El pollo y el huevo son los dos alimentos sobre los que más han circulado conspiraciones y teorías de lo más variadas y descabelladas a lo largo de los años. Una cosa es segura: el huevo es el alimento más nutritivo que existe, cargado de proteínas, vitaminas, minerales... y el pollo es una carne magra, rica y barata. Es por esto que es el segundo producto cárnico más consumido en el mundo (según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura -FAO por sus siglas en inglés-), y también la segunda más consumida en España.

Actualmente,su precio se sitúa, si no está procesado, sino solo limpio, en los 2,5 € el kilo. Esto la convierte en accesible para la mayor parte de la población. Aunque esto sea bueno, también provoca que ese mismo grupo poblacional esté expuesto a todos los efectos que este alimento pueda tener sobre nuestra salud, buenos o malos.

"El consumo de carne de pollo se relacionó con una disminución del riesgo de sufrir cáncer de mama"

Esto último cobra especial relevancia ahora que los investigadores Dale P. Sandler, Rashmi Sinha, Yong-Moon Mark Park y Jamie J. Lo del National Institute of Environmental Health Sciences de Estados Unidos, han publicado un estudio en el que se relaciona fuertemente el consumo de carne roja con un aumento del riesgo de sufrir cáncer de mama. Se observó, en cambio, que el consumo de carne de pollo estaba vinculado a una menor prevalencia de esta terrible enfermedad.

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores analizaron la información acerca del consumo y de la salud de 42.012 mujeres durante un periodo de 7,6 años. En este tiempo, los investigadores detectaron 1.536 cánceres de mama. Descubrieron que aquellas mujeres que mayor cantidad de carne roja consumían, tenían un riesgo un 23% mayor de sufrir esta enfermedad que las que consumían menos. En cambio, las féminas que mayor cantidad de carne de ave comían tenían un riesgo un 15% menor de sufrir cáncer de mama que las que menor cantidad de este alimento ingerían. Y no solo eso, también se descubrió que las mujeres que sustituían las carnes rojas por la de pollo sufrían menos enfermedad oncológica todavía.

"La carne roja se ha identificado como un carcinógeno", explica el doctor Dale P. Sandler, uno de los autores del estudio. "Nuestro trabajo muestra que el consumo de carne roja puede estar asociado a un mayor riesgo de cáncer de mama, mientras que la de pollo se asocia a una menor probabilidad", continúa. Aunque es cierto que no están claros los procesos por los que esto tiene lugar, como explican los propios investigadores: "Aunque no se sabe el mecanismo por el cual tiene lugar este proceso, nuestro estudio proporciona la evidencia científica necesaria para asegurar que la sustitución de la carne roja por pollo puede ser un cambio sencillo que ayude a luchar contra la incidencia del cáncer de mama", apostilla el doctor Sandler.

Foto: iStock
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Por supuesto, este no es el primer estudio que hace esta relación. En el año 2011, los investigadores Rashmi Sinha, Yikyung Park, Albert R. Hollenbeck, Barry I. Graubard, Amanda J. Cross y Carrie R. Daniel, elaboraron un macroestudio para la 'American Association for Cancer Research' (Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer), en el que de dispuso de la información alimentaria detallada y los problemas de salud de 492.186 participantes durante un periodo de 9 años.

Como lo sinvestigadores explican en su trabajo: "Tratamos de estimar los eferctos de la sustitución y el aumento de carnes blancas, (pollo y pescado). Un incrementodel consumo de estas carnes, en compensación de una disminucion igual del consumo de carne roja, se asoció con una reducción significativa (3%-20%) del riesgo de cánceres de esófago, hígado, colon, recto, pulmón y pleura".

Por supuesto, mucha investigación es todavía necesaria, pero cada día tenemos más evidencias de que las carnes rojas no nos ayudan para prácticamente nada, mientras que el pollo sí que lo hace.