El estrés, la concentración e incluso nuestro buen humor están estrechamente relacionados con lo que comemos, por este motivo comer bien y con frecuencia hace que tengamos un día productivo. En el año 2005, la Organización Internacional del Trabajo encargó al periodista Christopher Wanjek el libro 'La alimentación en el trabajo', y Wanjek llegó a unas conclusiones que sorprenden teniendo en cuenta que las empresas nunca han utilizado la dieta de sus empleados como principal fuente su productividad.

Concretamente, en este estudio se llegó a la conclusión de que “una nutrición inadecuada da lugar en las empresas de todo el mundo a unas pérdidas de productividad del 20%”. Y asegura que en los países más pobres como India, las enfermedades y muertes debidas a la desnutrición acarrean unos costes que oscilan entre 10.000 y 28.000 millones de dólares de Estados Unidos por año. “Nuestro argumento -señala Wanjek- es que una nutrición adecuada es la base de la productividad, la seguridad, los salarios y la estabilidad laboral en los lugares de trabajo, que son intereses compartidos por gobiernos, empleadores, sindicatos y trabajadores. Las empresas se perjudican a sí mismas al no ofrecer mejores opciones de alimentación".

"Una nutrición inadecuada da lugar en las empresas de todo el mundo a pérdidas de productividad del 20%".

La alimentación, clave en el trabajo

El médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y autor del libro 'Alimentación y el trabajo', Javier Aranceta Bartrina, explica a Alimente la relación entre estos dos factores: “La alimentación y el estado nutricional del trabajador/a están relacionados con la productividad, el absentismo laboral, la calidad de vida y el estado de salud. El primer interés sobre esta temática se centró en el rendimiento laboral, pero un mejor estado nutricional alarga la vida útil del trabajador y disminuye la aparición de patologías prematuras evitables que merman su funcionalidad”.

Por su parte, la técnico de prevención de riesgos laborales especializada en nutrición Carmela de Pablo Hernández señala que “no todos los trabajos son iguales ni precisan del empleado el mismo tipo de preparación. Cada trabajo nos va a ocasionar un tipo de desgaste distinto: físico o psicológico, y dependiendo de ello, nuestro aporte calórico y nutricional será diferente. Debemos hacer que nuestra dieta contenga aquellos alimentos que nos van a proporcionar las calorías y los nutrientes que nuestro cuerpo va a necesitar para realizar las distintas funciones laborales al margen de las funciones metabólicas diarias. Si nuestro trabajo requiere de mucha actividad física, entonces necesitaremos incluir alimentos con alto aporte energético; si, por el contrario, nuestra actividad laboral requiere mayor concentración y menor movimiento físico, entonces necesitamos hacer que nuestra dieta no tenga un alto aporte calórico pero sí contenga las vitaminas y minerales que nuestro cerebro va a necesitar”.

De Pablo afirma que “vamos siendo más conscientes de la importancia que tiene la alimentación en nuestro día a día, en llevar dietas más equilibradas, pero aún nos falta mucho por conseguir: incluir en nuestra dieta diaria la fruta (cinco piezas al día), mayor número de veces semanales que comamos legumbres; aumentar la ingesta de pescado y reducir la ingesta de carne”.

Foto: iStock.
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Según cada puesto laboral

Algunos pasan 8 horas al día sentados frente a un ordenador o en un puesto de trabajo sedentario que no requieren ningún esfuerzo físico. Estas personas necesitan, según una alimentación más ligera, con bajo contenido en grasas, con los nutrientes necesarios para prevenir o recuperar sobrecargas del sistema nervioso. Los alimentos a consumir no deben ser fuertes, ni picantes. Más bien todo lo contrario”.

Sin embargo, en los trabajos de gran esfuerzo físico se debe cuidar especialmente el aporte de energía, para no limitar la capacidad laboral. Por el contrario, en los puestos de gran estrés psíquico, la dieta no requiere cantidades suplementarias de energía, pero sí es preciso un aporte suficiente de aquellos nutrientes que tienen que ver con un buen funcionamiento del sistema nervioso. En cuanto al estrés psíquico, es importante destacar que nuestro cerebro, a pesar de representar tan solo un 2-3% de nuestro peso corporal total, es el responsable del consumo de un 20% de la energía que nos proporciona la dieta.

