El tratamiento definitivo de la apnea del sueño podría estar ya aquí
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Disminuir la grasa de la lengua

El tratamiento definitivo de la apnea del sueño podría estar ya aquí

Investigadores de EEUU logran el primer objetivo terapéutico potencial de este trastorno del sueño tan frecuente que causa ronquidos y paradas respiratorias: reducir la grasa de la lengua. El doctor Eduard Estivill nos cuenta todas las claves

Foto: Foto: iStock.
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Dormir bien es un seguro de vida. Cuando no descansas bien o lo suficiente, padeces somnolencia, cansancio, falta de concentración, irritabilidad, apatía, molestias digestivas, dolor de cabeza, escalofríos.... Y cuando esto sucede un día sí y otro también, el sistema inmune se altera, lo que eleva el riesgo de enfermedades. Y hay más: también crece el riesgo de padecer problemas de corazón, hipertensión, diabetes y obesidad, entre otros muchos.

Desafortunadamente, pasar las noches en vela, dar vueltas en la cama o despertarse por culpa de los ronquidos es un mal muy extendido en los dormitorios españoles. Quedó demostrado el año pasado, con motivo del Día Mundial del Sueño, celebrado el mes de marzo, cuando se llevó a cabo una encuesta (elaborada por la compañía tecnológica Philips en colaboración con la Sociedad Española del Sueño, SES) que puso de manifiesto que el 58% de los españoles considera que duerme mal. De hecho, “el 75% de los conciudadanos se despierta, al menos, una vez por la noche, y tres de cada 10 asegura que padece insomnio".

Entre cinco y siete millones de españoles padecen apnea: sufren ronquidos y pausas respiratorias

Existen, como documenta la Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU, más de "100 trastornos del sueño y de vigilia diferentes". El insomnio es uno de los más frecuentes y, según el Observatorio Global del Sueño, en nuestro país entre el 20% y el 30% de la población lo padece.

El otro más común es el síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) o apnea del sueño que, por su elevada prevalencia (entre cinco y siete millones de españoles la sufren) y por los riesgos que acarrea (enfermedad cardiovascular, hipertensión, mayor riesgo de mortalidad e, incluso, se le ha relacionado con cáncer), se le considera un problema de salud pública. La buena noticia es que la ciencia está cercando cada vez más a este trastorno y dando ya con las claves para abordarlo de forma correcta.

Foto: Usplash.
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Prueba de ello es la llegada de un nuevo estudio de la mano de investigadores de la Universidad de Pensilvania que demuestra que los síntomas que ocasiona se pueden reducir si disminuye la grasa de la lengua.

En declaraciones a Alimente, el doctor Eduard Estivill, director de la Clínica del Son Estivill del Instituto Universitario Dexeus (Barcelona) y miembro de distintas sociedades científicas como la Asociación Americana de Trastornos el Sueño o la Sociedad Europea del Sueño, reconoce: "La investigación es muy importante porque los que trabajamos en Medicina del Sueño sabemos que en el campo de la apnea existe todavía mucho desconocimiento. Vamos avanzando en diferentes consecuencias relacionadas con la falta de oxígeno que provoca el trastorno. Ahora estamos viendo pacientes con glaucoma asociado al mismo y la relación es muy clara. Cuando hay apnea hay menos oxígeno, y este hecho, que se acumula a lo largo de los años, tiene consecuencias y una de ellas es la salud visual. Otras son que afecta al sistema cardiovascular y al cerebro".

Los ronquidos, la señal más importante

La apnea del sueño es un trastorno común en el que la respiración se interrumpe o se hace muy superficial. Esas interrupciones pueden durar desde unos pocos segundos a minutos y pueden ocurrir más de 30 veces por hora.

"El síntoma más importante es el ronquido. Uno continuo que luego cesa y una parada en la respiración. Cuando se hace una sola parada respiratoria durante la noche no estamos ante una patología, pero si son continuas, sí es un signo importantísimo de esta enfermedad", recuerda el doctor Estivill.

En 2014, la revista 'Sleep' se hacía eco del primer estudio que constataba una relación entre el tamaño y los depósitos de grasa de la lengua y la apnea. El trabajo se llevó a cabo con 90 adultos que padecían obesidad además del trastorno del sueño y 31 controles obesos sin el mismo. Todos los sujetos se sometieron a una resonancia magnética (RM) de las vías respiratorias superiores. Se utilizaron algoritmos de reconstrucción volumétrica para estudiar el tamaño y la distribución de los depósitos de grasa de las vías respiratorias superiores y la lengua.

Los investigadores propusieron que, además de aumentar el volumen de la lengua, el incremento de grasa podría afectar al funcionamiento de los músculos que unen la lengua al hueso, previniendo que estos músculos posicionasen la lengua más lejos de las vías respiratorias. Uno de sus autores, Richard Schwab, es ahora, también, el director de la nueva investigación.

Nuevas evidencias

Publicada en 'American Journal of Respiratory and Critical Care Medice', en ella se reconoce: “La pérdida de peso es un tratamiento efectivo para la apnea, pero aún no se sabe con exactitud por qué produce este efecto. Nuestro estudio ha descubierto que las mejoras en los síntomas parecen estar relacionadas con la reducción de grasa en una parte inesperada del cuerpo: la lengua”.

Utilizando RM para medir el efecto de la pérdida de peso en la vía aérea superior en pacientes obesos, los investigadores descubrieron que reducir la grasa de la lengua es un factor primario para rebajar la gravedad del trastorno.

“La mayoría de los médicos, e incluso los expertos en el mundo de la apnea del sueño, no se han centrado típicamente en la grasa en la lengua para tratar el problema", afirma Richard Schwab.

