El vino es una de las bebidas más consuetudinarias de nuestra cultura. De hecho, actualmente España cuenta con un total de 70 denominaciones de origen, que dejan en evidencia no solo la tradición de su producción, también la calidad que caracteriza a nuestros caldos. A pesar de ser una bebida alcohólica, motivo por el que debemos controlar su consumo, el vino también suele ir acompañado de algunos beneficios para la salud como, por ejemplo, impedir la formación de adipocitos -células que constituyen el tejido graso-, potenciar la actividad de nuestro cerebro, evitar la aparición de bacterias vinculadas a las caries, aumentar el número de endorfinas y combatir las infecciones urinarias, entre otras.

Sin embargo, si hay un compuesto que destaca frente al resto de nutrientes que forman parte del vino, más concretamente de la uva de la que procede, ese es el resveratrol. Para aquellos que nunca hayan oído hablar de él, “el resveratrol es un compuesto natural que se produce normalmente como respuesta inmunitaria en las plantas tras una agresión o infección, que se acumula en la piel y en mayor proporción en la semilla de la uva roja”, explican desde Sanitas. Sus funciones sobre el organismo pasan por retrasar el envejecimiento y proteger el sistema cardiovascular, pero no son las únicas.

Uvas y resveratrol, el tándem casi perfecto

Foto: Unsplash.
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Tal y como hemos visto anteriormente, durante años se ha creído que el consumo de uvas rojas y vino tinto, siempre con moderación, aporta propiedades al organismo. Estas cualidades son, en parte, consecuencia directa de la presencia de antioxidantes en su composición, como los ya célebres flavonoides y la sustancia conocida como resveratrol. Aunque, obviamente, los médicos no se aventuran a recomendar la inclusión de esta bebida alcohólica en la dieta de sus pacientes, motivo por el que las uvas acaparan entonces todo el protagonismo.

Uno de los primeros hallazgos relacionados con las propiedades nutricionales del resveratrol llegó de la mano de la Universidad de Harvard, que publicó en la revista ‘Nature’ el papel que dicho compuesto tenía en la activación de las sirtuinas, unas enzimas que poseen un poderoso efecto antienvejecimiento. A partir de ahí, numerosos científicos e investigadores se lanzaron a su estudio, dando como resultado otros posibles beneficios del resveratrol:

  • Tal y como expone la Base Exhaustiva de Datos de Medicamentos Naturales, elaborada por la prestigiosa Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, la ingesta de entre 250 y 1000 miligramos de resveratrol al día, durante un máximo de tres meses, ayuda a controlar los niveles de azúcar en sangre y a mejorar el funcionamiento de la insulina en personas con diabetes tipo 2.

  • Un grupo de expertos de la Universidad de Leeds, en Reino Unido, también confía en los efectos positivos de químicos naturales como el resveratrol para interrumpir la evolución de la enfermedad del Alzheimer.

  • “Algunas investigaciones revelan que el resveratrol podría estar asociado con un menor riesgo de inflamación y de formación de coágulos sanguíneos, relacionados con la enfermedad del corazón. Pero otros estudios no hallaron beneficios del resveratrol en la prevención de la enfermedad cardíaca”, explica la Clínica Mayo en su portal oficial.

El resveratrol es un antioxidante que se acumula en la piel y, en mayor proporción, en la semilla de la uva roja

  • Asimismo, un artículo publicado en 2017 en ‘The Journals of Gerontology’ expuso la posibilidad de que este compuesto preservara las fibras musculares frente al envejecimiento, además de proteger las conexiones entre las neuronas, afectadas también por el paso del tiempo.

  • Y por último, y no menos importante, la combinación de resveratrol y pterostilbeno -para muchos el antioxidante más potente del mundo, presente en los arándanos-, es capaz de estimular y reforzar el sistema inmunológico del ser humano.

No obstante, a pesar de todas estas propiedades, “el resveratrol no es, ni mucho menos, una posible solución a todos los males. [...] De momento, no cabe ponerse a beber vino o a consumir de manera exagerada cualquier alimento que contenga este compuesto pensando en sus posibles efectos positivos para la salud. Todavía hay un largo recorrido por hacer, como confirmar los hallazgos de los estudios con nuevas investigaciones, determinar si se producen también en los seres humanos o afinar la cantidad del antioxidante que debe ingerirse para que se pueda obtener algunos de sus posibles beneficios o de qué manera hacerlo”, aclaran desde Sanitas.

Por otro lado, aunque esta sustancia se concentra principalmente en la piel de la uva negra, otros alimentos han reservado una pequeña parte de su composición, casi imperceptible, para el resveratrol. Las frambuesas, las moras, los pistachos, los cacahuetes, el cacao o las nueces son solo algunos de ellos.

¿Tiene alguna contraindicación?

Además de la ausencia de ensayos clínicos que finalmente confirmen los beneficios antes expuestos, consecuencia directa del reciente interés que ha provocado dicha sustancia, el consumo de resveratrol suele ser seguro, aunque existen algunas excepciones. Por ejemplo, tal y como asegura la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, puede disminuir la coagulación de la sangre y aumentar el riesgo de hemorragia en personas con trastornos hemorrágicos. Además de incrementar las posibilidades de sangrado tras una cirugía e interactuar con algunos medicamentos, motivo por el que se recomienda consultar con un profesional de la salud antes de su inclusión en la dieta.