El flotador alrededor de la cintura, tan habitual a partir de los 50 años, tan apegado a su ‘dueño’ que lo hace prácticamente indestructible, es mucho más que un problema de estética. Es una bomba de relojería para la salud porque es la manifestación visible de la existencia de un problema metabólico que se asocia a cifras elevadas de colesterol, triglicéridos, glucosa y tensión arterial, con graves consecuencias: enfermedad cardiovascular y diabetes, dos de las principales causas de muerte en los países desarrollados.

El síndrome metabólico, que es como se conoce a ese conjunto de factores alterados, está muy presente entre la población. En España, según un estudio publicado en la 'Revista Española de Cardiología', afecta al 31% de los ciudadanos, más a hombres (32%) que a mujeres (29%), aunque en estas las consecuencias son más graves.

"Con el envejecimiento, el aumento de las células B adiposas se vuelve disfuncional"

Sin embargo, dos nuevos estudios apuntan a que, quizá, se podría prevenir el síndrome metabólico asociado al envejecimiento y la posibilidad de que un único fármaco controle todos los parámetros bioquímicos alterados.

El primero de los trabajos, desarrollado por un equipo de investigadores de la Universidad de Yale y publicado en la revista 'Cell Metabolism', ha descubierto por qué la grasa abdominal aumenta con la edad. A medida que se envejece, disminuye la capacidad del cuerpo para generar la energía suficiente para quemar la grasa abdominal, y es porque hay menos macrófagos (unas células del sistema inmune). Paralelamente, aumentan las células B (también del sistema inmunológico) y, en consecuencia, se incrementa la inflamación y el deterioro metabólico.

“Normalmente, las células B producen anticuerpos y defienden contra la infección, pero con el envejecimiento el aumento de las células B adiposas se vuelve disfuncional, lo que contribuye a la enfermedad metabólica y a la diabetes", explica Vishwa Deep Dixit, director de la investigación.

Entonces, conjeturan los autores, si se lograra atacar ese exceso de células B disfuncionales, quizá se podría atajar su expansión en la grasa abdominal. David Sancho, de la Sociedad Española de Inmunología (SEI) y del Centro de Investigaciones Cardiovasculares (Madrid), propone dos estrategias: “La eliminación de linfocitos B (por ejemplo, con anticuerpos deplecionantes) para restaurar la lipolisis o inhibir el inflamasoma (el sistema que regula la respuesta inflamatoria), que es una de las dianas que genera más interés para enfrentarse a enfermedades inflamatorias, como la obesidad y las patologías cardiovasculares”.

Foto: iStock.
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La otra investigación, que ha publicado 'Nature Communications', apunta a que un medicamento que se utiliza para algunos tipos de cáncer de la sangre podría servir de tratamiento para el síndrome metabólico. Los científicos, de la Universidad de Trento (Italia), han llegado a este hallazgo partiendo de la búsqueda de nuevos usos para fármacos ya existentes. Por una parte, hicieron un análisis genético para identificar los genes mutados responsables de las alteraciones en el síndrome metabólico; por otra, buscaron en las bases de datos farmacéuticas las moléculas que pudieran interactuar con esos genes en el tejido adiposo, el hígado y los músculos, y el medicamento candidato fue Ibrutinib.

María Caterina Mione, jefa de la investigación, explica que "cuando probamos este medicamento en el laboratorio, vimos que el impacto devastador de la obesidad causada por una dieta alta en grasas podría ser limitado”. Los italianos son optimistas y sostienen que ‘reutilizar’ un fármaco ya aprobado, que cuenta con los controles de seguridad y tolerancia, acelera mucho la obtención de tratamientos eficaces, en este caso para el síndrome metabólico, aunque admiten que “nuestros datos son solo un comienzo y se requieren estudios de profundidad y pruebas clínicas”.

Foto: iStock.
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David Sancho explica a Alimente que Ibrutinib en síndrome metabólico actúa “reduciendo la infiltración de macrófagos inflamatorios en el tejido adiposo y reduciendo su producción de moléculas (citocina) proinflamatorias”, que favorecen la aparición de los síntomas de este trastorno. Sin embargo, los riesgos que implica el uso de este fármaco para el problema metabólico son grandes.

Salvador Iborra, inmunólogo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), alerta de que “Ibrutinib no está exento de posibles efectos secundarios graves, como suele ocurrir con los fármacos que modulan el sistema inmunitario”, y apunta que “en pacientes tratados con este compuesto se ha observado un aumento en la susceptibilidad a infecciones graves por hongos”. Jesús Gil, investigador y community manager de la SEI, opina que “usar fármacos de este calibre (diseñados para tratar cánceres) con fines preventivos no es una idea viable”, aunque sí admite el interés por descubrir nuevos usos de medicamentos.

La idea de prevenir el síndrome metabólico con una pastilla, sin tener que preocuparse por la dieta o por la actividad física, es tentadora pero Sancho da la receta de lo que de verdad funciona (más o menos): “Lo mejor para prevenir el síndrome metabólico es controlar la ingesta (mejor quedarse con un poco de hambre que pasarse de comer) y el ejercicio físico”.