Podemos discutir sobre la presión a la que sometemos a los adolescentes en el instituto. Como si no fuera una época más que complicada desde el inicio, debido al cambio hormonal que todos esos chavales están sufriendo, nos encontramos ante la tesitura de que un niño de no más de 15 años decida en gran medida su futuro. Eso, sumado a que las carreras universitarias más atractivas son aquellas que tienen la mayor nota de corte, hace que estos niños se esfuercen mentalmente más de lo que parecería lógico. Pero el sistema es el que es: una competición. Hasta que esto cambie, está en el mejor interés tanto de alumnos como de padres que las notas sean lo más altas posible.

Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Leeds en el Reino Unido han descubierto que existe una relación directa y muy notable entre el hecho de desayunar antes de ir a clase y de no hacerlo: 2 puntos, de media, en los exámenes.

"El ayuno por la mañana disminuye la habilidad que tiene el sujeto de estudio de recordar una historia "

"Nuestro estudio sugiere que los estudiantes de secundaria están en desventaja si no están comiendo adecuadamente a primera hora de la mañana para recargar sus reservas energéticas para el esfuerzo de las clases", explica la doctora Katie Adolphus, la autora principal de esta investigación. De hecho, al menos en el Reino Unido, esta investigación recién publicada ya empieza a tener repercusión, habiendo gente que está pidiendo medidas gubernamentales efectivas para asegurarse de que todos y cada uno de los niños desayune como es debido.

La importancia del desayuno

Nuestro cuerpo no es estúpido. Es una máquina extraordinariamente compleja capaz de autorregularse sin que nosotros nos demos cuenta. Durante la noche, mientras dormimos, reduce la velocidad de todos sus procesos, entrando en un estado que se conoce como 'metabolísmo basal'. Mientras tiene lugar, gastamos mucha menos energía dado que nuestro ritmo cardiaco disminuye, al igual que nuestra frecuencia respiratoria, así como el resto de procesos físicos y químicos que tienen lugar en nuestro organismo.

Una vez nos despertamos, el cuerpo no vuelve de inmediato a la normalidad, sino que necesita algún tipo de señal 'extra' para ponerse, de nuevo, a funcionar al 100%. Esto se consigue gracias al desayuno. Cuando nuestro organismo detecta que vuelve a tener un aporte calórico, pone todas sus funciones al nivel normal. Si no le damos ese aporte calórico, no solo tendrá una menor cantidad de recursos, sino que no se activará como es debido.

El estudio

Fue realizado por la Escuela de Psicología de la Universidad de Leeds y se centró en 311 alumnos entre los 16 y los 18 años (lo que corresponde al bachillerato español). Del total de sujetos de estudio, el 28,6% de ellos raramente desayunaba en los días de colegio, el 53,1% desayunaba frecuentemente entre semana y el 18,4% restante lo hacía de vez en cuando.

Las notas que se evaluaron fueron las de dos asignaturas clave, matemáticas y lengua. Sorprendentemente, los peores resultados fueron muy similares en ambas, lo que mostraba que el ayuno continuado no 'discriminaba' entre diferentes asignaturas.

Foto: iStock.
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De media, los alumnos que no tomaban la primera comida del día sacaban, en estas asignaturas, dos puntos menos que sus compañeros que sí se alimentaban de buena mañana. Estos resultados son más que severos y, aunque la investigación estaba limitada por el número limitado de sujetos de estudio, pone frente a nosotros un problema que debemos solucionar cuanto antes.

Repercusiones más allá de las aulas

Aunque los propios investigadores coinciden en que hace falta seguir investigando, no existen razones para no pensar que ese menor desarrollo o desempeño cognitivo, provocado por la privación alimentaria matutina, también puede afectarnos a los que ya hemos pasado esa etapa de la vida.

Por supuesto, otros estudios anteriores han ahondado en este efecto del desayuno. En 1998, los investigadores D. Benton y P. Y. Parker, de la Universidad de Gales-Swansea, en el Reino Unido, llevaron a cabo un estudio en el que relacionaban directamente el aumento de la glucosa en sangre debida al desayuno con la capacidad cognitiva de los sujetos: "El ayuno por la mañana está relacionado con la bajada de la concentración de glucosa y hemos observado que tiene un efecto adverso en la habilidad que tiene el sujeto de estudio de recordar una historia que se le ha contado. Por el contrario, una mejora inicial en la función cerebral de la memoria sí era directamente proporcional a la cantidad de glucosa en el torrente sanguíneo".

Tal vez la 'comida más importante del día' no lo sea desde un punto de vista nutricional, o para adelgazar, pero sí lo es para el correcto funcionamiento de nuestro cerebro.