Los hongos son capaces de influir en tu salud digestiva, y mucho
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más allá de las bacterias

Los hongos son capaces de influir en tu salud digestiva, y mucho

Nuestro intestino no está habitado solo por bacterias. En su interior hay también un universo fúngico que interacciona con el resto de microoorganismos e influye en nuestro bienestar

Foto: Los hongos también forman parte de la microbiota. (iStock)
Los hongos también forman parte de la microbiota. (iStock)

Si te has animado a leer un artículo con un título como este, es más que probable que ya estés familiarizado con el papel que juegan en tu salud las bacterias intestinales (y la microbiota en general). Desde hace apenas cinco años, en las consultas de nutrición y de gastroenterología, así como en las páginas de salud digestiva, el ecosistema bacteriano se ha convertido en el rey de la fiesta, descubriéndose al mismo tiempo como causa y consecuencia tanto de la salud como de la enfermedad.

Bien, pues ahora le vamos a añadir un ingrediente más. Los hongos. Es fácil que, de entrada, la mera palabra te cause rechazo. Es normal: de igual modo que sucedía con las bacterias antes de que nos diéramos cuenta de que no todas eran nocivas, ahora puede que nos cueste aceptar que estamos llenos de hongos y que está bien que así sea. Además de microbiota, tenemos también nuestra propia ‘micobiota’.

En un intestino sano hay más de 60 géneros de hongos y más de 180 especies diferentes

El primero en acuñar el término fue el doctor Mahmoud Ghannoum, director del Center​ ​for​ ​Medical​ ​Mycology​ ​en la Case​ ​Western​ ​Reserve​ ​University. “Cuando comencé a investigar la microbiota estaba buscando sobre todo bacterias. Pero, allá por 2010, mi equipo y yo identificamos una comunidad de hongos nativos en la boca y, a partir de entonces, empezamos a poner el foco en el hongo. Me di cuenta de que las bacterias son solo la mitad de la historia: en nuestros cuerpos conviven tanto bacterias buenas y malas como hongos buenos y malos. Acuñé este nuevo concepto como ‘micobiota’ y me dediqué a descubrir su papel en nuestra salud y enfermedad”.

¿Buenos y malos?

A diferencia de lo que ocurre con las bacterias, que están siendo requetestudiadas, la micobiota es todavía un mundo por descubrir. Sabemos, no obstante, algunas cosas, como que en el tracto intestinal de una persona sana podemos encontrar más de 60 géneros de hongos y más de 180 especies (de entre todos estos géneros, los predominantes son Candida y Saccharomyces, que se encuentran en casi todos los individuos). Aún no tenemos claro cómo se define una micobiota sana, pero sí que hay hongos que nos benefician y otros que nos enferman, así como que algunos son auténticos ‘tapados’, bichitos oportunistas que no nos dan la lata hasta que, por algún desequilibrio, crecen en demasía, toman el control y se vuelven patógenos (ay, cuando la Candida se convierte en candidiasis…). Pero las investigaciones aún están dando los primeros pasos.

placeholder Los hongos reclaman su alimento liberando exorfinas. (iStock)
Los hongos reclaman su alimento liberando exorfinas. (iStock)

En estos primeros pasos, resulta especialmente interesante descubrir que detrás de nuestros malos hábitos alimenticios muchas veces hay una comunidad de hongos reclamando su comida favorita. "Los hongos tienen dos estrategias de supervivencia -explica David Vargas, fundador de Regenera y experto en PNI-. A corto plazo, estimulan la producción de exorfinas, es decir de sustancias relacionadas con el placer y la adicción. De ese modo, te apetece volver a comer ese alimento que hace que los hongos puedan seguir viviendo (habitualmente, azúcares, hidratos de carbono...). Si resistes esa tentación y pasan los días sin alimento, utilizan la segunda estrategia: generar sustancias tóxicas para que te sientas mal y comas de aquello que necesitan". Primero lo intentan por las buenas... y luego por las malas.

A medida que se van aclarando conceptos, se va viendo que hay correlaciones entre los hongos y las bacterias, lo que sugiere “su implicación en redes metabólicas inter-regnum, es decir, que no forman un ecosistema independiente, sino que están plenamente integrados en el microbioma intestinal”, apunta el doctor Francisco Guarner, de la Unidad de Investigación del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Vall d’Hebrón y coordinador de El Probiótico. Desde esta perspectiva, el concepto de ‘micobioma’ o ‘micobiota’ sería más “una quimera intelectual que una realidad de la naturaleza”. No existiría un ecosistema fúngico aislado del resto de microorganismos.

