El pilar olvidado del tratamiento del cáncer
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Ingesta adecuada de nutrientes

El pilar olvidado del tratamiento del cáncer

277.000 personas serán diagnosticadas en España en 2020 de la enfermedad. La alimentación es un elemento terapéutico y debe ser parte del abordaje médico con el tratamiento

Foto: Foto: Usplash/@idelamaz.
Foto: Usplash/@idelamaz.

Los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)), presentados la semana pasada, indican que 277.000 personas serán diagnosticadas en nuestro país en 2020 de cáncer. El tabaco, el sedentarismo y la obesidad son los principales factores de riesgo que deben prevenirse.

“Los hábitos saludables, como comer sano siguiendo la dieta mediterránea, permiten una mejor evolución de la enfermedad una vez que se ha diagnosticado. Además, reducen el riesgo de recaída”, recalca el doctor Álvaro Rodríguez-Lescure, presidente de SEOM.

"La nutrición es también un elemento terapéutico importante y debe ser parte del abordaje médico, junto con el tratamiento"

En su opinión, la alimentación sana “es también un elemento terapéutico y debe ser parte del abordaje médico, junto con el tratamiento. Puede ayudar a reducir los efectos secundarios, por lo que debemos promoverla desde nuestra consulta”.

¿Y cuál es el punto de vista de los endocrinólogos? La doctora María José Martínez es jefe de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario de Jaén y profesora de la Universidad de Jaén. Como subraya, "la nutrición juega un papel clave desde que nacemos, pasando por las distintas etapas de nuestra vida, hasta la vejez".

“La forma en la que nos alimentemos va a tener un peso importante en nuestro bienestar y en nuestra salud general. No sabemos por qué se desencadenan muchas enfermedades, pero sí sabemos que existe un origen común de inflamación celular. A través de la alimentación y de un estilo de vida saludable es posible reducir esa inflamación”, indica la experta.

La prevención de la dieta

Distintos estudios han demostrado que una adecuada alimentación ayudaría a prevenir el 35% de todos los cánceres, proporción equiparable al porcentaje de tumores que se evitarían abandonando el tabaco. Además, la investigación clínica sugiere una estrecha relación entre algunos tipos de cáncer y determinados hábitos de vida, como el tabaquismo y la exposición a contaminantes ambientales, y también con el consumo de alimentos.

Alimentación basada en la dieta mediterránea

Foto: Unsplash/@creativegansters.
Foto: Unsplash/@creativegansters.

“La dieta tiene tal importancia que sería la causante de más de la tercera parte de los casos de cáncer. Se recomienda reducir el consumo de carne roja y derivados procesados, azúcares, ultraprocesados en general y alcohol. E incluir, de manera habitual en la dieta, alimentos de origen vegetal y que se maximice el aporte de alimentos naturales, nutritivos y no procesados”, recomienda la doctora Martínez.

Todos los expertos señalan que, en los pacientes con cáncer, lo ideal es seguir una dieta mediterránea variada. “Por ejemplo -como detalla la endocrinóloga-, incluyendo en nuestra dieta a todo tipo de legumbres, pescados, huevos, carnes blancas, frutos secos y lácteos enteros y derivados, así como verduras de distintos colores. Todos ellos hervidos o a la plancha, preferiblemente. Es importante añadir grasas saludables, como el aceite de oliva. Además, es especialmente importante mantener un correcto estado de hidratación, recurriendo principalmente al agua o infusiones”.

La desnutrición del paciente oncológico

Uno de los mayores riesgos es que el paciente, sobre todo en cáncer avanzado, sufra desnutrición o riesgo de malnutrición. Para estos casos, se recomienda el uso suplementos nutricionales.

¿Por qué se produce tan a menudo la desnutrición en el paciente con cáncer? Lo explica Mari Lourdes de Torres, enfermera supervisora de la unidad de nutrición y dietética del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza: "Se debe, principalmente, a una ingesta de nutrientes y energía inadecuadas respecto a los requerimientos que el paciente necesita. “Fundamentalmente, el problema nace de la propia patología y la incapacidad que conlleva su deterioro físico. Es un 'tornillo sin fin': a más incapacidad, menos ingesta y más desnutrición. Y a más desnutrición, mayor incapacidad”, describe.

Desde hace años, se han puesto en marcha estrategias contra la desnutrición relacionada con la enfermedad (DRE). Pero, como indica Torres, “el problema es que no siempre se instauran a tiempo, ni en atención primaria ni en la hospitalaria”. Para la doctora Martínez, el problema radica en que el paciente oncológico generalmente recibe un tratamiento nutricional tardío y hasta el 30% de los pacientes oncológicos con mal pronóstico no recibe una adecuada terapia de este tipo.

Por estos motivos es fundamental la valoración y el seguimiento del riesgo nutricional de los pacientes oncológicos, tanto en el momento del diagnóstico como a lo largo del tratamiento, usando una herramienta de valoración de la desnutrición.

Otra arma fundamental son los equipos multidisciplinares, que reúnen a oncólogos, endocrinólogos, enfermería, dietistas y nutricionistas, entre otros profesionales. “Lo ideal sería actuar en la prevención”, apunta Martínez.

Papel fundamental de los dietistas-nutricionistas

Uno de estos ejemplos de colaboración entre los diferentes profesionales sanitarios es el estudio Predicop, liderado por el Instituto Catalán de Oncología (ICO) y que comenzó en 2014. El objetivo es evaluar el efecto positivo de seguir una dieta saludable y hacer ejercicio físico en mujeres que han sufrido un cáncer de mama.

La previsión del estudio, que se está llevando a cabo en diferentes hospitales catalanes, es que puedan participar unas 1.000 pacientes hasta finalizar el reclutamiento, en diciembre de 2021. Núria Duran es dietista-nutricionista colegiada y coordina esta investigación en la Unidad de Mama del Hospital Universitario Valle de Hebrón y Valle de Hebrón Instituto de Oncología de Barcelona.

Como comenta, “respecto el tratamiento es importante seguir los consejos de los profesionales sanitarios que llevan al paciente, como el oncólogo y otros miembros del equipo médico. Y debe pedirse ayuda a un dietista-nutricionista colegiado si tenemos dudas respecto a la alimentación”.

Otro aspecto que recalca es evitar dietas sin evidencia científica, terapias naturales o suplementos “porque estos pueden interaccionar con los medicamentos antitumorales y provocar reacciones adversas. Aparte de hacernos gastar mucho dinero y nuestra energía en productos que no se han demostrado que tengan un beneficio para tratar el cáncer o nuestra salud”.

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