La obsesión por el peso marca la vida de buena parte de las mujeres. De hecho, según un estudio con 2.944 mujeres de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), el 76% de las entrevistadas afirmó no estar contenta con su peso y quería perder una media de 10 kilos en cinco meses.

Desafortunadamente, la insatisfacción corporal, junto con el bombardeo de mensajes en los que la perfección del cuerpo parece ser la clave del éxito, conducen a muchas niñas y mujeres a hacer dietas incontroladas, un factor de riesgo de anorexia.

"El 76% de las mujeres entrevistadas confesó no estar contenta con su peso"

Hay más. Un nuevo estudio demuestra que aquellas que usan laxantes o píldoras de adelgazar para controlar el peso tienen más riesgo de ser diagnosticadas en los años posteriores de este trastorno de la alimentación.

Descrita por primera vez en 1873, la anorexia se caracteriza por la distorsión de la imagen corporal, que se acompaña de un adelgazamiento extremo (más del 35% del peso corporal) y que lleva a la persona a mostrar un fuerte miedo por adquirir kilos. Es también el más grave de todos los trastornos que tienen que ver con la alimentación y el más mortal: un 5%.

Foto: iStock.
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Afecta sobre todo a mujeres (ellas lo padecen 10 veces más que ellos). Su prevalencia está entre el 2,2% y el 3,6% de la población y la edad de inicio se suele situar entre los 14 y los 18 años.

El uso de laxantes para perder peso empieza a expandirse a partir de los años 90. Se trata de medicamentos que se consumen por vía oral o rectal, que sirven para acelerar los movimientos del intestino y facilitar la cantidad o frecuencia de las evacuaciones fecales.

Solo se pierde agua

Los laxantes no son el método para ‘empujar' los alimentos a través del cuerpo rápidamente y evitar así la ingesta de calorías o el aumento de peso. Están diseñados para aliviar el estreñimiento. Inducen deposiciones y afectan el intestino grueso. Para cuando llega la comida, ya ha sido digerida. Lo que queda contiene poca grasa o calorías. Claramente, no ayudan a una persona a perder peso.

Es agua, minerales y electrolitos lo que se pierde con su uso. Cualquier 'pérdida de peso' resultante es en realidad temporal. Sin embargo, el riesgo de esta práctica conlleva que puede volverse adictiva y provocar estas consecuencias: dolor abdominal, diarrea, deshidratación, debilidad, visión borrosa, espasmos musculares, arritmia cardiaca y ataque cardiaco, parálisis intestinal, inflamación del páncreas, síndrome de intestino irritable (SII), insuficiencia renal, infecciones del tracto urinario y mayor riesgo de cáncer de colon.

La nueva investigación, dirigida por científicos de la Escuela de Salud Pública de Harvard TH Chan y del Boston Children's Hospital, ha sido publicada en el 'American Journal of Public Health' (AJPH). Los científicos analizaron datos de 10.058 mujeres y niñas de 14 a 36 años que participaron en el Estudio Growing Up Today (GUTS) con sede en EEUU (de 2001 a 2016).

'Puerta de entrada'

"Hemos sabido que las píldoras de dieta y los laxantes cuando se usan para controlar el peso pueden ser sustancias muy dañinas. Queríamos averiguar si estos productos podrían ser un comportamiento de entrada que podría conducir a un diagnóstico de orden de alimentación", dijo el autor principal S. Bryn Austin, profesor del Departamento de Ciencias Sociales y del Comportamiento de la Escuela Harvard Chan y director de STRIPED (Iniciativa de capacitación estratégica para la prevención de los trastornos alimentarios).

"Nuestros hallazgos son paralelos a lo que sabemos que es cierto con el tabaco y el alcohol: el inicio precoz en el uso de sustancias nocivas puede preparar a los jóvenes en el camino hacia el empeoramiento de los problemas, incluido el trastorno grave por abuso de sustancias".

Y descubrieron que entre los participantes sin un trastorno alimentario, el 1,8% de los que usaron píldoras de dieta durante el año pasado informaron haber recibido un primer diagnóstico de trastorno alimentario durante los próximos uno o tres años en comparación con el 1% de los que no usaron los productos. También encontraron que entre estos participantes, el 4,2% de los que usaron laxantes para adelgazar recibieron un primer diagnóstico posterior de anorexia en comparación con el 0,8% de los que no usaron estos productos para el control de peso.

