Los colores de los alimentos nos proporcionan valiosas pistas nutricionales acerca de lo que comemos. Así, os conviene saber que cuando nos topamos con frutas y verduras de color rojo, azul o morado, probablemente estemos ante una mina de antocianinas, que es el pigmento vegetal que le otorga esa característica tonalidad. Esta sustancia constituye un tipo de flavonoide de poder antioxidante extraordinario que nos protege de la degeneración celular, como corroboran diversos estudios.

Por lo tanto, es un dato bastante asentado que este pigmento posee efectos terapéuticos, como la reducción de la enfermedad coronaria o el riesgo de cáncer. También es antitumoral, antiinflamatorio, previene la diabetes y mejorar la agudeza visual. En definitiva, un sinfín de cualidades que nos obligan a echarle los trastos a cualquier fruta o verdura con semejante coloración.

Los expertos en la materia han identificado alrededor de 400 antocianinas individuales. Conviene saber que, en general, estas se localizan en la cáscara de las frutas, sobre todo en las bayas. Sin embargo, es posible encontrarlas también en la pulpa de los frutos rojos, como las fresas y cerezas.

Colorante natural para los productos elaborados

Además, las antocianinas parecen abocadas a hacer carrera en el mundo de los colorantes alimenticios -en cuanto las investigaciones avancen un poco más en la materia-. Así, el hecho de que los colorantes sintéticos siembren la duda entre los consumidores respecto a su inocuidad, pues se sabe que su consumo puede causar hiperactividad en niños en edad escolar, les allana el camino hacia el éxito.

Arándanos. (Alamy)
Arándanos. (Alamy)

A esto se añade que mientras los colorantes artificiales no tienen beneficios, el pigmento natural que protagoniza este artículo es un dechado de virtudes, como hemos avanzado. Seguramente ya estaréis hilando una lista con los alimentos que, por su color, incluyen la antocianina en su composición: el arándano, la remolacha, la fresa, la col lombarda, la uva negra, las cerezas, la granada o el arroz negro, entre otros. Bajo esta premisa, vamos a estudiar algunos de ellos detalladamente, para que la antocianina se convierta pronto en un imprescindible de nuestra dieta.

El arándano

Esta fruta tiene una excelente reputación en Estados Unidos, algo lógico si tenemos en cuenta que este país es el mayor productor de arándanos del mundo y ensalzar lo propio es bastante normal. Tanto es así que la prestigiosa Universidad de Harvard los ha incluido en la lista de alimentos imprescindibles para mantener un buen estado de salud. Sin duda alguna, la gran presencia de antocianinas tiene mucho que ver en ello. En concreto, posee un total de 15 antocianinas, entre las que cabe citar la mirtilina, la cianidina, la definidina, la malvidina, la peonidina y la petunidida.

Las cerezas

Estamos ante otro estupendo ejemplo de fruta en la que hallamos este pigmento a manos llenas. Además, diversas investigaciones en la Universidad Estatal de Michigan descubrieron que las antocianinas presentes en las cerezas alivian el dolor igual que una aspirina. “Es tan buena como el ibuprofeno y algunas de las drogas antiinflamatorias no esteroidales”, ha llegado a afirmar el investigador Muralee G. Nair.

Las antocianinas se suelen localizar en su mayoría en la cáscara de las frutas, sobre todo en las bayas

Afortunadamente, no hay que consumir medio campo de cerezas para apreciar una mejoría. Con solo incluir 20 cerezas ácidas -una cantidad nada descabellada- en nuestra dieta diaria se puede reducir significativamente la inflamación y las molestias.

La col lombarda

Nos hallamos en presencia de una col injustamente eclipsada por otros parientes con mayor fortuna como el kale o el brócoli. Seguramente algunos decidirán reparar el agravio en cuanto se enteren de que en ella encontramos hasta 36 tipos diferentes de antocianinas. Por cierto, su característico color violeta puede variar de intensidad dependiendo de la acidez del suelo. Así, resultan más rojas en suelos ácidos y más azules en los alcalinos.

Uva negra mejor que blanca

Por su parte, en las uvas negras se han encontrado 17 tipos distintos de antocianinas. Dicho pigmento también acaba en la copa cuando degustamos un vino tinto o un mosto. Por supuesto, las uvas pasas también constituyen un excelente filón de antocianinas.

Y de manera sucinta citamos a continuación muchas más frutas y verduras que presentan una cantidad nada desdeñable de antocianinas.

Difícilmente se nos escapa alguno, pues hemos sido bastante exhaustivos en esta relación, pero siempre es posible el despiste. De todas maneras, os resultará muy fácil reconocer a los ausentes, puesto que ya conocéis el color favorito de esta sustancia a la que no le gusta pasar inadvertida.