Ya está sucediendo cuando elevas el volumen de la tele o la radio, si tienes problemas para seguir una conversación con alguien, cuando necesitas leer los labios de las personas que hablan, no oyes el teléfono o el timbre de casa, te tienes que concentrar para escuchar si te hablan o confundes las palabras. No oyes igual que antes.

La pérdida auditiva o hipoacusia suele irrumpir a partir de los 55 años, por culpa del paso del tiempo, que ‘envejece’ nuestro sistema auditivo. Pero, ¡atentos!, también puede ocurrir antes.

"La hipoacusia es más común de lo que pensamos: este problema afecta al 8% de la población, según la OMS"

Más común de lo que pensamos, este problema afecta al 8% de la población según la OMS. Su incidencia es notable en edades avanzadas: más del 40% de las personas mayores de 60 años tienen algún tipo de pérdida de audición, mientras que la cifra asciende al 90% a partir de los 80 años. No obstante, y aunque la edad es la principal causa de la hipoacusia, también pueden influir otros factores como el estilo de vida, la exposición continua a niveles elevados de ruido, efectos de algunos medicamentos y, cómo no, los déficitis nutricionales.

De hecho, como aclara a Alimente Ana García Portero, nutricionista y miembro de la Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa (SESMI), "multitud de organismos en el ámbito de la salud nos muestran con publicaciones y estudios la relación directa entre alimentación y riesgos de enfermedad. El INE, Instituto Nacional de Estadística, publicó en 2017 y editó un gráfico que corroboraba la relación entre la alimentación y las enfermedades del sistema nervioso y órganos de los sentidos. En ese gráfico de barras figuraba en el puesto 5 la relación entre órganos sensoriales y alimentación".

Ahora, investigadores del Brigham and Women's Hospital han descubierto que seguir una dieta saludable puede reducir el riesgo de pérdida auditiva adquirida. Utilizando datos longitudinales recopilados en el Estudio de Conservación de la Audición del Estudio de Salud de Enfermeras II (CHEARS), examinaron los cambios de tres años en las sensibilidades auditivas y descubrieron que las mujeres cuyos patrones de alimentación se adherían más estrechamente a los saludables comúnmente recomendados, como los enfoques dietéticos de la dieta contra la hipertensión (DASH), y obtuvieron puntuaciones elevadas en el Índice Alternativo de Dieta Mediterránea (aMED), que puntúa el apego a esta dieta del 0 al 9, y el Índice Alternativo de Alimentación Saludable 2010 (AHEI-2010) -una medida de la calidad de la dieta basada en el conocimiento científico actual-, tenían un riesgo sustancialmente menor de disminución de la sensibilidad auditiva. Los hallazgos del equipo se publican en el último 'American Journal of Epidemiology'.

Factores modificables

"Una percepción común es que la pérdida auditiva es una parte inevitable del proceso de envejecimiento. Sin embargo, nuestra investigación se enfoca a identificar factores de riesgo potencialmente modificables; es decir, cosas que podemos cambiar en nuestra dieta y estilo de vida para prevenirla o retrasar su progresión", comenta el investigador principal Sharon Curhan, médico y epidemiólogo en la División de Medicina de la Red de Brigham's Channing.

"Los beneficios de la adherencia a patrones dietéticos saludables se han asociado con numerosos resultados positivos para la salud y seguirlos puede ayudar a reducir el riesgo de pérdida auditiva", apostilla.

Foto: iStock.
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Estudios anteriores han sugerido que una mayor ingesta de nutrientes específicos y ciertos alimentos, como los carotenoides beta-caroteno y beta-criptoxantina, que se encuentran en la calabaza, zanahorias, naranjas y otras frutas y verduras; folatos, que están en las legumbres, verduras de hoja verde y otros alimentos; y los ácidos grasos omega 3 de cadena larga, que hallamos en mariscos y pescados, se asoció con un menor riesgo de pérdida auditiva. Asimismo, otros ensayos han constatado que el potasio y el zinc son buenos aliados de la audición.

En este sentido, García Pocero recuerda: "El cuerpo humano es un sistema de gran precisión y con gran capacidad para adaptarse a circunstancias adversas. En ocasiones, los factores medioambientales como la dieta y el estrés pueden dañar el oído. La carencia de micronutrientes, como los citados anteriormente, se han relacionado con la discapacidad auditiva".

