Somos lo que comemos, física y mentalmente. En los últimos años, la ciencia ha puesto el foco en la relación entre el estado nutricional y la salud mental.

Como aclaran Mónica Martín y Äna González, del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), en la revista 'Actas Españolas de Psiquiatría', “los mecanismos por los que la nutrición afecta a la salud mental son variados. El cerebro humano presenta una alta tasa metabólica, por lo que utiliza un elevada proporción de nutrientes y de energía; su adecuada estructura y funcionamiento dependen del conveniente aporte de nutrientes, tales como aminoácidos, grasas, vitaminas, minerales y otros micronutrientes. Además, los hábitos alimenticios modulan el funcionamiento del sistema inmune que a su vez influye en el riesgo de depresión”.

"La investigación analizó 33 metaanálisis de ensayos científicos controlados y aleatorizados"

Ahora, la revisión más grande del mundo sobre evidencia científica de primer nivel (una metasíntesis que examinó 33 metaanálisis de ensayos controlados y aleatorios) acaba de establecer el ‘gold standard’ de la suplementación nutricional en el manejo de distintas enfermedades mentales, tal y como recoge la revista 'World Psychiatry' en su último número.

Precisamente, hace dos años, científicos españoles de Hospital Universitario Central de Asturias publicaban un revisión en 'Psiquiatría Biológica' que constataba: “Los ácidos omega 3 pueden figurar hoy en día como un agente coadyuvante más para el tratamiento de la depresión, siendo avalada esta recomendación por varios metaanálisis que implican un alto nivel de evidencia, lo que ha motivado que su uso sea contemplado por guías clínicas o recomendaciones de expertos”.

Algunos metaanálisis “han encontrado una superioridad del ácido eicosapentaenoico (EPA) frente al ácido docosahexaenoico (DHA) y recomiendan una mayor proporción del primero en los suplementos si se eligen los omega 3 como agentes coadyuvantes en el tratamiento antidepresivo”, se insiste en el artículo.

Foto: iStock.
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Dieta inadecuada

La nueva investigación, que ha contado con 10.951 personas con trastornos de salud mental, incluyendo depresión, estrés y ansiedad, trastorno bipolar, trastornos de la personalidad, esquizofrenia y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), aclara: “Existe suficiente evidencia de que las personas con trastornos mentales tienen un consumo excesivo de alimentos con alto contenido en grasas y azúcares, así como una ingesta inadecuada de alimentos ricos en nutrientes en comparación con la población general”.

Además, “aunque los efectos secundarios metabólicos y hormonales de los medicamentos psicotrópicos pueden afectar al consumo de alimentos, la nutrición inadecuada parece estar presente incluso antes de los diagnósticos psiquiátricos. Por ejemplo, en la depresión parece que una mala dieta precede y actúa como un factor de riesgo para el inicio de la enfermedad. De manera similar, en los trastornos psicóticos, son evidentes diversos déficits nutricionales incluso antes del tratamiento antipsicótico”, aclaran los investigadores .

Los suplementos se usan típicamente en un intento por complementar una dieta inadecuada (o niveles plasmáticos bajos medidos de un nutriente), para lograr la ingesta de niveles de nutrientes recomendados, para administrar algunos específicos a dosis mayores que las encontradas en una dieta típica, para supuestos beneficios fisiológicos; proporcionar nutrientes en formas más biodisponibles para individuos con diferencias genéticas o problemas de salud relevantes, que pueden resultar en una absorción deficiente de los mismos.

Los suplementos pueden ser fabricados sintéticamente o directamente derivados de los alimentos, por lo general incluyen sustancias como vitaminas (por ejemplo, ácido fólico o vitamina D), minerales dietéticos (zinc o magnesio), pre/probióticos (de cepas específicas de bacterias intestinales), ácidos grasos poliinsaturados (generalmente como aceites de pescado omega 3) o aminoácidos ( N-acetilcisteína o glicina).

El trabajo destaca que aunque la mayoría de los suplementos nutricionales evaluados no mejoraron significativamente la salud mental, los investigadores encontraron evidencia sólida de que ciertos suplementos son un tratamiento adicional efectivo para algunos trastornos mentales.

Se constató, además, que los suplementos nutricionales eran seguros cuando se cumplían las dosis recomendadas y las instrucciones prescriptivas y no había evidencia de efectos adversos graves o contraindicaciones con medicamentos psiquiátricos.

Foto: iStock.
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Las evidencias

La evidencia más sólida se encontró para los suplementos de omega 3 como un tratamiento adicional para la depresión severa, reduciendo los síntomas de la misma más allá de los efectos de los antidepresivos solos. Hubo alguna evidencia que sugiere que estos suplementos también pueden tener pequeños beneficios para el TDAH.

Uno de los resultados a destacar es que “se constató una evidencia emergente para el aminoácido N-acetilcisteína como una terapia adyuvante útil en los trastornos del estado de ánimo y la esquizofrenia”.

Esta sustancia se prescribía como mucolítico y se observó su potencial en el tratamiento de la adicción al cannabis. La actual investigación de su uso en personas con psicosis se basa en su posible efecto neuroprotector gracias a su efecto antioxidante.

En la esquizofrenia se ha establecido que existe un desequilibrio entre factores antioxidantes y prooxidantes en favor de la oxidación. La N-acetilcisteína es un precursor del glutatión, uno de los antioxidantes cerebrales más potentes. Los pacientes afectados, al igual que los que sufren deterioro cognitivo o demencia, tienen menores cantidades que la población sana de glutatión.

Otros datos apuntan a que los tipos especiales de suplementos de folato pueden ser efectivos como tratamientos complementarios para la depresión mayor y la esquizofrenia; sin embargo, el ácido fólico no fue efectivo. Asimismo, no hubo pruebas sólidas de que los omega 3 sirvan para la esquizofrenia u otras afecciones de salud mental, a excepción, como hemos dicho anteriormente, de la depresión. Tampoco es convincente la evidencia que respalda el uso de vitaminas (como E, C o D) y minerales (zinc y magnesio) para cualquier trastorno mental.

Mirando hacia el futuro

El autor principal de la nueva investigación, Joseph Firth, reconoce: "Si bien ha habido un interés por el uso de suplementos nutricionales en el tratamiento de enfermedades mentales, el tema a menudo es bastante polémico y está rodeado de afirmaciones exageradas o cinismo indebido".

En este trabajo, "hemos reunido los datos de decenas y decenas de ensayos clínicos realizados en todo el mundo, en más de 10.000 personas tratadas por enfermedades mentales. Esta gran cantidad nos ha permitido investigar los beneficios y la seguridad de varios nutrientes diferentes para las condiciones de salud mental, en una escala mayor de lo que ha sido posible antes".

"La investigación futura debería apuntar a determinar qué individuos podrían beneficiarse más de los suplementos basados en la evidencia científica y comprender mejor los mecanismos subyacentes para que podamos adoptar un enfoque dirigido al uso de suplementos en el tratamiento de la salud mental", recuerdan los científicos

Y añaden: "El papel del microbioma intestinal en la salud mental es un campo de investigación que está emergiendo rápidamente. Sin embargo, se necesitan más estudios sobre el papel de los 'psicobióticos' en el abordaje de la salud mental".