El alcohol es la droga más consumida en el entorno sociocultural y, además, la que más problemas sanitarios provoca en el individuo. Unos efectos que son de sobra conocidos y que suscitan una alarma social cuando el consumidor todavía no ha alcanzado la mayoría de edad, siendo este además el sector de la población que más recurre a su ingesta. Tal y como han demostrado numerosos estudios en la materia, el alcohol puede desencadenar un descenso notable del desarrollo físico y cognitivo de los jóvenes, en especial todas aquellas funciones relacionadas con el cerebro.

Y esto es solo el principio pues, a diferencia de la creencia popular, los adolescentes no son el colectivo más propenso a experimentar los efectos nocivos del alcohol en el organismo. ¿Tienes más de 40 años? Pues el siguiente artículo te interesa.

El alcohol en la adolescencia

Como ya hemos visto anteriormente, la seguridad que rodea a los menores de edad en lo que a bebidas alcohólicas se refiere se encuentra a la orden del día, a pesar de que el esfuerzo por reducir su consumo apenas tenga impacto alguno. No obstante, resulta fundamental hacerles ver lo peligroso de dicha conducta, sobre todo si tenemos en cuenta su normalización.

Foto: iStock.
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“Durante la adolescencia, las personas jóvenes pueden mostrar comportamientos impulsivos y emocionales debido a los cambios en los niveles hormonales, que a su vez pueden afectar a su capacidad de juicio. La incorporación de alcohol puede exacerbar estas sensaciones con resultados peligrosos”, explican desde la plataforma DRINKiQ. Una actitud que motiva las siguientes cifras: el 75% de los adolescentes entre 12 y 18 años han tomado una copa alguna vez en su vida, mientras que la edad de inicio suele rondar los 13 años. Sin olvidar los famosos atracones de alcohol, cada vez más frecuentes.

Esto genera una serie de riesgos entre los que se encuentran el peligro a desarrollar una dependencia alcohólica en la edad adulta, el deterioro de los sentidos y la percepción visual-espacial, la incapacidad de evitar situaciones de riesgo o el aumento de posibilidades de sufrir un coma etílico, entre otros muchos. Sin embargo, los adolescentes no son los únicos que deben moderar el consumo de alcohol por el bien de su seguridad.

Empeora con la edad

Foto: iStock.
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“La capacidad del cuerpo para procesar alcohol se ralentiza con la edad y una cantidad de alcohol más pequeña puede tener mayor impacto potencial que cuando se es más joven, especialmente si la persona también toma ciertas medicaciones”, alertan desde DRINKiQ. Así lo ha comprobado un grupo de científicos de la Universidad de Florida, en Estados Unidos. El estudio en cuestión alerta sobre la combinación de alcohol y envejecimiento, en especial cuando está en contacto directo con otras funciones como la conducción. Y es que a partir de los 40 años el consumo reducido de alcohol, incluso por debajo de lo permitido, produce cambios significativos en este aspecto.

Los jóvenes son más resistentes que los adultos a los efectos sedantes y a la descoordinación motora

Lamentablemente, no es el único efecto a tener en cuenta. “Los jóvenes son más sensibles al impacto que tiene el alcohol en actividades relacionadas con las funciones de planificación, memoria y aprendizaje, y son más ‘resistentes’ que los adultos a los efectos sedantes y a la descoordinación motora”, recuerdan desde el portal InfoDrogas. Además, puede provocar problemas de equilibrio, dificultad para identificar algunas dolencias relacionadas con el corazón o los vasos sanguíneos, episodios de olvido y confusión, alteración de la función hepática o la complicación de enfermedades del aparato digestivo, osteoporosis, diabetes, úlceras o trastornos del estado de ánimo.

Problemas que la gente suele vincular al envejecimiento, pero que en realidad puede ser consecuencia del tratamiento que el organismo hace del alcohol según la edad del paciente. El cuerpo humano cambia constantemente, así como su tolerancia a estas sustancias, mucho más sensible en mujeres que en hombres.

¿Y qué ocurre con la tercera edad?

Foto: iStock.
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“A medida que las personas envejecen, la cantidad de agua presente en sus cuerpos disminuye y también la cantidad de sangre en su organismo. Además, las personas ancianas alcanzarán mayores niveles de concentración de alcohol en sangre más rápidamente que en su juventud y una pequeña cantidad de alcohol puede afectarles mucho más que antes”, aseguran desde DRINKiQ. Por lo tanto, el consumo de alcohol a estas edades está relacionado con el desarrollo de diferentes enfermedades, tanto a nivel físico como psíquico, que podrían perjudicar notablemente su estado de salud.

Esta sustancia está detrás de posibles déficits vitamínicos, anemias, enfermedades cardiovasculares, alteraciones de la memoria, disminución de la coordinación de los movimientos, un riesgo elevado de sufrir caídas o incluso diagnósticos de importancia como cirrosis hepática, pancreatitis o hepatitis. “En los ancianos, estos problemas suelen desarrollarse de una forma mucho más rápida que en otros grupos de edad, de ahí que sea especialmente importante llevar a cabo una detección y tratamiento precoces en esta población”, alerta también la psicóloga Lourdes Conte en el portal Mundo Psicólogos.