Todos estos hallazgos han revelado que la ingesta dietética podría influir en el riesgo de desarrollar hipoacusia, pero los investigadores trataron de comprender mejor la conexión entre la dieta y la pérdida auditiva al capturar los patrones dietéticos generales y medir objetivamente los cambios longitudinales en las sensibilidades auditivas.

Para hacerlo, los investigadores establecieron 19 sitios de pruebas geográficamente diversos en los EEUU. Y entrenaron equipos de audiólogos con licencia para seguir los métodos estandarizados del estudio CHEARS, mencionado anteriormente

Los audiólogos midieron los cambios en los umbrales de audición de tonos puros, el volumen más bajo que el participante puede detectar en un oído determinado, en el transcurso de 3 años. Realizaron audiometrías con tonos de diferentes frecuencias (a 0.5, 1 y 2 kHz como frecuencias bajas; a 3 kHz y 4 kHz como frecuencias medias; y a 6 kHz y 8 kHz como las más altas) a niveles variables de 'volumen'.

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Dos décadas de información

Utilizando más de 20 años de información sobre la ingesta dietética que se recopiló cada cuatro años a partir de 1991, analizaron la adherencia a la dieta saludable a largo plazo, como la DASH, la mediterránea, así como el Índice Alternativo de Alimentación Saludable 2010 (AHEI-2010). La mayor adherencia a estos patrones dietéticos se ha asociado con una serie de resultados importantes para la salud, incluido un menor riesgo de enfermedad cardiaca, hipertensión, diabetes, accidente cerebrovascular y muerte, así como un envejecimiento saludable.

En declaraciones a Alimente, Sharon Curhand destaca: "Las probabilidades de una disminución en las sensibilidades auditivas de frecuencia media eran casi un 30% más bajas entre aquellas mujeres cuyas dietas se parecían más a estos patrones dietéticos saludables, en comparación con las que se alejaban de ellos. En las frecuencias más altas, las probabilidades eran hasta un 25% más bajas".

"La asociación entre la dieta y la disminución de la sensibilidad auditiva abarcó frecuencias críticas para la comprensión del habla", recuerda.

"Nos sorprendió que tantas mujeres demostraran disminución de la audición en un periodo de tiempo relativamente corto. La edad media de las mujeres en nuestro estudio fue de 59 años; la mayoría de nuestros participantes tenían entre 50 y 60 años. Esta es una edad mucho más joven que la que la gente piensa en revisar su audición. Después de solo tres años, el 19% tenía hipoacusia en las frecuencias bajas, el 38% en las frecuencias medias y casi la mitad tenía pérdida auditiva en las más altas, empeorando considerablemente su sensibilidad auditiva. Este problema, entre muchos de estos participantes, generalmente no se detectaría ni se abordaría", apostilla.

El autor de la investigación recuerda que la "pérdida auditiva adquirida puede ser el resultado de la influencia acumulativa de muchos factores. El daño auditivo puede ocurrir debido a un flujo sanguíneo comprometido hacia la cóclea (el órgano principal de audición en el oído interno), lesiones por hipoxia (falta de oxígeno), daño oxidativo, inflamación y neurodegeneración a lo largo de las vías auditivas".

E insiste: "Nuestro estudio no examinó directamente los mecanismos causales. Sin embargo, una dieta más saludable puede influir en estos procesos y proteger contra la pérdida auditiva mediante una serie de mecanismos, que incluyen la protección contra el daño oxidativo, la promoción de lípidos sanguíneos beneficiosos, una mejor función endotelial, una presión arterial más baja y menos inflamación; todos ellos pueden conferir protección contra el compromiso vascular (flujo sanguíneo reducido) y contra la neuroinflamación y la neurodegeneración".

El estudio incluyó mujeres profesionales de la salud, lo que mejoró la validez de la información recopilada y redujo la variabilidad en el rendimiento educativo y el estado socioeconómico, pero la población del estudio se limitó a mujeres blancas predominantemente de mediana edad y no hispanas. Los autores señalan que se justifica la investigación adicional en poblaciones adicionales.

El equipo espera continuar siguiendo longitudinalmente a los participantes en este estudio con repetidas pruebas de audición a lo largo del tiempo y está investigando formas de recopilar información de calidad de investigación sobre decenas de miles de participantes para futuros estudios en diversas poblaciones.