¿Tienes una gran red social? Tu microbioma es uno de los motivos
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Comportamiento y personalidad

¿Tienes una gran red social? Tu microbioma es uno de los motivos

Un nuevo estudio demuestra que existe una relación entre las bacterias del intestino y los rasgos del comportamiento. Por primera vez se demuestra que las personas más sociables poseen mayor diversidad de especies

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Foto: Usplash/@@miinyuii.

Ni es ciencia ficción, ni es una broma: tu microbiota no solo determina tu salud, sino que también imprime carácter. Un nuevo estudio demuestra la relación entre las bacterias que viven en el intestino y los rasgos de comportamiento.

La personalidad da forma a nuestro mundo. Influye en nuestra salud, nuestras amistades, cómo lidiamos con el estrés, en el éxito en nuestro trabajo o en cómo nos gusta pasar nuestro tiempo. Y todo ello depende de nuestros genes en, aproximadamente, un 50%, tal y como constata un estudio publicado en 'Translational Psychiatry'.

Los estudios muestran que un 50% de nuestra personalidad está en nuestros genes, el resto corresponde a factores ambientales

Nos queda otro 50%, lo que sugiere que los factores ambientales también contribuyen significativamente a nuestra personalidad. Además de nuestro entorno externo, el floreciente campo del microbioma revela las muchas formas en que nuestro 'entorno interno' puede afectar a la fisiología de nuestro cuerpo, incluida nuestra digestión, inmunidad, metabolismo, desarrollo e incluso nuestro comportamiento.

Intestino y sistema nervioso central

De hecho, se estima que el número de células microbianas en nuestros organismos es aproximadamente igual a nuestras propias células. Los estudios realizados en la última década proporcionan evidencia de que el microbioma intestinal interactúa con el sistema nervioso central, y tales hallazgos tienen el potencial de ayudar al desarrollo de nuevos tratamientos para afecciones como el autismo, como documenta un trabajo publicado en 'Cell' en el que investigadores de la Universidad de California de EEUU, liderados por Elaine Y Hsiao, vinculan los microbios intestinales con los trastornos del espectro autista en un modelo de ratón. Muestran que los síntomas se desencadenan por cambios composicionales y estructurales de microbios y metabolitos asociados. Sin embargo, los síntomas se alivian con un probiótico Bacteroides fragilis. Por lo tanto, los probióticos pueden proporcionar estrategias terapéuticas para los trastornos del neurodesarrollo.

Los mismo sucede con la depresión, donde una investigación, publicada en 'Biological Psychiatry', respalda la utilidad de los psicobióticos como Bifidobacterium infantis para los síntomas de la enfermedad mental.

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Foto: Unsplash/@fabrizioverrecchia.

Los estudios en animales han demostrado que el microbioma intestinal puede influir en la respuesta al estrés, la ansiedad y los comportamientos depresivos, así como el comportamiento social y la comunicación. Algunos de los hallazgos más convincentes provienen del trasplante de microbiota fecal, mediante el cual los rasgos de comportamiento pueden transferirse entre cepas de ratones cuando se intercambia su microbiota.

Ahora, Katerina V.A. Johnson, del departamento de Psicología Experimental en la Universidad de Oxford (Reino Unido), publica un estudio con 671 personas con una media de edad de 42 años (71% mujeres y un 29% hombres) de 20 países distintos de EEUU, Europa, Australia y Asia, a los que se les pidió una muestra de heces. Todos ellos rellenaron un cuestionario con 44 variables de estudio relacionadas con rasgos de comportamiento, dieta, salud y estilo de vida y también sociodemografía. Si bien la mayoría de las variables se evaluaron mediante preguntas binarias o escalas de puntos, la personalidad y el comportamiento social se evaluaron con cuestionarios ampliamente utilizados y validados de la investigación psicológica.

En declaraciones a Alimente, la autora asegura: "Encontré que muchos tipos de bacterias que se asociaron con el autismo en investigaciones anteriores también estaban relacionadas con diferencias en la sociabilidad en la población general. Esto implica que el microbioma intestinal puede contribuir no solo a los rasgos de comportamiento extremos vistos en la enfermedad mencionada, sino también a la variación en el comportamiento social en la población general. Sin embargo, la investigación futura puede beneficiarse de ahondar directamente en el efecto potencial que estas bacterias pueden tener en el comportamiento, lo que puede ayudar al desarrollo de nuevas terapias para el autismo y la depresión".

