La grasa parda: capaz de mantenerte caliente pero sobre todo delgado
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La grasa parda: capaz de mantenerte caliente pero sobre todo delgado

Además de cumplir estas funciones, elimina determinados aminoácidos de nuestro torrente sanguíneo. Estos, si alcanzan valores demasiado elevados, pueden provocar un aumento del riesgo de sufrir obesidad o diabetes

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

¿Alguna vez te has preguntado por qué unas personas tienen la capacidad de comer lo que quieren y siguen estando delgados mientras que otras, con el simple olor que sale de una panadería, son capaces de engordar 5 kilos? Hay muchos factores que condicionan esta respuesta, pero uno de los más importantes es la existencia de un tipo de lípidos en nuestro organismo: la grasa parda.

Esta se encarga de mantener nuestro cuerpo caliente incluso cuando la temperatura se vuelve gélida. Logra llevar a cabo su cometido gracias al consumo de grasas y azúcares, como si de una calefacción se tratara. Su nombre es debido a que tiene un característico color marrón producido por una alta concentración de vasos sanguíneos. La función de este tejido no es almacenar energía, sino producir calor. Es una de las razones por las que los bebés están tan 'regordetes' (dado que necesitan mantener su temperatura corporal a toda costa y es la grasa parda la que se ocupa de ello).

"Aquellos que tienen poca o ninguna grasa parda disponen de una habilidad muy reducida para eliminar los BCAA de su torrente sanguíneo"

Ahora, un grupo de investigadores de la Endocrine Society ha publicado un estudio en el que demuestran que la exposición prolongada a temperaturas frías hace que la gente con grasa parda consuma un 15% más de energía que aquellos que apenas tienen estos tipos de células lipídicas en su organismo. "Los datos que tenemos mejoran nuestra comprensión de cómo funciona la grasa parda en humanos", explica el doctor Florian W. Kiefer, de la Universidad Médica de Viena, en Austria. Y continúa: "Hemos descubierto que los individuos que tienen grasa parda 'activa' queman 20 kilocalorías más que aquellos que menos tienen".

Foto: Rutgers University.
Foto: Rutgers University.

Este descubrimiento constata la evidencia científica de que este tipo de células juegan un papel importantísimo en nuestra bioquímica y sobre todo en nuestro metabolismo. Pero este órgano, del cual tenemos repartido por nuestro cuerpo algunos gramos (no es la grasa mayoritaria ni muchísimo menos), cumple otras funciones. Una de ellas ha sido descubierta y descrita por los investigadores Labros S. Sidossis, de la Universidad de Rutgers, y otros científicos estadounidenses. Como explican los investigadores, la producción de calor (termogénesis) no es la única función de la grasa parda. Resulta que esta también interviene activamente en el filtrado de ciertos aminoácidos (los componentes principales de las proteínas) que ingerimos con los alimentos y circulan por nuestro torrente sanguíneo.

Estas moléculas son, específicamente, la leucina, la isoleucina y la valina, también denominadas BCAA. No son, en absoluto, negativas para nuestro organismo, siempre y cuando su concentración se encuentre entre los límites de la 'normalidad'. Las ingerimos a diario, dado que se encuentran en alimentos de lo más comunes: huevo, carne de ternera, pescado, pollo, leche... Además, son tres de los componentes principales de diversos complementos alimentarios diseñados para deportistas.

Foto: Adipocitos 'pardos'. (iStock)

El problema es que no todo el mundo cuenta con la misma cantidad de grasa parda en su organismo. Como explican los investigadores, "aquellos que tienen poca o ninguna grasa parda disponen de una habilidad muy reducida para eliminar los BCAA de su torrente sanguíneo, lo que puede conducir al desarrollo de obesidad y diabetes. Y no solo eso. Por si este descubrimiento fuera poco, los investigadores también han resuelto un misterio que llevaba investigándose más de 20 años: cómo los BCAA entran dentro de las mitocondrias de nuestras células (las 'centrales energéticas'). Descubrieron una nueva proteína (llamada SLC25A44) que controla la velocidad a la que se utilizan los BCAA, que son, a su vez, usados por la mitocondria para producir calor y energía.

Este descubrimiento ha abierto una nueva vía de investigación médica, diseñada para determinar si el consumo de BCAA puede ser controlado por factores ambientales como la exposición a temperaturas menores a 18ºC, el consumo de comidas picantes o por medicamentos. En el caso de que estas investigaciones proporcionasen resultados positivos, se podría mejorar los niveles de azúcar en sangre que están relacionados con la diabetes y la obesidad.

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