La afirmación más deprimente que jamás se haya dicho (probablemente) es que la vida es una larga enfermedad que acaba siempre en muerte. Cierto es que el envejecimiento es inevitable. Con el paso de los años no tendremos los reflejos de antaño, ni saltaremos tanto como antes, ni veremos tan bien la lejanía (ni la cercanía). Lo único que aumentará paulatinamente será nuestro cansancio, la sucesión de enfermedades y las ganas que tenemos de conservar lo poco que nos queda. Dicho de otro modo: dedicaremos más esfuerzos a no perder facultades, cosa que no nos importaba lo más mínimo cuando teníamos veinte años.

Tenemos muy asociado el empeoramiento de nuestras facultades mentales a ciertas enfermedades propias de la tercera edad como el alzhéimer o la demencia. Pero, incluso si estamos completamente sanos, es inevitable una degeneración de nuestras facultades. Esta se denomina 'deterioro cognitivo sin demencia' (CIND, por sus siglas en inglés). Se considera uno de los factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer y de la demencia. Los principales síntomas de esta enfermedad son la pérdida habitual de cosas, olvidarse de ir a eventos o citas programadas y tener más problemas para encontrar palabras al hablar que otras personas de nuestra misma edad.

35 minutos de ejercicio aeróbico a la semana son suficientes (junto a una buena dieta cardiosaludable)

Ponerle freno es algo completamente imperativo y, por suerte para nosotros, un nuevo estudio elaborado por los investigadores James A. Blumenthal, Patrick J. Smith y el resto de su equipo de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, y de la Sociedad Americana de Geriatría se ha propuesto analizar el estilo de vida que ralentiza al máximo posible esta decadencia de nuestras capacidades cognitivas.

Algunos expertos en este campo creen que los factores de riesgo más comunes de la enfermedad cardiovascular son también factores de riesgo de demencia y de CIND. Por tanto, si seguimos una dieta cardiosaludable (DASH) y realizamos ejercicio, si la teoría es cierta, nuestra mente debería beneficiarse de igual manera.

El grupo de estudio consistió en 160 adultos de más de 55 años de edad. Los participantes habían empezado a desarrollar CIND: no hacían ejercicio, tenían problemas de memoria, problemas para pensar y también para tomar decisiones. Además, todos y cada uno de ellos tenían, al menos, un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular como hipertensión, colesterol elevado, diabetes u otras enfermedades crónicas.

Cambio del estilo de vida

Al comenzar el experimento, los investigadores evaluaron las capacidades mentales y los factores de riesgo cardiovascular de cada uno de los 160 sujetos de estudio. Una vez este procedimiento se completó, los separaron en 4 grupos. El primero solo hacía ejercicio, el segundo solo seguía la dieta DASH, el tercero hacía ambas cosas y el cuarto realizó un curso sobre salud y estilo de vida.

Foto: iStock.
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La gente en el grupo de estudio hacía 35 minutos de ejercicio aeróbico moderado tres veces a la semana durante un periodo de seis meses. Se les entrenó directamente durante 3 meses y los 3 siguientes siguieron con sus ejercicios sin supervisión desde sus casas.

Por otra parte, aquellos que seguían la dieta DASH tenían supervisión cada 1-2 semanas durante los 6 meses que duró el estudio. Eso sí, se les pidió que durante este tiempo no realizasen ejercicio físico.

Los resultados

Como es lógico, el cambio de actividad y de alimentación, sobre todo de personas que no llevaban una vida especialmente saludable antes de entrar en el estudio, tuvieron un profundo efecto en su salud cardiovascular, reduciendo el riesgo de padecer estas enfermedades. Con esto aclarado, los investigadores se centraron en si había cambios en las facultades mentales de los sujetos de estudio. Se centraron en determinadas áreas clave: memoria, habilidad para razonar y toma de decisiones. Los resultados fueron claros. Aquellos que solo habían recibido el curso no mejoraron lo más mínimo sus facultades, seguidos por los que siguieron solo la dieta. Lo mejor, con diferencia: el ejercicio y la alimentación saludable.