Cuida tu boca y estarás protegiendo tu corazón, tu cerebro o tus pulmones. La relación entre la salud bucodental y el desarrollo de ciertas enfermedades ha quedado establecida en varias investigaciones científicas.

Entre todos los trastornos que afectan a los dientes o las encías, uno de los más frecuentes es la gingivitis. Se trata de una enfermedad bacteriana que provoca inflamación y sangrado de las encías y que es la antesala de la periodontitis, un trastorno más grave que puede ocasionar la pérdida de los dientes.

La Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) reconoció hace dos años durante un curso de verano de El Escorial que “hay evidencias consistentes de que al menos 54 enfermedades sistémicas guardan una relación con la periodontitis, una vinculación que según las patologías y los estudios publicados es más o menos sólida y fuerte. La infección y la inflamación que caracteriza a la periodontitis hace que, por diferentes medios, esta enfermedad presente en la cavidad bucal se extienda a otras partes del organismo, actuando como una enfermedad sistémica”.

En el mundo hay 750 millones de personas con periodontitis, una de las enfermedades más prevalentes. En España, se estima que 8 de cada 10 personas mayores de 35 años tienen algún tipo patología periodontal (gingivitis y periodontitis principalmente). Y las cifras apuntan además a que el 40% de la población laboral nacional de entre 35 y 40 años tiene ya el trastorno.

"54 enfermedades sistémicas guardan una relación con la periodontitis", según la SEPA


Ahora llegan dos nuevos estudios que constatan que la mala salud bucal se asocia a una disminución de la calidad de vida, depresión, hipertensión y deterioro cognitivo, tal como constatan dos trabajos de la Universidad de Rutgers llevados a cabo por Darina Petrovsky, Bei Wu y Wei Yu Mao, que acaban de ver la luz en el 'The Journal of the American Geriatrics'.

Foto: iStock.
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La asociación entre declive intelectual y el estado de la boca ya ha quedado establecida en ensayos anteriores, como el publicado en 'Plos One' por Jianfeng Luo. Llevado a cabo con 3.063 adultos mayores de 60 años o más pertenecientes al Estudio de Envejecimiento de Shanghái, constató que la pérdida de dientes (en este caso más de 16) se asoció con un deterioro cognitivo severo entre los adultos mayores chinos. “La mala salud bucal podría considerarse como un factor relacionado de síntomas neurodegenerativos entre la población china de mayor edad”, aseveran los autores.

En alzhéimer

Clásicamente se creía que el cerebro estaba protegido por la barrera hematoencefálica, pero actualmente se sabe que las células inmunológicas, los mediadores inflamatorios y los microbios (incluidos los periodontales), que están en el organismo, pueden traspasarla. Los estudios han constatado niveles altos en sangre de anticuerpos de microorganismo periodontales como Aggregatibacter actinomycetemcomitans, Tannerella forsythia, Treponema denticola y Porphyromonas gingivalis en personas con alzhéimer. Precisamente, un trabajo publicado en 'Science Advances' confirma la presencia de Porphyromonas gingivalis, uno de los patógenos con más peso dentro de la citada enfermedad bucal, en el cerebro de los pacientes afectados.

En declaraciones a Alimente, el doctor Rafael Arroyo, jefe del departamento de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo, detalla "que la investigación de 'Science Advances' es una revisión muy actualizada y extensa sobre la hipótesis de que la periodontitis por infección bacteriana puede jugar un papel en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer".

El experto aclara que "se está estudiando si la bacteria anaeróbica denominada P. gingivalis, que se encuentra en algunas personas con periodontitis, pudiera formar ciertas toxinas que favorecen el desarrollo de la enfermedad neurológica a través de una muerte de neuronas de forma temprana".

En la nueva investigación, los científicos exploraron la relación entre la mala salud bucal y el deterioro cognitivo y los efectos del estrés percibido entre 2.700 estadounidenses de origen chino con una media de edad de 72,6 años.

Los datos constatan que un 50% de la muestra afirmó experimentar síntomas de los dientes, el 18,9% informó de síntomas en las encías; un 15,6% declaró tenerlos tanto en dientes como en encías, mientras que un 25% comunicó padecer sequedad bucal.

La memoria

En el primer estudio, aquellos que informaron de síntomas dentales experimentaron disminuciones en la cognición y en la memoria episódica, a menudo precursores de la demencia. En el segundo estudio, los investigadores encontraron que el estrés aumentó los síntomas de sequedad de boca, lo que condujo a una peor salud oral en general.

"Las minorías raciales y étnicas son particularmente vulnerables a las consecuencias negativas de la mala salud bucal", dijo XinQi Dong, director del Instituto de Salud, Política de Salud e Investigación sobre el Envejecimiento de la Universidad de Rutgers.

Además, "tienen menos acceso a la atención dental preventiva que se ve agravada por las barreras del idioma y el bajo nivel socioeconómico. Los chinos estadounidenses mayores tienen un riesgo particular de experimentar síntomas de salud bucal debido a la falta de seguro dental o por no visitar una clínica regularmente".

Según este experto, "la creciente carga de enfermedades de salud oral entre los inmigrantes chinos de más edad señala la necesidad de investigar los factores psicosociales que están detrás".

Reconocen, además, que "se deben hacer esfuerzos para aumentar el apoyo social para aliviar el estrés y los problemas de boca seca resultantes. Estos esfuerzos pueden ayudar a preservar la salud y el bienestar de los adultos mayores y limitar el deterioro cognitivo".

Foto: iStock.
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"La mala salud bucal es una de las principales preocupaciones entre los estadounidenses de edad avanzada. En nuestro estudio, la tasa de prevalencia de la boca seca es seguida por la diabetes y las enfermedades cardiacas. Nuestros hallazgos demuestran la importancia de estudiar el vínculo entre el estrés y el trastorno en esta población vulnerable", aclara Weiyu Mao, profesor asistente de la Escuela de Trabajo Social en la Universidad de Nevada, Reno.

"Las estrategias de intervención deben expandirse más allá de los factores de riesgo comunes, como las condiciones de salud y los comportamientos relacionados con la misma y dar cuenta de los determinantes psicosociales, incluido el estrés y el apoyo social, para promover una mejor salud oral y reducir las disparidades de la misma en esta población".

Se suma a ello que esta "investigación crea conciencia crítica para los proveedores dentales y de atención médica sobre el papel del estrés percibido en los síntomas de boca seca", agregó Dong. "Trabajando todos en colaboración, se pueden identificar mejor los síntomas de salud bucal así como factores de riesgo de deterioro cognitivo en esta población vulnerable que está aumentando rápidamente. El enfoque principal debe incluir la promoción de una salud bucal óptima y mejorar la calidad de vida".

Actualmente, tal y como reconoce el doctor Arroyo, "se está estudiando en modelos animales con ratones si bloquear la toxina que genera la bacteria de la gingivitis pudiera tener una repercusión y aplicabilidad futura en las personas. Es siempre una buena noticia que haya nuevas posibles vías de tratamiento para la enfermedad de Alzheimer, pero hay que conocer que trasladar los modelos en animales a los pacientes requiere de una gran complejidad y muchos años de investigación clínica en seres humanos".