. Además, escalar montañas, pasear, caminar a paso ligero, ciertos tipos de baile y largas prácticas de yoga también reducen el IMC en personas predispuestas a la obesidad.

En declaraciones a Alimente, el doctor Ángel Durántez, médico pionero en España de Medicina Preventiva Proactiva y la ‘Age Management Medicine’ (Medicina para el envejecimiento saludable), reconoce: “Existen no pocos estudios en los que la práctica de las distintas variantes del yoga tiene efectos positivos sobre el peso y la composición corporal en sujetos obesos. En el presente ensayo (observacional) sobre una amplia muestra parece ser que las sesiones largas de yoga, al igual que otras actividades físicas, ayuda a la pérdida de peso en obesos genéticamente predispuestos”.

Sorprendentemente, sin embargo, el ciclismo, los ejercicios de estiramiento, la natación y el Dance Revolution (videojuegos de baile) no contrarrestaron los efectos de la herencia genética de la enfermedad.

Según el doctor Durántez, “era de esperar que la práctica regular de ‘footing’, las caminatas, el baile y las sesiones largas de yoga, tuvieran un efecto positivo sobre el peso y composición corporal en obesos. Sí me llama la atención (al igual que a lo autores) que el ‘cycling’ y el ‘swimming’ no tengan el efecto esperado. Me temo que esta circunstancia tiene más bien que ver con qué se consideran estas actividades en la encuesta realizada”.

"El yoga tiene beneficios por el gasto energético de las sesiones y los efectos positivos sobre la dieta"

Recuerda, además, que parte del ‘secreto del yoga’ contra la obesidad, “básicamente reside en dos aspectos; el gasto energético producido en las propias sesiones (que puede llegar a ser mucho), y los efectos positivos sobre el comportamiento alimentario, aunque esto se sabe desde hace tiempo”.

Esta actividad, además, “contempla todos los beneficios de la actividad física y el ejercicio; cardiovasculares (control de la tensión arterial y del perfil lipídico), respiratorios, metabólicos (control de los niveles de glucosa), neurocognitivos (control del estrés y del deterioro neurocognitivo), de composición corporal (peso,porcentaje de grasa y masa muscular), del aparato locomotor (equilibrio, flexibilidad, masa muscular)...”, apostilla el experto.