“Ha habido una creciente investigación que vincula el microbioma intestinal con el cerebro y el comportamiento, conocido como el eje microbioma-intestino-cerebro. La mayoría de los trabajos se han realizado en animales, mientras que los estudios en humanos se han centrado en el papel del microbioma en condiciones neuropsiquiátricas. Por el contrario, mi interés clave era mirar en la población general para ver cómo la variación en los tipos de bacterias que viven en el intestino puede estar relacionada con la personalidad", insiste.

Redes sociales amplias

Los resultados muestran que "las personas con redes sociales más grandes tendían a tener un microbioma más diverso, que a menudo se asocia con una mejor salud intestinal y general. Por el contrario, una menor diversidad se asoció con mayores niveles de estrés y ansiedad, y estos rasgos también se relacionaron con diferencias en la composición general de la comunidad microbiana", declara la investigadora.

Además, las personas que comían más alimentos con probióticos o prebióticos naturales tenían niveles significativamente más bajos de ansiedad, estrés y neurosis, y también eran menos propensas a sufrir una enfermedad mental, pero esta relación no se encuentra en aquellos que consumen probióticos o prebióticos en forma de suplemento.

"Este es el primer estudio que encuentra un vínculo entre la sociabilidad y la diversidad de microbiomas en humanos y confirma resultados anteriores similares en ensayos llevados a cabo en primates que han demostrado que las interacciones sociales pueden promover la diversidad de microbiomas intestinales. Este resultado sugiere que lo mismo también puede ser cierto en poblaciones humanas”, apostilla.

Otro de los resultados interesantes es que los adultos que habían sido alimentados con fórmulas infantiles cuando eran bebés tenían un microbioma menos diverso en la edad adulta.

"Esta es la primera vez que esto se investiga en adultos y los resultados sugieren que la nutrición infantil puede tener consecuencias a largo plazo para la salud intestinal", informa. La diversidad también se relacionó positivamente con los viajes internacionales, quizás debido a la exposición a nuevos microbios y diferentes dietas.

Perfil de comensal

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Foto: iStock.

Los comedores más aventureros tenían un microbioma intestinal más diverso, mientras que aquellos con una dieta libre de lácteos tenían una menor diversidad. Además, dicha diversidad fue mayor en personas con una dieta alta en fuentes naturales de probióticos (por ejemplo, queso fermentado, chucrut, kimchi) y prebióticos (por ejemplo, plátano, legumbres, granos enteros, espárragos, cebolla, puerro), pero no, como hemos mencionado anteriormente, cuando se toma en forma de suplemento.

El estudio también demuestra que, por el contrario, las personas con mayor estrés o ansiedad tenían una menor diversidad de microbiomas.

Se descubrió que los géneros Akkermansia, Lactococcus y Oscillospira son más abundantes en individuos con una puntuación de sociabilidad más alta. Sin embargo, dos géneros, Desulfovibrio y Sutterella, fueron más abundantes en individuos menos sociables.

Unos datos que están en concordancia con los estudios que encuentran que dichas “abundancias también son elevadas en personas que padecen autismo y, de hecho, se ha planteado la hipótesis de que las especies de Desulfovibrio pueden desempeñar un papel importante en la fisiopatología del trastorno”, aclara el ensayo. La variable que mide las tendencias neuróticas fue un predictor negativo significativo de la abundancia de Streptococcus y Corynebacterium.

En conclusión: “Las diferencias en la composición y diversidad del microbioma intestinal están relacionadas con los rasgos de personalidad en la población general. Los resultados de este estudio agregan una nueva dimensión a nuestra comprensión de la personalidad y están en línea con la acumulación de evidencia de que el microbioma puede influir en el sistema nervioso central en los humanos, con efectos sobre el comportamiento”, declara la investigadora.

E insiste: “Nuestra vida moderna puede proporcionar una tormenta perfecta para la disbiosis intestinal. Llevamos vidas estresantes con menos interacciones sociales y menos tiempo con la naturaleza, nuestras dietas suelen ser deficientes en fibra, habitamos en entornos con exceso de saneamiento y dependemos de tratamientos con antibióticos. Todos estos factores pueden influir en el microbioma intestinal y, por lo tanto, pueden estar afectando a nuestro comportamiento y bienestar psicológico en formas actualmente desconocidas".

Los hallazgos pueden "ser útiles para el desarrollo de terapias probióticas o prebióticas para ayudar a mejorar el estado de ánimo y tratar afecciones como el autismo, la ansiedad y la depresión. El descubrimiento de intervenciones nuevas y efectivas para las afecciones de salud mental es motivo de gran preocupación, dada la disminución de la salud psicológica de nuestra sociedad moderna".

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