Vivir muchos años y bien es una aspiración universal. ¿Quién no recuerda al histórico político Santiago Carrillo con su eterno pitillo y un discurso ágil hasta el momento de su muerte, a los 97 años? O menos conocido para el público general, pero más extraordinario, el oftalmólogo español Galo Leoz, que falleció a los 110 años y 276 días, siete años después de jubilarse.

Desvelar el secreto de la longevidad, y más aún el de los supercentenarios (aquellos que sobreviven más de 110 años), es un asunto tan clásico como candente para los científicos, y muestra de ello es el Longevity World Forum, celebrado la semana pasada en Valencia. Hay muchos candidatos a responsables de la longevidad (la longitud de los telómeros y los genes son de los más conocidos), y ahora ha entrado en escena uno nuevo del que se ha oído hablar poco en este terreno: se trata de un tipo de células del sistema inmunológico, los TCD4 citotóxicos (matan a otras células). Los TCD4 de forma fisiológica carecen de esa capacidad de defensa frente a infecciones u otras enfermedades (como los tumores), pero se han transformado y han perdido su función auxiliar original para adquirir propiedades destructoras.

Un grupo de investigadores del Centro Riken, de Yokohama (Japón), ha encontrado que los supercentenarios tienen cifras muy altas de CD4 citotóxicos (de hasta el 80% de todas las células T), mucho más que las personas más jóvenes (tienen como máximo el 20% de los linfocitos T) y esa gran cantidad de células procede de una expansión clonal, un hallazgo que han publicado en la revisa 'PNAS'. Los científicos piensan que la conversión de las células TCD4 en la variedad citotóxica puede ser una adaptación al envejecimiento.

"Estudiar a personas supercentenarias es un buen modelo de envejecimiento saludable"

Los estudios se llevaron a cabo en muestras de sangre de un grupo de supercentenarios (Japón, y concretamente Okinawa, se caracteriza por la extraordinaria longevidad de muchos de sus habitantes) y se compararon con las de personas de entre 50 y 80 años de edad. Kosuke Hashimoto, el primer autor del artículo, explica que el objetivo del trabajo es "estudiar a este grupo de personas supercentenarias, porque son un buen modelo de envejecimiento saludable, y esto es importante en sociedades como Japón, donde se está produciendo un envejecimiento de la población".

Mediante técnicas genéticas (los investigadores analizaron el ARN de una sola célula) detectaron la transformación de los CD4 a citotóxicos y esa expansión clonal. Los autores sostienen: "Nuestro estudio revela que los supercentenarios tienen características únicas en sus linfocitos circulantes, lo que puede representar una adaptación esencial para lograr una longevidad excepcional al mantener las respuestas inmunes a las infecciones y a otras enfermedades".

Foto: iStock.
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Para Piero Carninci, otro de los investigadores principales, "este estudio muestra cómo el análisis de transcripción de células individuales puede ayudarnos a comprender cómo los individuos son más o menos susceptibles a las enfermedades".

Los científicos piensan que una combinación de células CD4 y CD8 está detrás de la buena salud de los supercentenarios. "Creemos que este tipo de células, que son relativamente poco comunes en la mayoría de los individuos, incluso jóvenes, son útiles para luchar contra los tumores establecidos, y podría ser importante para la inmunovigilancia. Esto es emocionante ya que nos ha dado nuevas ideas sobre cómo las personas que viven vidas muy largas pueden protegerse de afecciones como infecciones y cáncer", añade Carninci.

En el análisis de los resultados del estudio, los investigadores apuntan que esa transformación de las células TCD4 en los supercentenarios podría tratarse de una adaptación a la etapa tardía del envejecimiento, en la que el sistema inmunitario necesita eliminar las células anormales o infectadas con mayor frecuencia.

Influencia de la dieta

Además de todos los resultados que arroja la ciencia, es innegable que el estilo de vida repercute, y mucho, en la cantidad y calidad de vida, y el tipo de alimentación tiene un impacto enorme en la salud (y en la enfermedad). Existen numerosos factores relacionados con la dieta que pueden influir en que vivamos más o menos:

  • Comer menos: reducir la ingesta calórica es un argumento repetido en las teorías sobre la longevidad, pero lo cierto es que todavía no existe confirmación. Lo que sí se ha encontrado es que comer menos (entre 10% y 40% menos calorías) alarga la vida, porque bajan las cifras de colesterol y mejora la inmunidad.
  • El ayuno intermitente: alternar periodos de restricción del 25% de calorías con otros de tomar hasta 175% de calorías activa unos genes relacionados con el envejecimiento.
  • Dieta rica en polifenoles: comer frutas, legumbres, café y vino, alimentos ricos en polifenoles, se asocia a una menor mortalidad.
  • Consumir grasas de calidad: un estudio publicado en 'The Journal of Gerontology' ha encontrado que incluir manteca de cerdo en la dieta potencia el efecto de la restricción calórica en el envejecimiento más que los aceites de soja o de pescado.
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