"El estudio es muy importante porque sabemos que aún hay mucho desconocimiento de la apnea", Estivill

"Ahora que sabemos que es un factor de riesgo y que el trastorno mejora cuando se reduce la grasa de la lengua. Hemos establecido un objetivo terapéutico único que nunca antes habíamos tenido".

El nuevo estudio incluyó a 67 participantes con apnea de leve a severa que eran obesos (con un índice de masa corporal mayor de 30). A través de la cirugía de la obesidad o con dietas para adelgazar, los pacientes perdieron casi el 10% de su peso corporal, de promedio, durante seis meses.

En general, las puntuaciones de apnea de los participantes mejoraron en un 31% de la intervención para perder peso, según lo medido por un estudio del sueño.

Antes y después de la intervención para bajar de peso, los participantes se sometieron a imágenes de RM tanto en la faringe como en el abdomen. Luego, utilizando un análisis estadístico, el equipo de investigación cuantificó los cambios entre la pérdida de peso general y las reducciones en los volúmenes de las estructuras de las vías respiratorias superiores para determinar cuáles de ellas condujeron a la mejora de la apnea del sueño. Descubrieron que una reducción en el volumen de grasa en la lengua era el vínculo principal entre la pérdida de peso y la mejora de la apnea del sueño.

El estudio también encontró que la pérdida de peso resultó en una reducción de los volúmenes pterigoideo (un músculo de la mandíbula que controla la masticación) y de la pared lateral faríngea (músculos en los lados de las vías respiratorias). Ambos cambios también mejoraron el trastorno del sueño, pero no en la misma medida que la reducción de la grasa de la lengua.

Los autores sugieren que "los estudios futuros podrían diseñarse para explorar si ciertas dietas bajas en grasa son mejores que otras para reducir la grasa de la lengua". El equipo del científico también está examinando nuevas intervenciones y otros factores de riesgo para la apnea del sueño, incluso si algunos pacientes que no son obesos pero tienen lenguas 'grasas' podrían estar predispuestos a la apnea, pero tienen menos probabilidades de ser diagnosticados.

Valoraciones

El doctor Estivill reconoce que “desde hace años se sabe que un sobrepeso influye en el número de apneas y que la grasa acumulada en la orofaringe (lengua, los pilares posteriores, toda esta estructura que utilizamos para respirar y que está detrás de la boca) favorece el ronquido o esa relajación. No me extraña que se vayan descubriendo zonas concretas donde esa relajación es mayor o, dicho al revés, lugares exactos donde la grasa es más evidente y las apneas mejoran si esta se reduce en las estructuras señaladas”. Para ello, insiste, “hay técnicas de tratamiento, como la reducción quirúrgica de la lengua”.

El experto recuerda que en España “en casi todos los hospitales hay servicios en los que se pueden hacer estudios de apnea del sueño para su diagnóstico, pero sobre todo es importante que la gente acuda a los centros más reconocidos porque, a veces, se hacen algunas pruebas de sueño que no son completas. No se estudian todos los parámetros para lograr un diagnóstico correcto, por lo que recomendamos que se acuda a los centros más importantes, reconocidos por las sociedades españolas de sueño y de neurología”.

Y apunta: “Tienen más riesgo de padecer el trastorno las personas con sobrepeso, las que tienen una morfología de su cara peculiar (cuello corto y ancho) y también los que tiene retrognatia mandibular (mándibula pequeña echada hacia atrás) y, aunque estén delgadas, pueden tener el trastorno. En los niños también se ven apneas si sufren hipertrofia amigdalar. Todo lo que sea entorpecer el paso del aire de entrada y salida a los pulmones por unas estructuras orofaríngeas anómalas puede provocar estas apneas".

Y cómo sé que ronco

“Lo más importante es saber cómo estamos al día siguiente. Si llegamos al final de la jornada contentos, con ganas de hacer cosas, hemos pasado el día bien y sin somnolencia, entonces estaremos bien. Atención: cuando hablamos de si tenemos somnolencia, la gente tiende a decir que no, porque aluden a que cuando están activos o haciendo cosas no se duermen. Pero esto es engañoso”, apostilla el experto.

La pregunta ha de hacerse al revés: “¿En ausencia de estímulos que le mantengan alerta, le viene el sueño? Si la respuesta es sí, hay una somnolencia patológica y esto sucede si estamos a media mañana mirando el reloj y nos dormimos. Si tenemos somnolencia conduciendo o en una reunión a media mañana, estamos ante un trastorno. En situaciones avanzadas son personas que durante la noche tienen la boca seca, beben mucha agua o van muchas veces al baño. Es importante tener en cuenta que la hipertensión arterial diastólica (la mínima) es un síntoma que, juntamente con los ronquidos y la somnolencia, puede hacer sospechar las apneas”, recuerda.

Foto: iStock.
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En cuanto a los tratamientos actuales, el experto español comenta: "Son muy variados y están en función de la causa de la apnea. En el caso de la obesidad, la dieta es básica pero poca gente la sigue. Si la mandíbula es pequeña y hacia atrás, tenemos los dispositivos de avance mandibular, que se colocan en la boca y solucionan el problema”, admite.

Por último, está el CPAP (tratamiento de presión positiva en las vías respiratorias). “A través de una mascarilla enviamos aire a una presión un poco más alta que la que hay en el ambiente. Esto puede parecer engorroso, pero la verdad es que salva muchas vidas. Se trata de un avance muy importante. Precisamente, los mayores logros se han hecho en estos aparatos que ahora son más pequeños, portátiles y hacen menos ruido. También se han mejorado las mascarillas y ahora se están probando algunas que se colocan solo en la nariz (todavía en fase experimental), y se han mejorado las tuberías que hacen llegar el aire a la nariz”.

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