Bacterias y hongos se mantienen a raya mutuamente. El objetivo es conservar el equilibrio de su ecosistema

"En realidad, es una equivocación poner la lupa sobre cualquiera de los microorganismos de la microbiota teniendo únicamente en cuenta su efecto 'per se', ya que se trata de un ecosistema que debe estar en equilibrio y en el que las bacterias mantienen a raya a los hongos... y viceversa -explica David Vargas-. Ni siquiera es acertado hablar de 'buenos y malos', porque muchas veces todo depende de la cantidad que haya. Los problemas suelen aparecer cuando hay un sobrecrecimiento y surge el desequilibrio".

Todo esto lleva a que, en estos momentos, las investigaciones se centren en tratar de desentrañar las múltiples interacciones no solo entre unos y otros hongos, sino también entre las bacterias y los hongos, así como entre los hongos y el huésped. Su conocimiento servirá para poder identificar las disbiosis y buscar una forma de tratamiento. Como explica el doctor Ghannoum, “un desequilibrio entre las diferentes especies de hongos afecta a tu salud exactamente igual que un desequilibrio bacteriano. Pero hay algo más: cuando se alían las bacterias y los hongos patógenos, forman una placa a lo largo del tracto digestivo. Esta placa se convierte en un cómodo hogar para que se asienten los microbios nocivos, dificultando sobremanera el alivio de los problemas de salud intestinal”.

placeholder Foto: iStock.
Foto: iStock.

Y esta placa, en la que participan tanto hongos como bacterias, puede tener su importancia en la enfermedad de Crohn. Así lo sugiere un estudio liderado por Gautier Hoarau, de la Universidad de Lille, en el que se han comparado las diferencias entre las bacterias y hongos intestinales de personas con Crohn, las de sus familiares no enfermos y las de sujetos sanos no relacionados con la enfermedad.

En esta comparación, se ha visto que el hongo Candida tropicalis y las bacterias Eschericia coli y Serrata marcescens están presentes en mayor proporción en los enfermos de Crohn. La hipótesis de los autores es que el hongo y las dos bacterias producen conjuntamente un ‘biofilm’, una delgada capa de microorganismos en el intestino; esto provoca su inflamación y con ella los síntomas asociados a Crohn.

La composición del micobioma que habita en el intestino humano varía en función de si el paciente es obeso o no

Otro ejemplo de interacción entre hongos y bacterias es la que se produce ante la toma de determinados medicamentos. Sabemos que un tratamiento antibiótico supone una masacre para la microbiota: el fármaco arrasa sin discriminar las bacterias causantes de la infección de aquellas que son beneficiosas para nuestra salud. Y muchas de esas bacterias están ahí precisamente para mantener a raya la comunidad de hongos y que no se expanda más de lo debido.

“Una de las razones por las que no hay que acabar con las bacterias es porque muchas impiden las infecciones por hongos –explica Alex Mira, director del laboratorio de Microbioma Humano en el Área Genómica y Salud de la Fundación Fisabio–. Cuando tomamos antibióticos o antisépticos de forma continuada se rompe el equilibrio, desaparecen estas bacterias que impiden el asentamiento de los patógenos oportunistas y entran a saco estas especies dañinas”.

También en la obesidad

Pero no siempre un mayor número de hongos tiene por qué ser malo. Y lo vamos a ver en relación con la obesidad. Ya sabemos que esta enfermedad se ha estudiado desde la perspectiva de las bacterias intestinales. Pero también los hongos tienen algo que decir. Se ha visto en un trabajo, llevado a cabo por investigadores españoles y publicado en 'Scientific Reports', que ha puesto de manifiesto que la composición del micobioma que habita en el intestino humano varía en función de si el paciente es obeso o no. Este estudio ha permitido ver que, cuando una persona pierde peso, aumenta un determinado tipo de hongos (Mucor racemosus y Mucor fuscus). Esto abre la puerta a la posibilidad de encontrar una nueva vía de abordaje para la obesidad: manipular la comunidad fúngica de una persona.

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