Oímos la palabra pancreatitis y nos echamos a temblar. En realidad, se trata de una enfermedad que, tanto en su versión aguda como crónica, tiene un buen tratamiento. Descubre cómo se puede tratar.

¿Qué es?

La pancreatitis es una inflamación en el páncreas (glándula larga y plana que se ubica detrás del estómago, en la parte alta del abdomen). Puede ser aguda, cuando se presenta de forma repentina, o crónica. Existe, no obstante, la llamada pancreatitis auto inmunitaria, que es infrecuente y causa inflamación crónica debido a que es el propio sistema inmune el que ataca al mencionado órgano. Existen dos tipos: el 1 y el 2.

¿Cuáles son sus causas?

La patología biliar y el alcoholismo son responsables de más del 80% de los casos de pancreatitis aguda. Varios episodios de este tipo de pancreatitis pueden dar lugar a su cronificación. La pancreatitis tiene lugar cuando las enzimas digestivas se activan mientras están en el páncreas, lo que irrita las células del mismo y provoca su inflamación. Algunos de los motivos que también pueden desencadenar la enfermedad son: el tabaquismo, el consumo de ciertos medicamentos (sobre todo, sulfamidas, diuréticos tiazídicos y azotioprina), infección, niveles altos de triglicéridos o de calcio en sangre, antecedentes familiares, haber pasado por una cirugía abdominal, tener glándula tiroidea hiperactiva u obstrucción de los conductos que drenan las enzimas del páncreas, así como padecer fibrosis quística.

¿Cuáles son los principales síntomas?

Pueden variar, pero en los casos de su presentación aguda suelen ser: vómitos, náuseas, dolor en zona abdominal o que se extiende a la espalda y que empeora tras comer. Asimismo puede causar taquicardia. En los casos crónicos se puede sentir dolor abdominal superior, heces de aspecto aceitoso y maloliente, así como pérdida de peso involuntaria.

¿Cómo se diagnostica?

Hay varias pruebas que se recomiendan en el caso de sospechar una pancreatitis: análisis de sangre y de orina para detectar niveles elevados de enzimas pancreáticas, o de heces, cuando se cree que la pancreatitis es crónica, con el objetivo de medir los niveles de grasa que podrían sugerir que el sistema digestivo no está absorbiendo de forma apropiada los nutrientes. Asimismo, tanto el TAC, que puede detectar cálculos biliares y evaluar la inflamación del páncreas, como la ecografía abdominal son útiles. La RM puede contribuir a visualizar anomalías en la vesícula, el páncreas y sus conductos.

¿Cuál es el tratamiento?

Los especialistas tienden hacia un tratamiento conservador en la pancreatitis aguda. Es decir, no quirúrgico y la terapia se centra en combatir el dolor, procurar hidratación y someter a ayuno. Una vez que esté controlada, se procede a evaluar las posibles causas de su aparición. La pancreatitis provocada por un estrechamiento u obstrucción de las vías biliares puede requerir procedimientos para abrir o ensanchar la vía biliar. La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica suele ser una técnica utilizada. Se puede proceder a realizar cirugía de la vesícula biliar si la causa son cálculos en ella o la cirugía pancreática, si se debe drenar líquido del mismo o extirpar tejido necrosado. En los casos de sospecha de enfermedad por alcoholismo, se recomienda tratamiento para el mismo. Cuando se trata de la pancreatitis crónica, los especialistas recomiendan cambios en la dieta, con bajo contenido en grasa y exclusión de alcohol, suplementos de enzimas para mejorar la digestión y tratamiento para el dolor.

Pautas dietéticas

Principalmente se debe excluir de la dieta el alcohol, el café, el chocolate, alimentos con exceso de hidratos de carbono, la bollería industrial, o los alimentos altos en grasas. Es recomendable hacer cinco comidas al día en pequeñas cantidades, introducir más verduras y frutas, evitar la leche de vaca, añadir legumbres y proteínas basadas en pavo, pollo de corral sin piel (tienen menos grasa), el solomillo de ternera, los pescados o carnes magras.