Halitosis: un trastorno más allá de la higiene y de la alimentación
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Halitosis: un trastorno más allá de la higiene y de la alimentación

Los expertos han identificado más de ochenta posibles causas del mal aliento. Descubrir su origen es el primer paso para elegir el mejor tratamiento y combatir este problema social

Foto: No siempre es una cuestión de comida. (iStock)
No siempre es una cuestión de comida. (iStock)

Pocos tabús están tan arraigados en nuestra sociedad como el de la halitosis. Ni somos capaces de decirle a quien está a nuestro lado que tiene mal aliento, ni tampoco nosotros nos atrevemos a preguntar a los demás si la boca nos huele mal. Tendemos a pensar que es un problema provocado por una mala higiene oral -y por tanto, vergonzante-, pero este no es sino uno de los muchos mitos que envuelven a la halitosis y que dificultan su comprensión.

El mito tiene su sentido: no cabe duda de que unos malos hábitos de limpieza bucal son el primer camino para que aparezcan bacterias e infecciones que provoquen mal olor. Así, todos los escritos antiguos que hacen referencia a este problema -desde Hipócrates a los textos sagrados en las distintas religiones- centran la solución en la higiene y en el uso de plantas aromáticas. Pero hoy sabemos que la halitosis puede estar provocada por más de 80 causas diferentes que afectan a distintos órganos y sistemas: aparato respiratorio, digestivo, bucal, sistémicos… Y en esos casos, lavarnos diez veces al día los dientes, masticar chicles o usar enjuagues no nos servirán más que para enmascarar el problema durante unos minutos. Hay que ir a buscar el origen.

La halitosis puede estar provocada por alteraciones respiratorias, digestivas, metabólicas, bucales...

Ese es el objetivo del Instituto del Aliento, una entidad que se gestó en un encuentro científico de la International Society for Breath Odor Research (ISBOR), en el que diversos estudiosos se comprometieron a compartir las investigaciones en torno al aliento humano. Su director, el doctor Jonas Nunes, explica que “en la mayoría de los casos, la halitosis puede ser tratada por el dentista o por el médico de familia. Pero hay un conjunto de pacientes en los que la causa no se muestra con facilidad y necesitan un enfoque diferente, un estudio mucho más pormenorizado”.

placeholder Detrás del mal aliento puede haber una patología subyacente. (Fuente: Instituto del Aliento)
Detrás del mal aliento puede haber una patología subyacente. (Fuente: Instituto del Aliento)

El primer obstáculo para un diagnóstico certero lo encontramos en la subjetividad en torno a lo que es un ‘mal aliento’. Mirando al pasado, diremos que se describió como entidad clínica en 1874, y unas décadas después, en 1921, una publicidad de un enjuague bucal citaba por vez primera el término halitosis: se trata de una combinación de ‘halitus’ (hálito) con ‘osis’, el sufijo griego utilizado para describir una alteración patológica.

Un problema social

Una definición sencilla y precisa es la que nos habla del mal aliento como un olor desagradable en el aire que se espira -tanto por la nariz como por la boca- y que es percibido por terceros. Es, como vemos, una definición social: si no lo sienten los demás, no se considera halitosis (y este matiz es importante, pues hay personas que están convencidos de que su boca huele mal y no es así). Este mal olor procede de diferentes compuestos volátiles: “En el aliento pueden estar presentes más de tres mil gases distintos en concentraciones diferentes. Solo una minoría de ellos son los causantes del mal olor. Hoy podemos utilizar herramientas como la ‘nariz electrónica’ para estudiar uno a uno cada gas y descubrir a qué huelen y cuánto huelen. Es necesario huir de las percepciones subjetivas. De hecho, el típico gesto de echarnos el aliento en la mano no es en absoluto fiable, porque el cerebro está influido por mil factores. No hay un método válido de autopercepción”.

placeholder Este gesto, tan común, no es en absoluto fiable de cómo huele nuestro aliento. (iStock)
Este gesto, tan común, no es en absoluto fiable de cómo huele nuestro aliento. (iStock)

La idea, como decíamos, es encontrar el origen. En el Instituto del Aliento apuntan que alrededor de un 60% de los casos tienen su causa en enfermedades o trastornos de la boca: “La boca seca es causa frecuente de mal aliento. Puede deberse al uso de medicación, a la vejez o a determinadas enfermedades: en los cánceres de cabeza y cuello, por ejemplo, una secuela del tratamiento es la destrucción de las glándulas salivales”.