Foto: iStock.
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Los investigadores han pedido políticas para restringir estos productos, incluida la prohibición de la venta de píldoras de dieta a menores. Detallan que el uso de estos productos para el control de peso "puede servir como una 'puerta de entrada' a prácticas alimentarias más desordenadas al desregular la función digestiva normal y fomentar la dependencia de métodos de afrontamiento poco saludables e ineficaces".

"Nuestros hallazgos son una llamada de atención sobre los graves riesgos de estos productos. Recientemente, Instagram dio un paso en la dirección correcta al prohibir los anuncios a menores de edad para las píldoras de dieta de venta libre y los tés 'desintoxicantes', que a menudo son laxantes, ha declarado Jordan Levinson, asistente de investigación clínica, de la División de Medicina del Adolescente, del Boston Children's Hospital. "Es hora de que responsables políticos tomen en serio los peligros de estos productos y tomen medidas para proteger a los jóvenes".

Saber estar al lado

En declaraciones a Alimente, la doctora Ana Lucas, psicóloga especialista en trastornos de ansiedad, reconoce: "Diagnosticamos la anorexia cuando la persona presenta un patrón de comportamientos, ideas y emociones centrado alrededor de la dieta y el control del peso. Las adolescentes y mujeres a las que les preocupa el control del peso de forma obsesiva o como su principal fuente de bienestar y seguridad empiezan a invertir tiempo y esfuerzos en conseguir el objetivo: bajar de peso. Puede que al principio comiencen a restringir la dieta de forma saludable y poco a poco el control se haga cada vez más estricto y restrictivo. La persona empieza a utilizar otras estrategias como el uso de laxantes o diuréticos, el ejercicio físico en exceso, los sustitutos de comida o cualquier método que fomente la bajada de peso".

La entrada en el trastorno de alimentación "es un proceso que lleva tiempo, no ocurre de un día para otro. Lo que nos indica el estudio es que el uso de laxantes puede fomentar la caída en la anorexia. La lectura que hacemos los psicólogos es que cuantos más métodos o estrategias utiliza la persona para controlar el peso, podemos decir que el trastorno tiene más fuerza o es más grave", agrega.

Foto: iStock.
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Las familias "tienen un papel fundamental para detectar el inicio de esta enfermedad, ya que cuanto antes se detecte, más fácil es tratar. La alerta principal es que la adolescente empiece a hacer una dieta restrictiva evitando alimentos que pueden engordar y que baje de peso por debajo de lo saludable. Nos vamos a fijar en que la persona da mucha importancia al aspecto físico, aumenta la actividad física, es exigente y perfeccionista con su imagen, que empieza aislarse socialmente, rechazando cenas o comidas con los amigos. Cuando nos percatemos de cualquiera de estas situaciones, tenemos que prestar atención y consultar con un profesional. La mayoría de las personas que padecen anorexia tienden a negarlo y ocultarlo de forma muy convincente. En estos casos, los psicólogos enseñamos a las familias a acompañar y a gestionar la enfermedad", apostilla la doctora Lucas.

Y recalca: "Podemos decir que las personas que sufren un trastorno de alimentación han hecho de la comida su fuente de bienestar y de seguridad, tanto como su fuente de ansiedad y preocupación. Lo primero que vamos a hacer es separar estos conceptos y ampliar el foco para que puedan ver que son mucho más que lo que comen o una cifra en la báscula. Vamos a trabajar con el miedo a engordar, la exigencia y la rigidez mental para que puedan recuperar la libertad de alimentarse de forma saludable y disfrutar de la comida sin subir de peso".

Es muy importante que la "persona recupere su seguridad y autoestima no solo en base al peso, sino además en base a otras capacidades y cualidades propias, cómo es como persona, qué inquietudes y proyectos le mueven o en qué es competente. Cuando la adolescente amplía el foco y basa su seguridad y autoestima en otros aspectos y no solo en la apariencia física, empezamos a recuperar a la persona", sentencia.