Tenemos asociada la acumulación de tejido graso con el concepto de 'engordar'. En efecto, los kilos de más se acumulan principalmente en 'reservas' adiposas, diseñadas para mantenernos funcionando en situaciones de escasez alimentaria. El problema es que hoy en día, al menos en el mundo desarrollado, no tenemos estas crisis. Dicho de otro modo, estamos diseñados para aguantar un problema que no existe. De nuevo, este es el caso únicamente en el mundo desarrollado, en otros lugares del planeta las reservas energéticas son fundamentales para la supervivencia.

Pero no todas las grasas son iguales. De hecho, existen dos tipos principales: la grasa blanca y la grasa parda. Sería normal imaginarnos que, aunque sean algo diferentes, a fin de cuentas ambas son células adiposas llenas de lípidos, con lo que son 'malas'. Pero no es el caso. La grasa parda se encarga de mantener nuestro cuerpo caliente incluso cuando la temperatura se vuelve gélida. Logra llevar a cabo su cometido gracias al consumo de grasas y azúcares, como si de una calefacción se tratara.

"Aquellos que tienen poca o ninguna grasa parda, tienen una habilidad muy reducida para eliminar los BCAAs"

Pero este órgano, del cual tenemos repartido por nuestro cuerpo algunos gramos (no es la grasa mayoritaria ni muchísimo menos), cumple otras funciones. Una de ella ha sido descubierta y descrita por los investigadores Labros S. Sidossis de la Universidad de Rutgers y otros científicos estadounidenses. Como explican los investigadores, la producción de calor (termogénesis) no es la única función de la grasa parda. Resulta que ésta también interviene activamente en el filtrado de ciertos aminoácidos (los componentes principales de las proteínas) que ingerimos con los alimentos y circulan por nuestro torrente sanguíneo.

Estas moléculas son, específicamente, la leucina, la isoleucina y la valina, también denominadas BCAAs. No son, en absoluto, negativas para nuestro organismo, siempre y cuando su concentración se encuentre entre los límites de la 'normalidad'. Las ingerimos a diario, dado que se encuentran en alimentos de lo más comunes: huevo, carne de ternera, pescado, pollo, leche... Además, son tres de los componentes principales de diversos complementos alimentarios diseñados para deportistas.

Como decíamos, en concentraciones normales, son importantes. No en vano se trata de aminoácidos esenciales que nuestro cuerpo no puede metabolizar por sí mismo y necesita ingerirlos, al igual que pasa con los minerales o las vitaminas. El problema es que diversos estudios las han relacionado con una mayor propensión a desarrollar diabetes y obesidad. La eliminación de los excesos de estos aminoácidos es fundamental para nuestro bienestar, y la grasa parda nos ayuda con eso.

Foto: iStock
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El problema es que no todo el mundo tiene la misma cantidad de grasa parda en su organismo. Como explican los investigadores, "aquellos que tienen poca o ninguna grasa parda, tienen una habilidad muy reducida para eliminar los BCAAs de su torrente sanguíneo, lo que puede conducir al desarrollo de obesidad y diabetes.

Y no solo eso. Por si este descubrimiento fuera poco, los investigadores también han resuelto un misterio que llevaba investigándose más de 20 años: cómo los BCAAs entran dentro de las mitocondrias de nuestras células (las 'centrales energéticas'). Descubrieron una nueva proteína (llamada SLC25A44) que controla la velocidad a la que se utilizan los BCAAs, que son, a su vez, usados por la mitocondria para producir calor y energía.

"Los suplementos alimentarios con BCAAs pueden beneficiar a aquellos con mucha grasa parda"

"Nuestro estudio explica la paradoja de que los suplementos alimentarios con BCAAs pueden beneficiar a aquellos que tienen abundantes células de grasa parda en su organismo, pero pueden ser negativos para otros que tienen la 'grasa parda' impedida, como los ancianos, las personas obesas y los pacientes de diabetes", explica el profesor Labros S. Sidossis, coautor del estudio científico.

Este descubrimiento ha abierto una nueva vía de investigación médica, diseñada para determinar si el consumo de BCAAs puede ser controlado por factores ambientales (como la exposición a temperaturas menores a 18 ºC, el consumo de comidas picantes o por medicamentos. En el caso de que estas investigaciones proporcionasen resultados positivos, se podría mejorar los niveles de azúcar en sangre que están relacionados con la diabetes y la obesidad.