También hay alteraciones en el tubo digestivo que pueden estar detrás de una halitosis… o de la percepción, errónea, de que la padecemos. Pensemos en el reflujo gastroesofágico: “Si le preguntas a cien personas con reflujo si sienten que tienen mal olor de boca, la mayoría te dirá que sí. Pero es una falsa impresión, causada por esa sensación horrible de quemazón, ácido, ardor en la boca… Son personas que viven como si tuvieran mal aliento cuando probablemente no lo tengan”. Y dentro del tubo digestivo encontramos también a una vieja amiga de Alimente, la bacteria Helicobacter pylori, algunas de cuyas cepas tienen la capacidad de producir compuestos con mal olor.

Algunas cepas de Helicobacter pylori tienen la capacidad de producir compuestos con mal olor

La H. pylori nos lleva al mundo bacteriano, muy involucrado también en la fisiopatología de la halitosis. Como indica el doctor Nunes, “las bacterias presentes en todas las estructuras, desde la boca al duodeno, pueden contribuir para que en nuestro aire espirado salga mal olor”. Bacterias en las encías, saliva, amígdalas, placa bacteriana… También a nivel rinosinusal, sobre todo en personas con fenómenos obstructivos crónicos, con problemas para respirar por la nariz, en las que la mucosidad estancada puede generar la aparición de bacterias…

¿Y en el intestino? En principio, del duodeno para arriba, los gases que se producen salen por la boca; del duodeno para abajo, saldrán por el ano. Pero no siempre es así, y la microbiota también juega aquí un papel. “Nuestras bacterias intestinales pueden producir gases que se absorban a través del intestino, pasen al torrente sanguíneo, lleguen al pulmón -que es un órgano excretor- y salgan por la respiración. Por ejemplo, una persona con un estreñimiento de 10 días puede tener un aliento a heces y esos olores no han hecho el recorrido inverso por el aparato digestivo, sino que han salido por la respiración”. Una curiosidad en este sentido: si a una persona le inyectamos en vena alicina, una sustancia que da olor a ajo, en cuestión de unos minutos su aliento olerá a ajo.

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Foto: iStock.

Pero, entonces, ¿el mal aliento no se debe a la comida? En realidad, deberíamos distinguir entre halitosis fisiológica y patológica. La primera se produce cuando comemos determinados alimentos con un sabor u olor fuerte, y es un olor que desaparecerá unas horas después. En nuestra mano está tomar o no ese alioli, esa cebolla... "En esos casos no hace falta ningún médico; si nos molesta el olor, basta con no comer esos alimentos". También es fisiológico el mal aliento matutino, cuando tenemos saliva estancada en la boca después de horas de sueño.

Otra cuestión es la de la patología, cuando el mal aliento no se debe a lo que comemos, ni tampoco a cómo cuidamos nuestra higiene oral. “Mi recomendación es que la primera visita sea al médico de familia, para que valore si alguna de las patologías del paciente puede provocar halitosis y lo derive al especialista correspondiente (digestivo, otorrino…). Si todo está aparentemente bien, si no se encuentra causa que lo justifique, procede entonces un análisis en profundidad”.

Buscando la causa

En la actualidad hay pruebas que permiten identificar el origen de la halitosis en la gran mayoría de los casos. Así, se hace un estudio computerizado del aliento a través de cromatografía gaseosa, estudio de la saliva y de las glándulas salivales, pruebas microbiológicas y enzimáticas… “No existe un tratamiento único. En la mayor parte de los casos bastará con un tipo u otro de medicación, pero también hay pacientes que requieren intervenciones más complejas, incluyendo la cirugía. Pueden requerir una intervención quirúrgica en el aparato digestivo, las amígdalas, a nivel rinosinusal…”.

"La persona que tiene halitosis necesita saberlo, porque puede haber detrás un problema médico"

Pero la mayor complejidad, explica el doctor Jonas Nunes, es la derivada de las secuelas emocionales. “A veces nos encontramos con personas con la vida destruida por este problema. Pacientes que llevan años sin querer salir de casa, relacionarse con otras personas, que vienen con máscara… Tú les quitas el mal olor, pero ellos no terminan de creérselo; algunos desarrollan halitofobia, un trastorno mental que consiste en estar convencidos de que les huele mal la boca. Es un problema muy complejo”.

También es muy complejo, dentro del terreno de las relaciones sociales, el decirle a la persona que está contigo que tiene halitosis. Pero, concluye el experto, “es absolutamente necesario decirlo. Por dos motivos: porque la persona puede no darse cuenta de que tiene ese problema -y todos querríamos que alguien nos lo dijera- y porque el mal aliento puede ser un síntoma de que hay una patología subyacente. Es una cuestión de salud”.

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