Aranceta defiende que la alimentación que se tiene que llevar en trabajos que requieren esfuerzo físico es “similar a la de un deportista” y da ejemplos: “Aportes de calidad en la ingesta proteica, hidratos de carbono complejos (integrales o de grano entero) y grasas saludables. Cumplimentar entre 5 y 7 raciones de fruta, verduras y hortalizas. Pautar de manera personalizada los recursos de hidratación como un punto de especial relevancia”. En los que exigen esfuerzo intelectual, continúa, “necesitamos incorporar una dieta nutritiva y de fácil digestión. Mantener un buen estado de hidratación a partir de batidos naturales de fruta sin azúcar, agua, gazpacho, café e infusiones”.

El doctor cree que “es necesario sensibilizar a la población activa en la importancia de este determinante de la productividad y la salud” ya que “puede afectar en la productividad, en la siniestralidad laboral y en el estado de salud a corto y largo plazo”. Y concluye: “Las comidas de negocios, el trabajo a turnos, la preparación de exámenes y otras situaciones especiales o momentos clave podrían optimizarse con un perfil alimentario específico que convendría desarrollar en los programas de salud laboral”.

De Pablo insiste en que “las personas cuyo trabajo implica mucho esfuerzo físico deben llevar una dieta rica en aporte energético pero sin excederse en calorías: legumbres, arroz integral, carne magra, pescados azules, fruta fresca y frutos secos como almendras y nueces; evitando los fritos, los alimentos procesados y envasados y las grasas. Siendo aconsejable cocinarlos al horno, a la plancha, en guisos… para que sea más fácil la digestión. Para los trabajadores que realizan trabajos que supongan un mayor desgaste mental se recomienda una dieta rica en alimentos que favorezcan la circulación sanguínea y un buen funcionamiento del sistema nervioso y del transporte de oxígeno a las células; que sean de fácil digestión y que no se exceda en aporte calórico. Debemos incluir en la dieta aquellos alimentos ricos en vitaminas del grupo B, vitamina E, determinadas sales minerales como potasio, magnesio y zinc, y oligoelementos (selenio, cromo, silicio …) que intervienen en la concentración, en el rendimiento intelectual, en el estado anímico de la persona y en la memoria”.

Foto: iStock.
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Al volante

En cuanto a aquellas personas que trabajan conduciendo en carretera, la experta explica que “debido a los horarios a veces tan irregulares, suelen o bien comer en exceso o por el contrario pasar muchas horas en ayuno, también suelen consumir muchos fritos, ingieren poco líquidos y se exceden en el consumo de café. Es importante que estas personas procuren llevar una comida regular (cinco comidas diarias) evitando hacer cenas copiosas y los fritos. Deberían llevar a mano agua, infusiones... para beber al menos cada hora y procurar llevar ligeros tentempiés como tortitas de maíz/arroz, zanahorias, alguna pieza de fruta… que son de fácil digestión y ayudan a evitar llegar a casa y 'devorar' o 'atracar' el frigorífico. Hay que evitar los alimentos grasos ya que hacen que la digestión sea pesada, aumente el cansancio del conductor y, junto con el aburrimiento que puede ocasionar pasar horas conduciendo, pueda ocasionar somnolencia y provocar un accidente”.

Horarios nocturnos

El 21% de los trabajadores tienen trabajos nocturnos, según la última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 2005. Nuestro cuerpo no funciona igual cuando trabajamos de noche; de hecho, según una guía de buenas prácticas realizada por la doctora especialista en medicina de empresa Silvia Nogareda Cuixart y publicado por el Ministerio de Trabajo, se ve que “algunos parámetros biológicos, como la secreción endocrina, la tensión arterial, las secreciones digestivas y urinarias, la frecuencia cardiaca, etc, funcionan más lentamente durante la noche, especialmente hacia las 23 horas de la madrugada”.

La doctora recomienda que “para conseguir una dieta equilibrada se debería comer diariamente dos raciones del grupo de la carne (carne, pescado, huevos, leguminosas, frutos secos ...), dos raciones del grupo de la leche y derivados (leche, mantequilla, queso ... ), cuatro del grupo de las hortalizas y frutas, y cuatro del grupo del pan y los cereales”. Y añade: “Todo ello debe repartirse a lo largo del día teniendo en cuenta que cada comida debe incluir alimentos de estos cuatro grupos”. También aconseja: “Aligerar el tipo de comida, disminuyendo la cantidad de lípidos y reemplazando los embutidos y fiambres por pollo frío, queso y fruta fresca” .