Una de cada cuatro personas experimenta a lo largo de su vida algún trastorno no físico en nuestro país, siendo el más común la depresión, según un reciente informe del Instituto de Salud Carlos III. Y por otro lado, los datos del estudio ENPE indican que el 39,9% de los españoles padecen sobrepeso y el 21% obesidad. Hablamos por tanto de dos asuntos de salud pública que requieren atención urgente, y son muchas las investigaciones en marcha para abordar sus causas, sus efectos y sus tratamientos.

Pero ¿existe relación entre ellos? ¿Está ligada la depresión al peso? Los expertos dicen que sí e incluso lo cuantifican. Acaba de salir a la luz un estudio que afirma que tener un sobrepeso de grasa corporal de diez kilos incrementa un 17% el riesgo de sufrir depresión. El trabajo lo han llevado a cabo científicos de la Universidad Aarhus y del Hospital Universitario de Aarhus, en Dinamarca, y lo ha publicado 'Translational Psychiatry'.

"El lugar donde se sitúe el exceso de grasa no modifica el riesgo de depresión", Dr. Dinesen

Su autor principal, el doctor Søren Dinesen Østergaard, profesor del departamento de Medicina Clínica en dicha universidad, afirma que "nuestro estudio indica, además, que la localización de la grasa en el cuerpo no supone una diferencia respecto a ese riesgo de depresión". Para llevarlo a cabo han contado con datos de UK Biobank, un gran estudio británico con 500.000 participantes que tiene en cuenta los factores genéticos y medioambientales a la hora de estudiar las enfermedades. Además de estos componentes, el estudio ha tomado en consideración nada menos que 21 medidas antropométricas. Muchos trabajos sobre obesidad miden fundamentalmente el índice de masa corporal y, como el profesor Dinesen señala, "es un modo impreciso de medir el sobrepeso y la obesidad. Muchos atletas con gran masa muscular y poquísima grasa corporal tienen un índice de masa corporal superior a 25, lo que inmediatamente los clasifica como obesos. Obviamente esto no tiene sentido. Uno de los puntos fuertes de nuestra investigación es que hemos podido observar muy de cerca la relación específica entre la cantidad de masa corporal y el riesgo de depresión".

Foto: iStock.
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Para adentrarnos más en este tema, hemos hablado con Alfonso Méndez, psicólogo y coordinador de la Unidad de Obesidad del Instituto Centta. Nos comenta que "hay bastante evidencia científica que demuestra esa asociación e incluso me atrevería a decir que es una relación bidireccional. Hay muchos casos de obesidad en los que termina desarrollándose posteriormente una depresión; y también hay muchos de depresión que evolucionan hacia situaciones de sobrepeso y de obesidad. Hay que estudiar más esta relación causal y por supuesto hacer un análisis individual de cada persona, porque en determinadas circunstancias lo que en uno puede ser la causa en otro es la consecuencia".

El doctor Dinesen apunta a raíz de su trabajo que "conocemos las consecuencias físicas de la obesidad, como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, pero sin duda existe también un componente psicológico que necesita ser tenido en cuenta y tratado. Una imagen corporal negativa y una baja autoestima son fuerzas impulsoras de la depresión, por lo que los esfuerzos por combatir la sociedad no deben ser estigmatizados, ya que esto solo agravaría el problema".

"Dependiendo de cómo nos sintamos por dentro, así nos vamos a ver en el espejo", Alfonso Méndez

En la misma línea, Alfonso Méndez señala que “todavía hay cierto estigma y muchos intereses creados para asociar el problema de la obesidad con trastornos psicológicos. Asegurar de forma pública esta idea, puede generar cierta alarma, pero para los profesionales que trabajamos en ese campo lo podemos ver a diario. Hay gente que acude en busca de ayuda profesional para perder peso y cuando se comienza a trabajar, aparecen factores asociados a su relación con la comida que nada tienen que ver con su demanda inicial".

Foto: iStock.
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¿De qué manera una imagen corporal con la que no estamos a gusto, un exceso de peso que no podemos controlar, puede afectarnos psicológicamente hasta originar un problema? Méndez contesta que "todo va a depender de las expectativas que la persona se cree sobre sí misma. Y en ese proceso influye mucho la sociedad, el grupo al que mira, la publicidad que recibe, todas esas imágenes que nos llegan de los medios de comunicación, del marketing... Parece que para tener éxito tienes que ser de una determinada manera, pero luego, por el lado contrario, nos están bombardeando con comida basura, insana. Es todo muy caótico y no hace falta tener una imagen corporal demasiado distorsionada para caer en este tipo de hábitos perniciosos. En el momento en que tú te creas que no eres suficiente para algo ya vas a distorsionar tú mismo tu imagen. Y la forma de vernos termina por ser una proyección de nuestro mundo interior. Dependiendo de como yo me sienta por dentro, me voy a ver en el espejo".

Los profesionales y el tratamiento adecuado

Hace unos años, un equipo de científicos dio un paso importante en el análisis de este binomio obesidad-depresión. Se realizó en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) de la Universidad de Granada y también tenía mucho que ver el factor genético. De hecho, descubrieron que la depresión modifica el efecto de un gen concreto (el FTO), que actúa inhibiendo la sensación de saciedad sobre el índice de masa corporal. Una confirmación más de lo que se apuntaba al inicio, que además de consecuencia, puede ser también causa.

Foto: iStock.
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Una vez que somos conscientes de que nuestra imagen corporal no solo no es la deseada sino que además de un riesgo físico nos supone un problema psicológico, ¿qué deberíamos hacer? Alfonso Méndez indica que "yo recomendaría acudir a un centro especializado en pérdida de peso donde se trabaje de forma interdisciplinar, que no multidisciplinar. Esto es, donde los diferentes profesionales que puedan atender el caso (un dietista nutricionista, un psicólogo, un preparador físico, un médico...) estén en constante comunicación, como equipo. No es lo mismo acudir por tu cuenta a un dietista nutricionista y luego a un psicólogo sin que se conozcan entre ellos a que esos especialistas trabajen juntos y tengan un contacto diario, comentando los casos y a través de sesiones clínicas".

Preguntamos al especialista en qué suele consistir el tratamiento: "Lo primero que hacemos es una evaluación, vemos cuál es la historia de la persona, cuáles han sido los tratamientos anteriores, por qué han fracasado. Y una vez hecho esto, cuando nos ponemos a trabajar, lo que intentamos es normalizar la ingesta. Me refiero a eliminar los hábitos disfuncionales, que le están causando una imposibilidad para bajar peso; y paralelamente trabajamos su propia historia personal, las expectativas... Vemos cómo está comiendo en ese momento, porque eso nos da mucha información sobre patrones que se están desarrollando... Y luego lo que vaya apareciendo... No hay una pauta general. Hay personas que requieren una intervención más conductual, simplemente cambiar hábitos y revisar ciertos aspectos; y hay otras en las que hay que hacer un trabajo mucho más emocional, porque es la propia emoción la que le dispara esa sensación de hambre".