Los desconocidos dan asco. No de forma metafórica, sino literal. Según un estudio de los investigadores Carl. P. Borchgrevink, Jae Min Cha y Seung Hyun Kim publicado por el 'Journal of Environmental Health', de la Asociación Nacional de Salud Ambiental (NEHA) estadounidense, solo un 5% de las personas se lavan correctamente las manos después de usar el baño, el 33% no usa jabón y el 10% no tiene la decencia de hacer ni siquiera el amago de lavárselas. Esto nos lleva a dudar de la higiene de gran parte de la población, pero el gran problema no es lo que sabemos, sino lo que no.

Hay actividades del día a día que nos ponen a tiro de algunos de los gérmenes más peligrosos que podemos encontrar. Por ejemplo, aunque alejado del terreno de la nutrición, está demostrado que el secador de aire de los baños públicos contiene hasta 18.000 bacterias más que los dispensadores de toallas de papel. Por supuesto, esto no es bueno, pero peor son los focos de infección que ni sospechamos que lo sean en la alimentación. Para evitarlos, deberemos tener cuidado con las siguientes actividades que a primera vista parecen de lo más seguras.

La tarta de cumpleaños

Soplar y escupir no son conceptos tan alejados. (iStock)
Soplar y escupir no son conceptos tan alejados. (iStock)

¿Por qué un simple pastel de celebración puede tener más riesgo que cualquier otro tipo de alimento? La diferencia está en las velas. No en la cera que las compone ni tampoco en la punta en combustión, sino en la boca del cumpleañero. Al igual que sabemos que la boca de un perro está llena de gérmenes, las nuestras no es que sean ninguna patena. Los investigadores de un estudio realizado por el propio 'Washington Post' descubrieron que en el simple acto de soplar las velas se añaden al pastel 3.000 bacterias extra, lo que hace un total (con las que ya había) de 37.000. Una parte considerable de ellas son la famosísima Escherichia coli (E. coli), tan peligrosa que en 2011 casi media centena de alemanes perdieron la vida por esta infección.

Mojar dos veces

¿Tienes solo un par de nachos y todavía muchísimo guacamole? Tal vez te plantees reutilizar el nacho un par de veces para poder aprovechar la salsa todo lo posible, pero por el bien de la salud pública y la de aquellas personas queridas con las que estés compartiendo tan delicioso condimento, no lo hagas. El término original (en inglés) es 'double-dipping' o algo así como 'mojada doble'. El problema es, como es fácil imaginar, que aunque hayamos roto, al morder, la parte del nacho que ha estado en contacto con nuestra boca, tanto los dedos como el resto del nacho queda inevitablemente impregnado con pequeñísimas partículas de saliva cargadas de bacterias. Por cada vez que lo hagamos, podemos añadir hasta 1.000 bacterias al guacamole, por lo que a partir de ese momento, en vez de salsa lo podremos llamar 'caldo de cultivo'. Es muy posible que nosotros no realicemos esta práctica, pero seguro que en alguna ocasión nos hemos encontrado con alguien que sí. Desde ahora podremos ordenarle que se detenga y que no lo haga más, porque a fin de cuentas, es de egoistas insalubres.

Hielos y limones

Si se ponen con pinzas es por una razón. Da igual que la temperatura de uno sea negativa en la escala celsius o que el otro sea extraordinariamente ácido: transportan las bacterias tanto de quien los ha cortado como de todo aquel que los ha tocado con las manos. En 1987 un norovirus presente en cubitos de hielo de producción industrial enfermó a más de 5.000 personas en Estados Unidos. Los investigadores probaron en un laboratorio: inocularon E. coli a las manos de los voluntarios y les ordenaron servir unas bebidas. ¿El resultado? Más de 6.000 bacterias por bebida, en todas y cada una de ellas.

Las cartas

¿Por cuántas manos habrán pasado estas cartas? (iStock)
¿Por cuántas manos habrán pasado estas cartas? (iStock)

Jamás se nos habrá pasado por la cabeza pero... ¿alguien ha visto desinfectar la carta de un restaurante alguna vez en la vida? Desde las sartenes a los propios fogones se frotan con ahínco hasta que quedan limpias de verdad, pero eso jamás ocurre con los menús. Además, dependiendo de como de popular sea el restaurante, cada uno puede pasar por las manos de decenas de personas todos y cada uno de los días. Y no es solo en su parte más exterior, sino en todas y cada una de las páginas. Los investigadores encontraron en las cartas de los 108 restaurantes que analizaron una media de 2.000 patógenos, ¡por página! Dan ganas de llevar guantes todo el rato.

Compartir comida

Tal vez la más obvia de todas. Cuando un conocido que es tan solo eso, un conocido, nos pregunta si puede robarnos una patata, tal vez decirle que sí sea la peor decisión para nuestra salud. Si esto nos ocurre en la mesa, el problema es que es muy probable que nosotros estemos comiendo con tenedor y cuchillo, mientras que quien se aprovecha de nuestra generosidad utilice sus propias manos. Esto propicia que seamos nosotros lo que suframos el mayor grado de contaminación. Por supuesto depende del alimento. Los investigadores descubrieron que más de 70.000 bacterias por mililitro de sopa se transmitían si se insertaba en ella una cuchara que anteriormente había estado en la boca de una persona. Ya lo sabíamos de pequeños, aunque todos los adultos nos decían lo opuesto: compartir es malo.