'Párate y huele las rosas', un gesto que puede salvar tu vida
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'Párate y huele las rosas', un gesto que puede salvar tu vida

La pérdida del olfato y del gusto se han convertido en síntomas característicos de la infección por el coronavirus. El profesor José María Ordovás, de la Universidad de Tufts (Boston), expone las implicaciones (incluso vitales) de la anosmia

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Foto: Unsplash/@elidefaria.

'Párate y huele las rosas' es una frase que comanda calma y disfrute de los sentidos, y representa un revulsivo para esas otras plagas de la sociedad actual: la prisa, el estrés, el jet-lag social, y que llevan a la ansiedad, la depresión, la obesidad, la falta de sueño y al riesgo cardiovascular. La autoría de esta frase es una incógnita, y su popularidad reciente quizá se la debamos al ex-Beatle Ringo Star cuando en 1981 lanzo un álbum con este título. Sin embargo, el cantautor estadounidense Morris Mac Davis ya la había utilizado en su propio álbum en 1974.

Tanto la tradición popular como la investigación científica han demostrado que la interpretación de este dicho no es meramente simbólica, sino que representa una realidad biológica.

"Investigadores japoneses encontraron que oler las rosas induce cambios favorables en la expresión de más de 100 genes"

La aromaterapia ha sido usada desde tiempos inmemoriales para aliviar dolencias y más recientemente para reducir el estrés, la inflamación, la depresión e inducir el sueño. Pero fue solo en la década pasada cuando investigadores japoneses demostraron por primera vez en el laboratorio que 'oler las rosas' inducía cambios favorables en la expresión de mas de 100 genes y se asociaba con una mejora de los niveles en sangre de neutrófilos y linfocitos, células clave del sistema inmunitario. Así que, literalmente, oler las rosas (u otras fragancias placenteras) puede, a la larga, mejorar la salud e incluso salvar la vida.

Evidencia sólida

En el momento que atravesamos el pararse a oler, rosas o cualquier otra fragancia, y paradójicamente no poder olerlas, puede ayudar a salvar la vida tanto a nivel personal como comunitario. Desde el inicio de la pandemia ha ido observándose, de una manera anecdótica primero y más tarde con respaldo científico, una relación entre la pérdida del sentido del olor (anosmia) y del gusto (ageusia) y la infección por el virus del Covid-19. Las observaciones venían de China, de Corea del Sur, de Italia, de Alemania, de prácticamente todas las partes del mundo.

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José María Ordovás.

Sin embargo, la evidencia mas sólida ha sido obtenida hace unos días por científicos del King’s College de Londres, liderados por uno de mis colaboradores, Tim Spector. Estos investigadores desarrollaron, en colaboración con Zoe, una compañía de ciencia nutricional basada en inteligencia artificial, una aplicación para teléfonos con sistemas operativos Apple y Android, con el objetivo de recoger información acerca de la sintomatología relacionada con el Covid-19 en millones de personas en el Reino Unido inicialmente y más tarde en Estados Unidos.

En tan solo una semana, los resultados fueron impactantes y convincentes, ya que seis de cada diez personas que dieron positivo al test viral habían reportado pérdida del olor y del gusto, incluso en ausencia de los otros síntomas más conocidos, como la fiebre o la tos. Desde el punto de vista de la contención de la pandemia, el mensaje debería ser evidente. De una manera precautoria, aquellas personas con pérdida repentina y notable de estos sentidos deberían autoaislarse, a pesar de que tal medida no es parte de las recomendaciones a nivel de los gobiernos, para así contribuir a disminuir la dispersión del virus. El análisis de estos datos sobre pérdida de olor y sabor en el Reino Unido también sugiere que los números oficiales de infectados está probablemente muy por debajo de los números reales, algo que se venía sospechando y comentando.

Células en primera línea de combate

Sin entrar en detalles sobre los mecanismos por los cuales el virus causa anosmia, es evidente que las células portadoras de los receptores del olor, que se encuentran en la parte superior de la nariz y por lo tanto en primera línea de este 'combate', sean atacadas e inutilizadas por el virus en las primeras fases de infección antes de mostrar síntomas mas avanzados. De hecho, la pérdida del olor y el sabor como resultado de infecciones virales ha sido conocida por décadas y no es exclusiva del virus del Covid-19.

Esto nos lleva a la segunda parte de esta historia. Hasta ahora hemos descrito la pérdida del gusto y el olfato como el 'canario en la mina de carbón' para ponernos a la defensiva ante una posible infección vírica, pero, además de eso, están sus consecuencias físicas y psicológicas a largo plazo. Hay desconocimiento acerca de la permanencia o no de la anosmia tras la recuperación del Covid-19 y es posible que varíe de persona a persona. Si permanece, esta podría tener serias consecuencias y debemos entenderlas y afrontarlas.

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Foto: Unsplash/@jsnbrsc.

Normalmente no apreciamos en toda su medida el valor del sentido del olfato. Nos sirve como un sistema de alarma, y las personas anósmicas no pueden detectar peligros como fugas de gas, humo o el olor rancio de los alimentos en mal estado. Desde el lado hedónico, la capacidad de preparar y disfrutar de la comida, una importante actividad familiar y social, también se reduce, ya que el olor es una parte importante del placer de comer.

Males sin olor

Los anósmicos también pierden conexiones emocionales asociadas con el olfato al no poder disfrutar tantos placeres como la fragancia de las flores en la primavera o el aroma de un café recién preparado o de un pan sacado del horno. Muchas personas, especialmente aquellas con anosmia adquirida, como es este caso, reportan síntomas de depresión, ansiedad y aislamiento, y su riesgo de enfermedad cardiovascular se ve aumentado. Estos síntomas son mas abundantes en las personas mayores, el colectivo más afectado por el Covid-19, y lleva también a su malnutrición y subsecuente debilitamiento del sistema inmune, que los hace más vulnerables a 'rebotes' o a otras infecciones. Como resultado, la anosmia es un fuerte predictor de muerte en un periodo de cinco años en personas mayores.

Como sociedad no perdemos el olfato, pero sí la memoria. Cuando salgamos de esta pandemia, mantengamos el recuerdo de lo que ha supuesto no reaccionar óptimamente a la misma a pesar de las señales percibidas. No repitamos los mismos errores con esta secuela que puede afectar la salud física y mental de un gran número de personas, especialmente mayores. Parémonos a oler las rosas ahora para no tener que ponerlas más tarde sobre lápidas.

José María Ordovás

Director de Nutrición y Genómica de la Universidad de Tufts (Boston) y director del Programa de Nutrición y Obesidad del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados (IMDEA)

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