Quizás en algún momento hayas padecido de piedras en el riñón. También puede que seas uno de esos afortunados que jamás ha experimentado las molestias y dolor que causa esta complicación. En cualquier caso, conviene estar atento a sus posibles síntomas para ser capaz de detectarlas y ponerlos en las manos apropiadas para que un diagnóstico lo confirme y nos proporcionen las pautas adecuadas para su eliminación.

Pero ¿qué es exactamente una piedra en el riñón? ¿Todas son iguales? Lo cierto es que como nos explican en el portal Médico MedlinePlus, “una piedra o un cálculo renal es una pieza sólida de material que se forma en el riñón debido a sustancias presentes en la orina”. Su tamaño puede corresponder al de un grano de arena o incluso ser tan grande como una pelota de golf, pero estos últimos casos no suelen abundar.

Afortunadamente la mayoría de las piedras renales se eliminan a través de la orina sin ayuda médica. Pero cuando presenta un tamaño mayor puede resultar difícil de eliminar. “Puede atorarse en las vías urinarias, bloquear el flujo de orina y causar un gran dolor”, detallan en esta web.

Foto: iStock
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Por supuesto, la presencia de una piedra en el riñón suele llevar asociados una serie de síntomas que delatan que algo está ocurriendo. En concreto, las personas que padecen cálculos renales suelen quejarse de problemas como fiebre y escalofríos, orina que huele mal o con aspecto turbio, ardor durante la micción e incluso un dolor constante en la espalda o en el costado, entre otros.

Cálculos renales por oxalato de calcio, los más comunes

No podemos caer en el error de pensar que todas las piedras son iguales. No en vano, podemos hablar de diferentes clases. Sin embargo, el tipo más común se forma a partir de calcio y oxalato. “El tratamiento individual para las piedras depende del tipo de cálculo”, precisan en National Kidney Foundation, dedicada al estudio de las enfermedades del riñón.

Según este organismo, a veces basta la adopción de una dieta especial para evitar la formación de más cálculos renales. En otras ocasiones, también será preciso acompañarla de la ingesta de ciertos medicamentos. Incluso es posible que sea necesario someterse a un tratamiento de ondas de choque para romperlos en fragmentos pequeños ya que, de este modo, podrán salir con más facilidad. Incluso puede que sea precisa una cirugía para extraer los cálculos.

No debemos reducir el calcio en nuestra dieta por el temor a volver a desarrollar una piedra

Sin embargo, no debemos reducir el calcio en nuestra dieta por el temor a volver a desarrollar una piedra de estas características. “Es posible que no tenga que limitar una cantidad significativa de calcio con la comida. Es importante que hable con su médico y su dietista sobre la cantidad correcta de calcio que debe ingerir. Las dietas bajas en calcio durante períodos prolongados pueden producir pérdida de la masa ósea u osteoporosis”, resaltan en la web de esta Fundación.

Si somos de los que acostumbramos a tomar suplementos de calcio, puede que debamos barajar dejar atrás esta costumbre. “Es posible que el calcio de los suplementos dietéticos puede no ser tan eficaz para reducir su riesgo de volver a tener un cálculo de calcio, como lo es el calcio que aportan los alimentos. La mejor manera de asegurarse de obtener suficiente calcio es procurar que su alimentación incluya suficientes alimentos ricos en este mineral como son la leche, el queso y el yogur”, afirman en el portal de información médica NCBI.

Quienes crean que la leche de almendra y otras de origen vegetal, como la de soja, puden convertirse en una buena fuente de calcio quizás deban reconsiderar su consumo pues también tienen oxalato. "Se suele advertir a quienes tienen antecedentes de cálculos de oxalato de calcio que eviten los alimentos con alto contenido de oxalato. Por lo tanto, la leche de vaca que no contiene oxalato, pero aporta el calcio necesario, sería una buena alternativa", declaran desde el portal de la Clínica Mayo.

¿Qué alimentos debemos evitar?

Así, desde un punto de vista dietético podemos hacer mucho. No en vano, algunas investigaciones aseguran que reducir la ingestión de alimentos ricos en oxalato puede reducir el riesgo de que se forme otro cálculo de estas características. Desafortunadamente no se suele advertir de su presencia en etiquetado alguno, así que debemos empaparnos bien acerca del tema para no meter la pata en el supermercado. “Entre los alimentos ricos en oxalato se encuentran los cacahuetes, el té, el café instantáneo, ruibarbo, remolacha, frijoles, bayas (moras, frambuesas, fresas, grosellas, etc. ), chocolate, verduras de hoja oscura, naranjas, tofu, boniatos y cerveza tirada”, añaden desde el portal NCBI.

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También debemos evitar el consumo abundante de alimentos o bebidas con mucha fructosa, como refrescos o ketchup, así como tampoco excedernos con los productos enlatados o envasados. Por cierto, no conviene sobrepasarse con alimentos como la carne o el pescado ya que favorecen el desarrollo de los cálculos renales que a más de uno le quitan el sueño.

No podemos pasar por alto que ciertos factores pueden favorecer su desarrollo. Así, debemos prestar especial atención a esta enfermedad en el caso de que tengamos familiares que hayan padecido piedras en el riñón y, por supuesto, haberlos sufrido con anterioridad. Si además no nos hidratamos adecuadamente, tendremos más papeletas de volver a sufrir este problema.