A pesar de ser una de las enfermedades neurodegenerativas más comunes (la segunda después del Alzheimer), poco sabemos acerca del párkinson. Según la Federación Española del Párkinson, actualmente en España hay 160.000 enfermos. Esto supone que un 0,34% de la población la sufre, o lo que es lo mismo, 1 de cada 294 peronas. Es muchísimo más probable que nos toque esta enfermedad que una quiniela. Sus causas no son del todo entendidas a la perfección. Se sabe que se debe a la muerte de las neuronas dopaminérgicas. encargadas de producir un neurotransmisor llamado dopamina. Es por esto que su tratamiento fundamental consiste en la administración al paciente de una molécula llamada levodopa. Ésta es la encargada de 'romperse' dentro de nuestro cerebro, liberando la dopamina que no se genera naturalmente.

Por qué no administramos dopamina

Ojalá todo fuera tan fácil. El problema es que nuestro cerebro tiene un sistema de protección conocido como la barrera hematoenceálica. Mientras que en el resto del cuerpo nuestros vasos sangúineos son permeables prácticamente para cualquier cosa, algo fundamental para suministrar nutrientes a las células, nuestro cerebro es mucho más selectivo con lo que entra dentro de él. Es por esto que los vasos sanguíneos de este órgano están recubiertos de una capa especial que restringe la entrada a las moléculas que no están 'diseñadas' para pasar. La dopamina es una de esas sustancias que no puede atravesarla, lo que provoca que sea necesario diseñar un medicamente que sí lo logre y que, una vez dentro del cerebro, libere la dopamina en su forma últil. Es exactamente esto lo que hace la levodopa.

"La vitamina D puede ser una potencial terapia complementaria para mejorar esos síntomas"

Los pacientes de la enfermedad de Parkinson sometidos a este tratamiento experimentan una notable mejoría, si bien tenemos que tener en cuenta que ésta es una afección degenerativa, sin cura y que siempre va a más, al menos de momento. Hay diferentes teorías acerca de por qué mueren las neuronas dopaminérgicas, siendo discutido si se debe a un problema autoinmune, en el que nuestras defensas identifican estas neuronas como 'hostiles', o por la acumulación de proteínas y otras toxinas en el interior de estas células, con la creación de los conocidos como 'cuerpos de Lewy'.

El síntoma característico de esta enfermedad son los tamblores descontrolados, no regulares. Pero no son los únicos. Se ha documentado que el primero de los síntomas, que surgen años antes de que la enfermedad alcance su máxima expresión, es la pérdida o disminución del sentido del olfato. Una vez comienza la enfermedad, los pacientes sufren alteraciones y cambios de su estado de ánimo, con la aparición de depresiones, mayor frecuencia de las caídas, ansiedad, reducción de la densidad ósea de la columna vertebral y alteraciones del sueño.

Foto: iStock
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Ahora, los investigadores Chung-Feng Liu, Jing Chen, Kai Li, Cheng-Jie Mao, Jin-Ru Zhang y Hui-Yung Zhang del Suzhou Clinical Research Center of Neurological Disease en China, han elaborado un estudio científico en el que han conseguido relacionar los síntomas menos visibles de esta enfermedad, como las alteraciones del sueño, la pérdida de masa ósea o las alteraciones del estado de ánimo con unos bajos niveles de vitamina D. Todavía hace falta más investigación, dado que como ya hemos explicado con anterioridad, una correlación no implica causalidad. Podría ser que la enfermedad provoque una reducción de los niveles de esta vitamina, que a su vez provoquen los síntomas, o que la patología cause los síntomas y también la reducción de los niveles de vítamina D y éstos no tengan nada que ver con los síntomas.

Como explica uno de los autores principales del estudio, el doctor Chung Feng Liu: "Diversos síntomas no motores de la enfermedad de Parkinson suponen una gran carga, tanto para los pacientes como para aquellos que se ocupan de sus cuidados. La vitamina D puede ser una potencial terapia complementaria para mejorar esos síntomas que hasta ahora se han ignorado".